Traicionar a Pacheco

Pacheco dice que el país no puede amarse entero, está ya todo fragmentado. Querer a México es ya imposible —o siempre lo ha sido— y solo podemos querer regiones, viejos mapas o rutas de escape.

Ciudad de México

Muchas veces he escuchado que todos los mexicanos sabemos “Alta traición” de José Emilio Pacheco:

“No amo mi patria./ Su fulgor abstracto/ es inasible./ Pero (aunque suene mal)/ daría la vida/ por diez lugares suyos,/ cierta gente,/ puertos, bosques de pinos,/ fortalezas,/ una ciudad deshecha,/ gris, monstruosa,/ varias figuras de su historia,/ montañas / —y tres o cuatro ríos”.

Leído detenidamente, en este anti–himno post–nacional Pacheco dice que el país no puede amarse entero, está ya todo fragmentado. Querer a México es ya imposible —o siempre lo ha sido— y solo podemos querer regiones, viejos mapas o rutas de escape.

En su caso, solo quiere la Ciudad de México, y quizá Veracruz o algún otro puerto hipotético, pero no a muchos lugares —en su poema, Pacheco solo alude a uno en concreto, la capital— y luego dice que un puñado de ríos, y digo puñado porque seguro esos ríos ya son pura tierra. O picaderos.

No amo a la literatura mexicana. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suenen mal) daría mi quincena por 10 libros variables, ciertos muertos, Internet, bosques de California, fortalezas todas son del narco, una ciudad ensambladora, polvosa, calenturienta, varias figuras de yeso, cerros, y tres o cuatro filas humanas.

El poema de Pacheco renuncia a nación general y unida. Leerlo de otro modo es traicionarlo: ¡tradicionalizarlo!

Pacheco murió y no faltará crítico exaltado o político trepando que diga que “Alta traición” —aunque más bien omitirá el título— habla por todos los mexicanos.

Y eso no es cierto: habla desde una ciudad (no menos, no más) de un territorio fragmentado y un Nosotros excluyente de casi todos los Infra–incluidos. Así lo escucho, así me atrae, porque ahí se oye una voz de una ciudad lejana con millones de pobres y élites arrogantes. “Alta traición” es un gran poema breve del Distrito Federal, una coda a Grandeza Mexicana de Balbuena.

Pacheco y Monsiváis fueron escritores muy marcados por esa urbe.

Pacheco no es una estatua ecuestre de la literatura patria, no es parte de la Rotunda Ronda de los Poetas Ilustres, petrificarlo así no solo sería no escuchar su poema sino pisotearlo. Leer poesía como pericos.

Pacheco dice que no hay patria, solo hay pedazos, y entre las memorias, cada quien junta las ruinas donde jugó de niño —infancia es geopolítica— y donde vive, migra o caerá muerto, y eso es todo, y todo es poco o casi nada.

Lo demás son los cuentos nacionales y los cuentos globales, y son incompatibles con los mejores cuentos de Pacheco.

“Alta traición” y Las batallas en el desierto son dos variantes (súcubos) de una experiencia que Pacheco decidió decir usando lenguaje literario porque es dilema y espejismo, casi inaudible, fuerte, parte y nos desmiente.