Violencia, detonante de fibromialgia (Segunda de dos partes)

Ser víctima de agresiones físicas, sexuales o psicológicas es un factor de riesgo para que las mujeres presenten esta enfermedad, caracterizada por severos dolores musculares y fatiga crónica.
Violencia, detonante de fibromialgia (Segunda de dos partes)
Violencia, detonante de fibromialgia (Segunda de dos partes) (Jesús Martínez)

La violencia doméstica, intrafamiliar, sexual o de cualquier tipo de la que son víctimas las mujeres tiene consecuencias no solo inmediatas en su salud física (como fracturas o estrés postraumático), sino que deriva en complicaciones como la fibromialgia, enfermedad caracterizada por dolor y fatiga crónica.

Ante la resistencia de autoridades sanitarias y de la sociedad por reconocer la importancia de la salud mental, uno de los efectos menos explorados de la violencia de género son las consecuencias en la salud emocional y conductual.  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que estas agresiones pueden tener consecuencias mortales o desencadenar enfermedades que tienen un alto costo para las naciones y las familias. La fibromialgia está dentro de estos padecimientos.

En entrevista, María Isabel Barrera Villalpando, doctora en psicología de la salud, sostiene que lo identificado por la OMS es palpable en México, donde 46 de cada 100 mujeres viven violencia de pareja y cada día se registran siete casos de feminicidio.

La también investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) explica que uno de los factores de riesgo para que las mujeres desarrollen fibromialgia es haber padecido violencia en algún momento de sus vidas.

Aclara que si bien todavía se desconoce el origen de la enfermedad, la investigación médica ha identificado que muchas de las pacientes comparten similitudes en sus historias de vida.

“Nos damos cuenta que mucha de la sintomatología apareció a temprana edad”, a veces ellas reportan que “ya eran niñas muy cansadas, que no jugaban tanto y la propia familia lo identificaba, pero la explicación que se daba es que se tenían los dolores del crecimiento o la adolescencia”, abunda Barrera Villalpando.

Los síntomas más comunes de la fibromialgia son dolor crónico generalizado (en diversas partes del cuerpo), sensibilidad exagerada a la presión en determinadas partes del cuerpo y cansancio crónico.

Muchas veces —añade la especialista— los síntomas aparecen poco a poco, con algo de dolor en el cuerpo, y los dolores de cabeza también se identifican como un antecedente temprano. Muchas mujeres tienen migrañas y “es frecuente que reporten que muchos síntomas ya tenían tiempo presentándose, y que recibían medicamento que las aliviaba temporalmente”.

HISTORIAS DE ABUSO

Al ser una enfermedad compleja y poco conocida, incluso por la comunidad médica, la fibromialgia debe entenderse desde un modelo multifactorial, ya que para su origen influyen factores biológicos, psicológicos y sociales.

Se ha identificado una predisposición genética a desarrollar el padecimiento, que se cruza con historias de abuso o de violencia a temprana edad.

Es muy común “encontrar en las pacientes historias de mucho abuso, abuso sexual, físico, emocional o psicológico, o alguna forma de abandono o negligencia emocional”; son personas que fueron víctimas de violencia en algún momento o que pasaron por situaciones sumamente conflictivas.

María Isabel Barrera detalla que muchas de ellas provienen de familias donde la madre o el padre tuvieron problemas de alcoholismo, o alguna de las figuras estuvo ausente. Se trata de “niñas que tuvieron que ayudar a sus madres a cuidar a los hermanos, y aprendieron que su rol era ser cuidadoras de otros”.

Aparte de las carencias afectivas, también hay cuestiones sociales importantes, como el hecho de venir de hogares con mucha pobreza o adicciones, “lo que explica que vivieron con un estrés sostenido por mucho tiempo”, denominado médicamente como “estrés agudo”.

“Desgraciadamente esas historias de violencia —si no se atienden de manera adecuada— son repetidas a lo largo de la vida, por ejemplo, con la pareja o el novio”.

A decir de Barrera Villalpando, estos son factores de riesgo que se acumulan en las mujeres y en algún momento de la vida aparece “un factor disparador”, como un divorcio, la muerte de un ser querido o enfermedades de otra persona.

“Cuando se junta todo ello y se manifiesta la enfermedad, no hay vuelta atrás, no hay cura absoluta; únicamente con ayuda de un profesional se puede aprender a vivir con la fibromialgia”.

DISCRIMINACIÓN

Para la especialista es urgente que las características del padecimiento sean conocidas por la sociedad y el personal médico, ya que actualmente las pacientes enfrentan un contexto de discriminación o de incredulidad hacia lo que afrontan.

“Se les llegan a decir cosas muy tristes y agresivas, como que están inventando la enfermedad, que manipulan o que les pasa eso porque no tienen pareja o hijas e hijos y se les califica como personas histéricas, hipocondríacas o que quieren llamar la atención, y no hay nada más erróneo pues la enfermedad existe”, recalca.

Al recordar que de 20 a 80 por ciento de las personas con fibromialgia también presentan depresión, ansiedad u otro padecimiento psiquiátrico, la especialista apunta que un buen tratamiento debe plantearse desde una visión multidisciplinaria.

Precisa que el tratamiento que ha demostrado efectividad es la terapia “cognitivo-conductual”, que se basa en un conjunto de estrategias para que las personas aprendan a relajarse, manejar el estrés, a poner límites a otras y otros, y principalmente “que aprendan que el autocuidado y el placer son algo importante”.

El Instituto Nacional de Psiquiatría programa grupos de trabajo trimestrales en los que además de dar sesiones con ese tipo de terapia, se brinda información al público en general, a fin de que más personas conozcan la enfermedad.

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