Transgénicos, clave para paliar efectos del cambio climático

Las herramientas de biología molecular que brinda la ciencia pueden ayudar a conservar cultivos y reducir daños a la salud, señala científico del Cinvestav.
Reynaldo Ariel Álvarez, experto en bioseguridad, dice que la desinformación causa temores infundados.
Reynaldo Ariel Álvarez, experto en bioseguridad, dice que la desinformación causa temores infundados. (Especial)

México

Los maíces criollos y otras variedades mexicanas terminarán perdiéndose ante las condiciones extremas que presenta el cambio climático, de no empezar a adaptarlas a las nuevas condiciones ambientales usando las herramientas de las que disponemos, entre ellas biología molecular e ingeniería genética, afirmó Reynaldo Ariel Álvarez Morales, investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), unidad Irapuato.

“Estamos desaprovechando muchos beneficios al frenar en México el desarrollo de los organismos genéticamente modificados (OGM), como reducir al mínimo el uso de insecticidas, disminuir con ello los daños a la salud y al medio ambiente, producir más y mejor alimento sin impactar el suelo agrícola y readaptar los cultivos a condiciones extremas de clima como la sequía”, señaló el Cinvestav en un comunicado.

Según Álvarez Morales, el reto no solo es para México, “sino para el mundo, ya que en pocos años vamos a tener que producir una mayor cantidad de alimentos para una población creciente en el contexto del cambio climático, además de tener que usar el mismo espacio de suelo para producir comida, materias primas, biocombustibles, fibras y productos farmacéuticos, entre otros”.

El científico —que representó a México en el Protocolo de Cartagena sobre Seguridad Biotecnológica organizado en 2012 por el Instituto Internacional de Desarrollo Sustentable en Hyderabad, India—, señaló que “el desafío es enorme y el empleo de esta tecnología nos puede ayudar a resolverlo”.

Desinformación

El experto recalcó que uno de los principales problemas en México es la desinformación, que “ha generado temores infundados sobre los que se basa la percepción pública”.

El científico acotó que no se trata de crear un producto artificial en un laboratorio, sino que lo que se hace mediante métodos de biología molecular y de ingeniería genética es tomar las mejores variedades de cultivos y darles mejores características.

Así, “en lugar de tener un algodón que requiere hasta 17 aplicaciones de insecticida, lo podemos optimizar con ingeniería genética haciéndolo más resistente a plagas y que sólo necesite dos aplicaciones, con lo que vamos a eliminar estas grandes concentraciones de insecticidas  y pesticidas agresivos al medio ambiente y dañinos para la salud de las personas”.

Álvarez Morales recordó que ese fue el caso de las poblaciones de niños del Valle del Yaqui, en Sonora, que fueron afectados por este indiscriminado uso de químicos, fenómeno del que sí existen varios artículos científicos sustentados al respecto.

Desde 1986 —cuando se liberaron los primeros OGM— a la fecha, se han sembrado más de mil 500 millones de hectáreas de transgénicos en el mundo de soya, algodón, canola, maíz, papa, jitomate y alfalfa, entre otros, “sin que se haya reportado un solo caso de enfermedad, alergia o daño al medio ambiente asociado al consumo o siembra de éstos”, afirmó el experto en bacteriología molecular.

Hasta el momento “nadie ha podido establecer un vínculo entre los transgénicos y alguna enfermedad. Quienes los asocian con una mayor incidencia de cáncer deberían pensar si no es que la tecnología actual permite detectar más casos”, explicó el científico, quien argumentó que la alimentación no es el único factor en el desarrollo de esos padecimientos.

Productos actuales

México importa 10 millones de toneladas al año de maíz transgénico amarillo, que si bien no se consume directamente, sí se emplea en la industria de la avicultura y para alimentar ganado, o para obtener aceites y almidón.

Otro producto es la soya, de la cual prácticamente 98% de la que se utiliza en el mundo es transgénica, y aquí en México su consumo está autorizado, por lo que la gente debería preguntarse dónde están los  elementos que apoyan a aquellos que dicen que los OGM hacen daño.

En conclusión, “es momento de que los científicos empiecen a generar productos que resuelvan problemas”, dijo Álvarez Morales.

“Así como nosotros recibimos desde hace años una fruta exótica como el kiwi, podemos impulsar la parte de la economía a través de la exportación para abrir nuevos nichos de mercado, trabajando con cultivos en los que tenemos ventajas competitivas y, por ejemplo, controlar su maduración, pero no con productos químicos, sino empleando ingeniería genética”, concluyó el experto.

• • •

Excremento con ADN resistente a antibióticos

El excremento de las vacas, usado a menudo como fertilizante para los suelos de cultivo, contiene una gran cantidad de genes resistentes a los antibióticos, según un artículo publicado por la revista mBio, de la Sociedad Americana de Microbiología.

Los científicos identificaron en los desechos de vacas 80 genes únicos y funcionalmente resistentes a los antibióticos, los cuales provienen de bacterias de los intestinos del ganado.

El estudio liderado por la investigadora Fabienne Wichmann, de la  Universidad de Yale, sostiene que los excrementos de las vacas podrían ser una fuente de nuevos tipos de genes con resistencia a los antibióticos, que a su vez se pueden transferir a las bacterias de los suelos en donde se cultivan alimentos, con lo que pueden transferirse a los humanos por esa vía.

En el laboratorio, los genes hicieron una cepa de la bacteria Escherichia coli resistente a uno de cuatro tipos de antibióticos, los betalactámicos (como la penicilina), los aminoglicósidos, tetraciclina y cloranfenicol, también hallaron toda una nueva familia de genes que le dan resistencia a los antibióticos del tipo cloranfenicol que se usan, comúnmente, para el tratamiento de las enfermedades respiratorias en el ganado.

EFE/Washington

• • •