Villanos de poca monta

La industria hollywoodense busca capitalizar con superproducciones que aspiran a denunciar los principales excesos financieros de ese villano favorito que es Wall Street.
Martin Scorsese.
Martin Scorsese. (EFE)

México

Desde que el colapso financiero mundial de hace algunos años trastocara el estilo de vida en Occidente, por razones evidentes la crisis y las prácticas que llevaron a ella ocupan un papel noticioso importante, y también cada vez más son temas recurrentes en distintas disciplinas artísticas. Han aparecido numerosos documentales, algunas novelas, y la propia industria hollywoodense busca capitalizar el tema con superproducciones que aspiran a denunciar los principales excesos financieros de ese villano favorito que es Wall Street. Los casos de Wall Street 2, de Oliver Stone; El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, y Blue Jasmine, de Woody Allen, quizá sean algunos de los más sonados y visibles.

Sin embargo, me parece que existe un equívoco fundamental detrás de la mayoría de estas visiones, y es que se centran en la historia de los monstruos financieros, su avaricia, su ambición, sus excesos con las drogas y su visión de las mujeres como objetos coleccionables. En todos los casos nos encontramos con villanos bastante burdos, execrables casi desde la primera escena de la película, que fácilmente generan encono y aversión en el espectador. La conclusión sería entonces que son estos grandes barones de Wall Street quienes manipulan al sistema para enriquecerse y en el proceso producir crisis catastróficas que empobrecen al hombre de la calle.

Si bien desde luego que hay bastante razón en lo anterior, me parece que el problema principal, ausente en general tanto de estas películas como de la mayoría de los análisis sobre el tema, no son estos monstruos como Bernie Madoff, sino el propio sistema, sus mecanismos, sus motivaciones y el ejército de miles de ejecutivos financieros, entrenados en su mayoría en universidades de gran prestigio con el único fin de saber cómo torcer los límites de lo legal para enriquecerse lo más posible. Es muy posible que a menudo sean padres de familia responsables, decentes, que respetan la ley y donan dinero a organizaciones de beneficencia, mientras educan a sus hijos para reproducir exactamente las mismas ideas que los encumbraron a ellos en primer lugar. Aunque sus vidas no serían dignas de ninguna película de gran presupuesto, este enjambre de villanos de poca monta son quienes sostienen y perpetúan un sistema financiero que en efecto está diseñado para enriquecer a una pequeña cúpula, manipulando y muy a menudo perdiendo el dinero de ese otro ejército: el de los hombres comunes con los suficientes ahorros como para soñar que invirtiendo en el mercado de valores encontrarán por fin una vida mejor.