Juan Carlos Manjarrez y Víctor Hugo Pérez dialogan en exclusiva

Perfiles que contrastan con sólo verlos, trazos disímbolos que están en el camino de ganar un lugar en el contexto de la pintura internacional comparten a MILENIO JALISCO una de sus charlas.
Víctor Hugo Pérez y Juan Carlos Manjarrez
Víctor Hugo Pérez y Juan Carlos Manjarrez (Cortesía)

Guadalajara

En lo que fue un momento poco repetible Juan Carlos Manjarrez y Víctor Hugo Pérez dialogan. El primero, de trazo hiperrealista, acaba de firmar con el grupo Farías, un contrato que garantiza la venta de cada una de sus piezas en 20 y 35 mil dólares, además de una larga residencia en Nueva York. Se trata de un grupo de inversionistas dueños de múltiples negocios alrededor del mundo: tequilera, navieras, puros.El segundo, provocador e irreverente a través de la pintura, la cerámica y la escultura, prepara obra para un tour que comenzará con una exposición en el Museo de las Artes de la Universidad de Guadalajara durante el segundo semestre de este año y que integrará otras ciudades en Estados Unidos y Europa con la idea de que al final del recorrido en noviembre de 2015, pueda presentar un libro-catálogo con la obra perteneciente a esta aventura itinerante.

En exclusiva para los lectores de MILENIO JALISCO, los pintores intercambian algunas confidencias y más que rivales de una misma disciplina se develan como dos entrañables camaradas.

Juan Carlos Manjarrez opina

La crítica. Al medio le cuesta ser honesto. El mundo del arte es complejo, olvídate del ámbito empresarial. Los medios en Guadalajara deberían de decir: esto es una payasada, pero no lo hacen, informan que traes una nueva propuesta, son sutiles. En Estados Unidos la prensa te despedaza, a mí me costó trabajo digerirlo cuando un columnista escribió que mi pintura era superficial y con el tiempo entendí que la crítica hay que tomarla de quien viene.

Ego. Aunque somos los creadores, pintamos para los demás de alguna u otra manera. Y coincido en que tenemos un ego muy grande pero no es tan grande como para pensar que pintamos para nosotros. Y todos somos competencia aunque pintamos cosas diferentes, todos vamos por la pared del comprador.

Estilo. Retrato la belleza del sufrimiento, de la tristeza, no la belleza publicitaria. No decoro paredes. Si compras un cuadro mío y tus visitas pasan inadvertidas frente a él y no comentan el cuadro, regreso el dinero a mi cliente. Esa es mi garantía.

La trascendencia. El mito te hace trascender, te da un lugar en el arte. El mito trasciende al arte, el arte se desvanecería sin el mito, nadie lo tomaría en cuenta. Yo he recibido críticas de que mi obra no es arte, es una onda comercial, yo nada más los oigo, y lo cierto es que he consolidado una carrera de más de 1,300 cuadros vendidos.

 

Victor Hugo Pérez expresa

 

La crítica. Aún así, nadie nos puede criticar por lo que ven, sino por todo lo que hemos hecho. Me fui a Alemania en una exposición colectiva con Daniel Buren, Jannis Kounellis, Lezama y la nota daba los pormenores, sin más detalles. Aquí en Guadalajara nadie sacó nada. El momento era mío pero no el del público, llegué de Berlín, se avisó donde estaba exponiendo. Más bien yo quisiera que me explicaran por qué pasó eso.

Ego. ¿Pero qué mayor ego que pintar para una pared? Yo impongo mi sentimiento de la estética y del mundo y estoy enjaretando lo que digo que es arte. Si hablamos de paredes, pensemos en la de alguien que sepa de arte que es la mayor satisfacción que existe para mí. Hay dos satisfacciones, la pared de Slim es dinero y la pared de alguien que sabe de arte.

Estilo. Yo siempre observaba los libros de la historia del arte y veía mi trabajo, lo veía con los elementos que yo puedo describir debe tener una obra de arte. Tuvieron que pasar muchos años, salí del país viví en Inglaterra y decidí regresar, aún no era mi momento.

La trascendencia. Es preciso no desmitificar el arte. El cuadro se convierte en un fetiche, la gente necesita de esos mitos, de esos fetiches. Pensemos que un cuadro es algo material, un pedazo de tela con una plasta de pintura quizá. Pero la gente no lo compra por eso, compra el mito de lo que hace posible esa expresión.