Ven a argentinos como una sociedad intolerante

Pablo Yankelevich, investigador del Colegio de México, habla sobre la publicación que coordinó: "Historia mínima de Argentina".
“En los últimos años ha desaparecido el ejército como poder político, pero la intolerancia está ahí”.
“En los últimos años ha desaparecido el ejército como poder político, pero la intolerancia está ahí”. (Osvaldo Ramírez)

México

Con la idea de crear historias mínimas sobre procesos sociales de México y América Latina y acercar al público no especializado a éstos, el Colegio de México decidió impulsar una colección de libros homónima en la que lo mismo se habla de la esclavitud, la iglesia, el laicismo y la deuda pública en la región.

El coordinador de dicho proyecto es el profesor e investigador Pablo Yankelevich. La colección hasta el momento ha publicado libros como: Historia mínima de la vida cotidiana en México, Historia mínima de Centroamérica, Historia mínima de la esclavitud e Historia mínima de Argentina, entre otros.

Sobre éste último título, recientemente editado, Yankelevich concede una entrevista a MILENIO, en la que lo mismo se habla de los primeros poblamientos del hombre en territorio argentino hasta la Conquista, la Independencia y el conflictivo siglo XX del país sudamericano. La publicación está compuesta por ensayos hechos por los especialistas Jorge Gelman, Raúl Mandrini, Pilar González Bernaldo de Quirós, Marcelo Cavarozzi, Loris Zanatta, Marcos Novaro y Carlos Altamirano.

¿Qué hace diferente a la historia argentina de la de otros países de América Latina?

La historia argentina es relativamente reciente, en el sentido del enorme peso que tiene en la vida política de ese país el pasado. Un pasado que no va mucho más allá de mediados del siglo XIX y que está asociado a la manera en que esa sociedad se constituyó: el aporte de la migración. El peso de las fuerzas armadas argentinas, del ejército, de la Iglesia católica y de sectores tradicionales, vinculados al campo, es fundamental para procesar la historia de manera distinta a otras experiencias latinoamericanas. El brutal autoritarismo de esa sociedad, la implantación profunda del fascismo y lo intolerante de su sociedad dificultan el disenso. El estar en desacuerdo es motivo de fractura, no sólo de fracturas políticas en las que ha habido golpes de Estado, sino en las relaciones personales.

¿Cómo fijan en la obra el punto de arranque del desarrollo político, económico, social y cultural de Argentina?

En los últimos 20 o 30 años la historiografía argentina ha avanzado sustancialmente. Uno de los campos que más se ha desarrollado es el prehistórico. Hay una idea que la historia de Argentina se construyó a partir de gente bajando de barcos, y llegando a un país vacío en el que no había nadie. Eso no es verdad: en Argentina sí había gente, con una enorme diversidad cultural. El libro recupera una historia argentina que comienza mucho antes de la llegada de los españoles a su territorio. Argentina fue un lugar marginal en el imperio español. Buenos Aires era una aldea colocada en los márgenes del imperio durante mucho tiempo, fue una especie de factoría de contrabandistas.

¿Cómo se puede explicar el poder que tuvo hasta hace relativamente poco tiempo el ejército argentino?

Parte de la organización moderna de Argentina desde mediados del siglo XIX se basó en el ejército. No había capacidad de ocupar territorialmente y de definir las fronteras de ese país sin la posibilidad de tener fuerzas armadas capaces de oponerse a poderes regionales. El ejército, en el caso argentino, se convierte desde muy temprano en una herramienta de ocupación del espacio. Por otra parte, aparece asociado a los sectores más poderosos del país. Es una casta claramente diferenciada de la sociedad. Viven aislados, se educan aparte. Crean un espíritu de cuerpo poderoso que se enraíza con la propia idea de que fueron los creadores de la nación.

¿Qué herencias sociales y culturales han dejado las recurrentes dictaduras militares en Argentina?

No hay mejor ejemplo de la intolerancia argentina que el poder militar. La expresión más acabada de esto es la dictadura militar. Habría que reflexionar por qué esa sociedad tan profundamente intolerante es incapaz de procesar las diferencias políticas de manera institucional. En los últimos años ha desaparecido el ejército como poder político, pero la intolerancia está ahí. Basta leer los periódicos para darse cuenta de que la argentina es una sociedad absolutamente fracturada. Una intolerancia que se traduce en odio.

¿Cómo definiría los 31 años de la democracia argentina?

Visto en perspectiva histórica es uno de los periodos más prolongados de orden constitucional. Es un parteaguas porque ha roto el ciclo que empezó en 1955, mejor dicho en 1930. El problema sigue siendo el mismo: la permanente recurrencia entre ciclo económico y político, en el sentido de crisis económicas generando permanentemente crisis políticas, y la incapacidad, desde el orden político, de ordenar la economía. Lo nuevo es la ausencia del ejército para resolver estos problemas.