Vila-Matas

Leer algún libro de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es asomarse al universo de la literatura en su conjunto.
Enrique Vila-Matas, "Marienbad eléctrico", Almadía, México, 2015, 152 pp.
Enrique Vila-Matas, "Marienbad eléctrico", Almadía, México, 2015, 152 pp. (Especial)

Leer algún libro de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es asomarse al universo de la literatura en su conjunto. Su conocimiento de ésta, donde como todo estudioso panorámico tiene sus estaciones preferidas, aunado a los intereses particulares, da como resultado una narrativa de vasta originalidad. Obra de perfil inconfundible, como no muchas en la narrativa hispanoamericana actual, la de Vila-Matas es con ello una licencia propia que al leerse se convierte en colectiva. Un proceso par que nos recuerda, parafraseo tras el disfrute de su más reciente título, Marienbad eléctrico: de "eso sigue tratándose. De permitírnoslo todo".

A quien pregunte qué libro de Vila-Matas leer es sencillo contestarle. El que tenga a la mano. De Historia abreviada de la literatura portátil a éste muy bien editado por Almadía y la UNAM; de Lejos de Veracruz a Kassel no invita a la lógica. Todos, calculo medio centenar, al alcance en español y otras lenguas, aún más en estos días que el autor recibirá el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. En cada uno de ellos se podrá comprobar la vitalidad de una obra que no disminuye en el tiempo. Por el contrario. Se perfecciona y mantiene fiel a sus postulados iniciales, tales como la incorporación de otros autores y obras; también de diversas manifestaciones artísticas; y hasta de la presencia inequívoca de él.

Quien lea Marienbad eléctrico no tardará mucho en descubrir en el cuerpo de la narrativa al propio novelista. Una exposición deliberada que sustituye otras técnicas de narración más frecuentadas y que trae como resultado la denominada exposición. Exposición como en el arte visual, tema que despliega y con el que juega nuevamente Vila-Matas. El desafío ahora es confundir obras con escenarios, amalgamar expresiones artísticas: exponerse. De ahí la confesión del narrador: "Al final me he quedado pensando en la necesidad de una escritura que sepa exponerse, en el sentido más literal de la palabra, tal como proponía Michel Leiris en Edad de hombre: "Exponerme cada vez que escribo, el deseo de exponerme en todas las acepciones del término...".

¿No es ésta, el llamado riesgo del dejarse mirar, la mayor particularidad de los escritores de nuestros días?, pregunta el narrador de Marienbad eléctrico. A la que pareciera contestar con una nueva interrogante: "¿acaso escribir no consistirá en dar vueltas hasta el infinito a aquello de lo que realmente queremos hablar?". Preguntas y respuestas que se repiten en cada una de las obras de Vila-Matas. Siempre frente a su espejo. En continua reafirmación. Sin prejuicios ni temores. Como la artista plástica protagonista de esta nueva novela vila-matiana, Dominique Gonzalez-Foerster, quien prefiere "moverse en zona de riesgo y duda". Gozosa de "situarse en la ambigüedad y no tener que implorar que le reconozcan que hace arte". Desplazándose "por zonas nebulosas".