Vision Festival, un encuentro con la vanguardia del jazz

Conforman este festejo un grupo diverso de músicos, cantantes, bailarines, artistas plásticos, escritores y público en general.
“No somos parte del negocio cultural”, considera Peter Brötzman.
“No somos parte del negocio cultural”, considera Peter Brötzman. (Xavier Quirate)

Nueva York

Si una sensación despierta el Vision Festival, reunión anual de la vanguardia del jazz, es su sentido de comunidad. Músicos y cantantes, escritores y bailarines, artistas plásticos y fotógrafos, productores de discos y periodistas, organizadores y público, conforman una gran familia que, con sus altas y bajas, vuelve a la carga cada año para mostrar la música como una experiencia viva.

Presenciar en el escenario la contundencia del trío integrado por Peter Brötzman en los saxofones —quien alguna vez dijo: “No somos realmente parte del negocio cultural, estamos siempre a un lado”—, William Parker en el contrabajo y Hamid Drake en la batería, los homenajes por su trayectoria al músico Charles Gayle y al pintor Jeff Schlanger, o el primer encuentro entre las guitarristas Mary Halvorson y Susan Alcorn, la propuesta de música multicultural de Ned Rothenberg o el retorno al futuro de las raíces africanas por cuenta de Wimberly Harlem Ensamble, dirigido por Michael Wimberly, es parte de un todo.

La bailarina Patricia Parker, organizadora del encuentro con la ayuda de su marido William Parker y un puñado de colaboradores, lo dijo al entregar el reconocimiento a Schlanger, quien en las 19 ediciones ha hecho dos kilómetros de pinturas desde 1996: “Este festival es nuestra visión: todo lo que hacemos es por ustedes y con ustedes”, dijo dirigiéndose al público del centro cultural Roulette en Brooklyn la noche del jueves.

Y ha sido, también, la visión de músicos como Gayle, por nombrar un gran ejemplo. De joven se empecinó tanto en su estilo de tocar free jazz que se vio obligado a ganarse la vida tocando en la calle. “Para poder vivir tuve algunos trabajillos y durante mucho tiempo no tuve hogar, pero de alguna forma las cosas no funcionaban —nos dijo en una charla hace cuatro años—. Quería seguir tocando y no tenía dinero, y me fui a tocar a la calle.  Me decía ‘tengo que seguir tocando’ porque creía en eso. Y lo hacía en el frío, durmiendo en las calles y en edificios abandonados donde no había calefacción. Fue durante muchos años, tal vez 15. No quería tomar la decisión de dejar de tocar, no iba a parar: iba a seguir tocando y tratando de vivir. Era eso o morir. En ocasiones lloraba, pero nunca pensé en dejar la música y ciertamente quería tocar la música que estaba en mi corazón”.

Jeff Schalnger, quien se definió como “el hombre más callado en el auditorio durante 19 años”, recordó que el primer sonido que se escuchó en la edición de 1996 fue una campana tibetana. El pintor, a quien se le ve traduciendo la música a la pintura, agradeció el reconocimiento y alentó a la comunidad a seguir en “la exploración creativa, con todos trabajando juntos”.

El pintor recordó al escritor y activista social Amiri Baraka, así como a su amigo el trompetista Roy Campbell, a quienes el festival homenajea con motivo de su desaparición física. Baraka, indicó, “conocía todo el trasfondo de toda esta creatividad con la que estamos trabajando, todos los sacrificios de las generaciones anteriores a nosotros y los obstáculos económicos y sociales que tuvieron que vencer para que fuera posible lo que celebramos esta noche”.

Con alegría, Schlanger habló sobre algunos de los músicos con los que ha convivido, además de señalar entre el público a gente con la que ha entablado una amistad. El Vision Festival, concluyó, “es música fresca, poesía fresca y danza fresca. Si contribuyen a la realización de este festival, cada uno de ustedes tendrá su propia visión”.