Uso de apodos, un hábito que data de la Revolución

El historiador y abogado tamaulipeco Ciro de la Garza documentó una lista de apodos, sobrenombres, motes y frases que fueron muy populares entre las tropas de la Revolución.
El documento está en internet.
El documento está en internet. (Especial)

Monterrey

El uso de seudónimos o apodos es una variante que tiene el español hablado en México para hacer mofa de algún defecto físico, y durante la Revolución Mexicana estos adjetivos parecían ser cosa de todos los días.

El historiador y abogado tamaulipeco Ciro de la Garza documentó una lista de apodos, sobrenombres, motes y frases que fueron muy populares entre las tropas de la Revolución.

Esta información se contiene en el libro Apodos en la bola. El lenguaje y la Revolución, publicado en la serie Cuadernos del Archivo cuya primera edición es de 1987.

El Manchado, El Grifo, El Mafufo o Minuto son algunos de los apodos que recopila en su obra. Además incluye los sobrenombres que se les ponían a los caballos o a frases populares entre los soldados.

Las heridas de guerra eran la primera excusa para imponer un apodo. Por ejemplo, a Emilio Portes Gil se le apodaba como Manchado, principalmente por la marca de pólvora que exhibía su rostro tras un incidente de batalla.

También estaba Cajete, como se llamaba al general Anastacio Pantoja debido a que le faltaba un ojo que perdió al recibir un balazo.

Lo poco estéticas de las facciones en su rostro le valieron al general Saturnino Cedillo ganarse el apodo del Ajolote. O como a Juan Banderas, a quien le llamaban El Agachado por tener un defecto físico que le impedía caminar erguido.

Desde los tiempos de la Revolución ya predominaban expresiones como El Indio o El Apache era muy común para referirse a los soldados con ascendencia indígena.

Incluso hábitos como higiene personal eran cuestión de burla entre los soldados. Antes de perder su brazo, al general Álvaro Obregón se le decía El Perfumado por buscar siempre estar lo mejor presentable.

Cualquier situación era buena para crear un apodo original y en la Revolución y hasta la actualidad este recurso del lenguaje se usa tanto para avergonzar a una persona como para distinguirla.

El libro se puede consultar en  el sitio www.wearecousins.info/2013/11/65-cuadernos-del-archivo-de-monterrey-nuevo-leon-mexico