Un menú de antojos sexuales

La sexóloga y periodista Verónica Maza reúne 15 años de investigación en el libro 'El motel de los antojos prohibidos. 21 prácticas sexuales fuera del clóset'.

México

Verónica Maza escribe sobre sexualidad "por azar, por obligación y por placer". La colaboradora de Milenio y autora de El sexódromo comenzó su carrera como reportera de la fuente musical. Pero un día cubrió un evento relacionado con la salud sexual y se dio cuenta que era un territorio poco explorado. "La obligación fue porque hace 15 años no había mucha información al respecto en los medios. Y el placer porque es y siempre será un tema apasionante", explica Maza en entrevista.

Un máster en sexología y tres lustros de investigación sobre el tema se reflejan ahora en el libro El motel de los antojos prohibidos. 21 prácticas sexuales fuera del clóset (Grijalbo, 2015). El ejemplar ilustrado por Antonio Helguera aborda con humor la historia de la sexualidad y ahonda en 21 prácticas eróticas o parafilias que pretenden estimular la imaginación del lector.

¿Es este un libro para entrar en calor?

¡Sí, claro! Quizá no todo, pero si sabes como entrar en él, vas a entrar en calor. La primera parte es histórica y más formal, porque creí necesario explicar el contexto que ha hecho que muchas veces nos limitemos. Una vez entendido esto, creo que se puede leer con otros ojos la parte de las prácticas.

¿Hay más posibilidades de ponerse creativo sexualmente en el siglo XXI?

Definitivamente. Creo que estamos en un punto en el que nuestra responsabilidad es entender nuestros antojos y establecer los límites. Porque las opciones son tantas, y sobre todo, la censura previa fue tanta, que corremos el riesgo de irnos al otro lado y desbarrancarnos. Ahora hay muchas posibilidades y podemos tener una sexualidad plena, divertida, informada y consciente.

Dra. Verótika: ¿Cuál es su diagnóstico de la creatividad sexual de los mexicanos?

Uy... pues que está muy mal. Es que en México la religión ha castigado mucho al erotismo. Muchas veces el mexicano tiene una idea del sexo que es como dice David Barrios: “A lo que te truje Chencha”. También es cierto que en 15 años que he investigado estos temas sí he notado un avance en muchos sentidos. Aunque sigue imperando la idea del coito y de la falocracia, cada vez las nuevas generaciones están más de acuerdo en que no sólo los genitales son los que sienten. Que hay muchas cosas que podemos usar y que podemos darnos el tiempo de hacerlo.

¿Cuál es la mejor escuela para aprender a disfrutar la sexualidad?

Yo creo que la libertad. Para sentirte libre necesitas una buena autoestima, conocimiento de la vida, y hambre de ser tu mismo y de vivir. Esas cosas son vitales para ejercer un erotismo sano y rico. Y que no tengas pena ni miedo, que tengas curiosidad y que sepas compartir con tu pareja.

¿Qué le dirías a quienes no pasan del misionero?

Que el mundo es más ancho que sus caderas, diría Joaquín Sabina. Y que prueben, yo siempre digo que la prueba es la clave. Cuando me preguntan cómo saber si los antojos son buenos o naturales, lo más facil es preguntarse si son sanos, seguros y consensuados. Si cumplen con estas tres condiciones les diría que prueben y que si no les gusta, regresen al misionero. Pero a lo mejor descubren que es lo que habían estado buscando.

¿Qué entrada recomendarías en este “menú de antojos”?

La barosmia, que es la excitación por los olores. En el acto erótico a veces nos olvidamos de la nariz. Está ahí pero no somos conscientes. Recomendaría que hicieran juegos con los olores corporales o de otras cosas. A veces basta con un giro pequeño a la experiencia cotidiana: algo tan sencillo como ponerse un aceite que huela rico en todo el cuerpo y hacer el misionero, si quieren. Eso los va a sacar de una dinámica y los va a meter en el fuego del erotismo.

Para quienes practican el dogging: ¿cuál es el mejor lugar público del DF para tener encuentros sexuales?

Ubiqué algunos preguntando: el último piso del estacionamiento del aeropuerto y el parque de la Ciudadela, para los que van a pie. También las islas de Ciudad Universitaria, pero eso siempre ¿no? Supongo que todos tenemos un recuerdo de eso (risas). La diferencia es que no había estos códigos que ahora hay, que me parecen maravillosos. Porque el dogging tiene reglas, señales y lugares. En mis tiempos tapabas con periódicos los cristales de los coches; pero ahora hay ritos más sofisticados.

Si sufrieras el Síndrome de Stendhal, ¿qué obra de arte podría excitarte y en qué ciudad?

De hecho ese es una de mis parafilias, porque soy muy visual. La obra que siempre menciono es El sueño de la esposa del pescador, de Katsushika Hokusai. Cuando la conocí me quedé como 20 minutos viéndola e imaginándome cosas. Cuando fui a Amsterdam, fue todo un viaje ver en vivo las pinturas de Van Gogh.

¿Hasta el punto de excitarte?

Es que para mi la excitación es una emoción tan fuerte que te llega a estimular hasta la zona genital. Yo veo el mundo de una manera sexual, porque muchas cosas me emocionan y esa emoción se vuelve una excitación. Es cuando el cuerpo siente cosas bonitas, y eso me pasa también con el arte. La excitación para mi es una forma de vida, y eso hace que en el momento en que quieras tener un encuentro erótico, lo tengas y sea disfrutable.

En las 21 prácticas también incluyes el microgenitalismo: ¿Cuáles son los argumentos de las amantes de los penes pequeños?

Dicen que es más fácil hacer el fellatio porque están pequeños y no te ahogas. Que son más fáciles de manipular. Que los hombres con el pene pequeño buscan más maneras de satisfacer a la pareja que con la penetración: usan más las manos, la lengua, el cuerpo. En Estados Unidos, incluso, hay concursos para premiar al hombre con el pene más pequeño. Incluir esa filia fue parte de la desmitificación que pretendo hacer con este libro, pues a lo largo de 13 años que llevo escribiendo la columna, la pregunta más frecuente es sobre el tamaño. Cada semana un hombre me escribe a preguntar cuál es el estándar, que si lo tiene pequeño, que está traumado. Así que ese capítulo es para que se relajen y se den cuenta que hay chavas que no lo quieren enorme.

¿Y para las chicas?

Hay otro capítulo para decirles a las chavas que no se vuelvan esqueletos tratando de gustarle a los hombres, porque hay de todo en esta viña del señor. Hay hombres que les gustan desde gordibuenas a realmente con mucho sobrepeso. A veces nos matamos, literalmente, por cumplir con los estereotipos sociales. Pero si se ejerce bien la libertad y el gozo, seguro encontraremos a alguien que nos quiera como somos.