Tramposos

En este nuevo libro de Alejandro Zambra, la presencia de la dictadura pinochetista (más de una década usurpando el poder) es una constante deliberada.
Alejandro Zambra, "Facsímil", Sexto Piso, España, 2015, 90 pp.
Alejandro Zambra, "Facsímil", Sexto Piso, España, 2015, 90 pp. (Especial)

México

Si en su anterior novela, Formas de volver a casa, un niño de escasos siete años se pierde del cuidado de sus padres, en la recién publicada Facsímil (que nadie le discuta la inclusión en dicho género) ese pequeño es ya un adolescente que aspira a un sitio en la educación media superior de su país, Chile. Y como en la primera, en este nuevo libro de Alejandro Zambra (Santiago, 1975), la presencia de la dictadura pinochetista (más de una década usurpando el poder) es una constante deliberada. “Ahora hay varios diciendo que no sabían de las desapariciones, de las torturas, de los asesinatos. Claro que sabían. Él sabía, yo sabía, todos. Cómo no íbamos a saber”.

La particularidad, emblema que toda buena narrativa habrá de poseer, es que Zambra desenvuelve aquellos años y experiencias siempre a partir de un esquema similar al que se utilizaba en el examen de admisión en el atribulado país. Cédula Nacional de Identidad en mano, miles de chilenos aplicaron la llamada Prueba de Aptitud Verbal, entre 1967 y 2002, otro de los mecanismos del régimen para decantar y controlar al estudiantado, grupo social de suyo cercano a la rebeldía y la libertad. “No había que escribir, no había que opinar, no había que desarrollar nada, ninguna idea propia: solo teníamos que jugar el juego y adivinar la trampa”.

Cargada de pinceladas generacionales, Facsímil no es solo la evocación a un mundo en apariencia distante. En tanto autobiográfica, se sostiene asimismo como la voz presente de esos jóvenes estudiantes universitarios de décadas anteriores, sin importar su ubicación en la tarima de los ganadores o los vencedores. “Cada cual finge su ausencia. Es posible que viejos amigos, enemigos o amantes compartan el ascensor sin saberlo nunca”. (Habrá que recordar que, de entre los colectivos estudiantiles del mundo, el chileno es el que más ha incidido en los años recientes en el curso del modelo educativo propio, y el que posee una organización legitimada).

“Leer es cubrirse la cara, pensé —leemos en Formas de volver a casa—. “Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla”. En Facsímil (estructuralmente novedosa, juguetona, original, certera), Zambra enseña ahora una de esas miles de caras preparadas “para un mundo donde todos se cagan entre sí. Les va ir bien en la prueba, muy bien, no se preocupen: a ustedes no los educaron, los entrenaron”.

¿Qué esperar de unos pequeños (en Chile y cualquier otro país) que a los doce años eran ya unos tramposos? “Lo que aprendimos a la perfección, sin embargo, lo que nunca olvidaríamos, fue copiar en las pruebas”.