Vargas Llosa cierra su festejo con literatura

En el acto final del encuentro en su honor dialoga con Orhan Pamuk, con quien recuerda su gusto por Flaubert y la situación actual que vive Europa.
Los ganadores del Nobel de Literatura hablaron de sus inicios como escritores y de sus filias literarias.
Los ganadores del Nobel de Literatura hablaron de sus inicios como escritores y de sus filias literarias. (EFE)

Madrid

¿Qué puede unir a personajes tan disímiles y distintos como el Nobel turco Orhan Pamuk, el filósofo Fernando Savater, el presidente Mariano Rajoy, el escritor Javier Cercas, la catedrática Carme Riera y los ex mandatarios Sebastián Piñera, Álvaro Uribe, Felipe González y José María Aznar?

Una cita a ciegas, espontánea, por el hecho de tomar unas copas y charlar distendidamente como buenos colegas, no; los gustos, las procedencias, las fobias, no les harían coincidir. Tampoco un mitin político: unos están decididamente alineados a la derecha y son conservadores, en tanto que otros tienden a ser rebeldes, críticos con el sistema, pero no militan por el lado derecho de la política, y sus orígenes y filias son más bien contrarias al corsé social al que se someten los conservadores.

¿Entonces? La respuesta tiene nombre y apellido: Mario Vargas Llosa, el escritor, pero también el intelectual comprometido con sus ideas que, como dice el editor mexicano Aurelio Major, nunca ha disimulado: de su apoyo a la dictadura castrista de comienzos de los setenta hasta su actual liberalismo de tradición británica, oponiéndose a todo tipo de autoritarismo, de la "dictadura perfecta" al chavismo.

Por eso este martes y miércoles, la Casa de América de Madrid ha sido testigo de esa mezcla sui géneris, en la cual las huestes de la derecha española y latinoamericana, autollamadas liberales, mezclaron sus trajes a medida y sus corbatas inglesas con los pantalones vaqueros, las chamarras de cuero y los suéteres holgados del personal amante de la literatura para asistir al seminario Mario Vargas Llosa: cultura, ideas y libertad, que tuvo como plato fuerte un diálogo entre dos Nobel, Pamuk y el octogenario escribidor.

Aunque los primeros paneles del encuentro, celebrados el martes y dedicados a la política latinoamericana, la democracia en nuestra región y sus perspectivas a corto plazo, estuvieran orlados del prestigio político que parece dar entre los liberales ser anticastrista, antichavista y antipopulista —lo que parece obvio en estos tiempos de posmarxismo analfabeto—, lo cierto es que la tarde de ayer todo marchó mejor, y al menos fue posible encontrar ideas a salvo de las encendidas proclamas que nos alertaron del peligro que corre el mundo si no seguimos las recetas del mercado libre y ponemos a salvo el ecosistema capitalista.

Optimismo y pesimismo

Mario Vargas Llosa y Orhan Pamuk compartieron podio y hablaron de sus inicios como escritores, uno en París, otro en Estambul; de sus filias literarias: uno por Gustave Flaubert y Jean-Paul Sartre, otro por Jorge Luis Borges, William Faulkner e Italo Calvino.

Ambos estuvieron de acuerdo en que construir sus personajes es un acto de inseguridad, aunque una vez que todo está claro la fuerza de la escritura los arrasa. También a ambos les criticaron por cosmopolitas. Y ambos creen que, además de los temas que abordan, la técnica, el lenguaje y el oficio en la creación literaria son importantísimos.

Pero los dos están preocupados por el mundo en el que viven. Y se comprometen: Vargas Llosa pide una Europa sin prejuicios raciales y abierta a la inmigración, a la que se están cerrando puertas; para Pamuk, Europa está construyendo muros a la fraternidad, hay muchas reuniones de líderes políticos pero las soluciones no llegan, y domina la idea de que no se quiere a los inmigrantes. Vargas Llosa es optimista, Pamuk pesimista. Pero como al resto de invitados, una cosa les une sin discusión: la amistad y la celebración del gran escritor. Lo demás no es literatura.

Por otra parte, Fernando Savater puso sobre la mesa la dificultad de la ética, que viene de confundir los códigos para andar por el mundo. Pero "la ética", dijo el filósofo, "es una reflexión personal sobre la libertad que no se reduce a los códigos sociales. Por eso las narraciones se parecen más a las reflexiones éticas, que son situaciones a resolver con cantidad de matices en medio de la complejidad de la vida".

Luego vino la intervención de Javier Cercas, autor de la célebre novela Soldados de Salamina, quien dijo, citando a Alfonso Reyes, que la literatura es un depósito de experiencia, algo peligroso para el poder político porque en el corazón de todas las buenas novelas llamea una protesta, por lo que son una fuente de rebelión, como ejemplifican madame Bovary y Alonso Quijano.