Urgencia…

Es importante para la gente de teatro y de las demás artes acercarse al dolor de quienes han vivido una violencia sin nombre en carne propia.
Familiares de los jóvenes de Ayotzinapa.
Familiares de los jóvenes de Ayotzinapa. (Gabriela Martínez)

México

Escuchar a las madres con hijos desaparecidos (incluidos oficiales de la Policía Federal) estruja el alma. Viven suspendidas (que es la mejor manera de explicar a los alumnos de teatro qué es el suspenso) y sin reposo. Para los estudiantes y trabajadores de la cultura que se están organizando para responder a la barbarie del Estado mexicano es fundamental escuchar a las víctimas y a los deudos de las víctimas. Estos últimos, como ya sabemos, se vuelven a su vez víctimas del sistema que les niega la justicia e incluso los amenaza de muerte por buscar a sus seres queridos desaparecidos o asesinados.

Es importante para la gente de teatro y de las demás artes acercarse al dolor de quienes han vivido una violencia sin nombre en carne propia. Resulta muy fácil gritar y hacer aspavientos desde cierto confort. Hay que indignarse tocando y socorriendo a las víctimas y sus deudos, contemplar los profundos surcos que dejan las lágrimas de amarilla rabia (citando a Oscar Liera) en los rostros de las madres que han rascado con sus manos en fosas donde se sospecha reposan los restos de sus hijos. No puede haber empatía si no se siente el dolor ajeno como propio. Las víctimas invisibles que son los deudos requieren de un abrazo, una botella de agua, comida, protección, un poema y una obra de teatro.

Se tiene que descartar la posibilidad de recibir tales cosas del Estado mexicano. De hecho ninguno de los tres poderes es ya interlocutor de una sociedad civil indignada. ¿Cómo creerle al Plan Nacional de Desarrollo de Peña Nieto que proponía que la cultura-educación fueran el binomio para la reconstrucción del tejido social cuando anuncia un recorte al presupuesto 2015 de cultura por más de 4 mil millones de pesos? Por eso digo que no hay nada que esperar del gobierno y sus planes. Toca a los artistas salir de la zona de confort y llevar lo que sabemos hacer a las regiones vulnerables del país, trabajar para los que lo necesitan y han vivido sin el derecho constitucional a la cultura (como muchos otros).

Hay iniciativas como la del pintor y escultor Emiliano Gironella Parra con el proyecto Manos manchadas de pintura, que busca sanar a través del arte a cientos de niños hijos de policías caídos en el cumplimiento de su deber. Niños que además sufren un estigma por ser hijos de policías porque en México casi siempre tal función se traduce como sinónimo de corrupto, represor, asesino. La importancia de acciones como esta y otras que he mencionado en este espacio son cruciales en la construcción de un discurso cultural de la sociedad civil sin el Estado.