Estructura galopante /I

Un gran ejemplo es 'Víctimas del pecado', de Emilio Fernández.
La recién fallecida Ninón Sevilla.
La recién fallecida Ninón Sevilla. (Especial)

¿Qué es una estructura galopante? Es la forma en que los acontecimientos están armados, con la particularidad de que cada uno se desarrolla con fluidez para llegar más rápido al desenlace de la escena. En este tipo de estructura está latente la máxima de llegar tarde y salir temprano de escena.

Un gran ejemplo es Víctimas del pecado, de Emilio Fernández. Cuando se estrenó no fue un éxito de taquilla —duró apenas dos semanas en el Orfeón— ni tampoco de crítica; pero no me voy a detener en eso, ya que vale mencionar que su añejamiento la ha vuelto como los vinos de marca: exquisita.

Aquí, la fuerza de Ninón Sevilla no radica solo en su talento como bailarina, sino también como actriz, y es gracias a la sinergia de un equipo —la grandilocuente expresividad de Rodolfo Acosta, la frialdad de Tito Junco, la fotografía expresionista de Gabriel
Figueroa y el espléndido guión de Emilio Fernández y Mauricio Magdaleno— el conjunto logra una película pavorosamente actual: con solo ver las portadas de la prensa, basta.

Llama la atención que su vertiginosidad arranca desde la primera secuencia: en una peluquería de medio pelo, sin diálogo, con acciones y actitud de soberbia desmedida, se presenta a Rodolfo, un villano que ¡sujétate!

Violeta es la heroína: una mujer que lo sacrifica todo, hasta su libertad, por defender a un niño que no es de ella. Nos enamoramos del personaje, pues además se nos presenta con un mambo pegajoso que interpreta Pérez Prado en escena,
lo que pone contento a cualquiera.

El conflicto inicia cuando Rosa entra al cabaret con el niño en brazos y se acerca a Rodolfo para mostrárselo; es una escena intensa, muy bien filmada, pues Rodolfo, aterrado, los evade como si el bebé fuera un monstruo.

La situación se pone en réspice cuando la policía intenta sacar a Rosa del lugar y ella, con el niño en brazos, se arrodilla ante Rodolfo suplicándole que diga a don Gonzalo, el dueño del cabaret, que la deje trabajar ahí; pero Rodolfo, inconmovible, sale del lugar.

La maldad de Rodolfo puede ser comparada a la de Satanás: su estructura de personaje es plana, de acuerdo, pero en ese momento hay un remanso que nos permite admirarlo más, pues cuando sale del cabaret da lecciones a una prostituta francesa de cómo debe moverse, ¡y la amonesta en francés!

La secuencia que sigue no tiene parangón: la locación es la Plaza de la República, en el Monumento a la Revolución que, con todo lo que implica, se convierte en el testigo de una ruindad asquerosa que veremos la próxima semana.

Víctimas del pecado (México, 1950), dirigida por Emilio Fernández, con Ninón Sevilla y Rodolfo Acosta.