Los Kennedy en la intimidad

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Patrick, autor del libro sobre los secretos de su familia
Patrick, autor del libro sobre los secretos de su familia

Se necesita valor para sacar al sol los trapos sucios de la familia. El trabajo no es nada fácil cuando hay que sacar del ropero un montón de cadáveres putrefactos y malolientes. Cadáveres de famosos, admirados y respetados. Cuando Patrick Kennedy se sentó a escribir un libro alimentado con las más oscuras intimidades de una de las familias más veneradas en Estados Unidos sabía que redactaba al mismo tiempo una suerte de testamento. Entendía que moría una parte de sí mismo, pero también buena parte de su relación con sus parientes. Escribió Una lucha común con plena conciencia de las consecuencias de su empresa. Tenía cinco años sin beber.

Lo que relata en un volumen que está ya en las librerías estadunidenses son los detalles de una tragedia que lastima profundamente a la familia Kennedy, pero también al país entero. Una tragedia que muchos intuían de cualquier manera. Los Kennedy, revela, están en la lista de las genealogías marcadas con fuego. Muchos de sus integrantes conviven con los demonios de la enfermedad bipolar, con la depresión, el alcoholismo y el consumo de sustancias tóxicas. Sucede hasta en las mejores familias, dirían algunos y con mucha razón.

Pero tal vez lo más interesante en el libro del hijo menor del desaparecido Ted Kennedy es la manera como inserta su tragedia personal en el contexto de la tragedia familiar y, sobre todo, en el de la tragedia nacional. Su padre, asume, bebía en la medida en que nunca pudo superar el asesinato de sus hermanos John y Robert. Nunca pudo externar su dolor. No podía llorar porque debía aparentar ante la familia de sus hermanos, ante la nación entera. Tenía encima la responsabilidad de ser un Kennedy. Y Patrick sentía más o menos lo mismo. Bebía porque veía sufrir a su padre, porque bebía para olvidar. También su madre. Se sentía humillado cuando periodistas y políticos acudían a su casa al mediodía y la veían ebria, drogada. Por si fuera poco, vino luego la tragedia de Chappaquiddick, cuando su padre abandonó a su joven asistente moribunda luego de un accidente de automóvil. Nadie podía hablar del asunto en la familia. Ni siquiera su padre. El código de silencio incluía hasta las consultas con el psiquiatra. Patrick tenía 13 años cuando comenzó a ahogar sus penas con alcohol.

El ex congresista tiene ahora 48 y asume plenamente su condición bipolar bajo tratamiento médico. Desde la publicación de Una lucha común no es muy bien recibido cuando visita a su ilustre parentela. Lo miran con resentimiento. No le perdonan el hecho de poner al descubierto sus secretos. Patrick, sin embargo, sabía lo que estaba en juego cuando se decidió a sacar del silencio las intimidades de la familia. Sabe que hay algo de heroico en su sacrificio y pide que, como él, la nación entera saque a la luz los esqueletos que guarda en el ropero y se libere del tormento del silencio que hace tanto daño en su intimidad doméstica.

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa