Trabajo de artesanos locales sobresale en Festival Cervantino

Durante el evento internacional se comercializan collares, anillos y pulseras hechas con chaquira, palma, loza, ixtle y semillas, además de platillos tradicionales y licores de sabores

Puebla

El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA) reportó que Casa Puebla, la sede poblana en el Festival Internacional Cervantino (FIC), logró la venta de artesanía de los municipios Tecali de Herrera, San Pablito Pahuatlán, Yaonahuac, Chigmecatitlán, Tenextatiloyan, Hueyapan, Cuautempan, Izúcar de Matamoros, Los Reyes Metzontla, Acatlán de Osorio, Cuetzalan y Puebla.

De las artesanías que más se comercializaron durante los 19 días de Cervantino en Guanajuato, directo del productor al cliente, fueron las esferas de Chignahuapan, de las cuales se tenían más de cien cajas vendidas en menos de tres semanas de actividades.

En materia de joyería se comercializaron alrededor de 600 collares, anillos y pulseras hechas en chaquira, palma, loza, ixtle y semillas. Los textiles más vendidos fueron blusas bordadas, rebozos de lana, poliéster, telares y bordados, siendo las prendas favoritas las de lana.

Pese a que en las calles de esta ciudad se vende un tipo de papel amate decorado, el de San Pablito Pahuatlán, de la Sierra Norponiente del estado fue “muy vendido” en tanto que los artículos de barro más solicitados fueron las ollas y vasos pozoleros.

A la sede de Puebla en el Cervantino fue invitada la librería Profética, la cual reportó que las obras más solicitadas de escritores poblanos fueron la de Ángeles Mastretta, Pedro Ángel Palou, Daniel Carpinteiro, y “libros infantiles vendidos principalmente en fin de semana”.

Entre los ejemplares más vendidos estuvieron Puebla en imágenes, de Carlos Cruz Contreras y José Luis Olazo, de la Dirección de Fomento editorial BUAP. Maximino Ávila Camacho, el ejercicio absoluto del poder, de Rigoberto Cordero; Ríos de historia, antología sobre los diez últimos años del Concurso Latinoamericano de Cuento “Edmundo Valadés”; Auroras y horizontes, antología de ganadores del concurso de cuento fantástico y ciencia ficción, ediciones CECA.

[u]Vinos y dulces típicos[/u]

La dependencia estatal abundó en que se vendieron en ese festival al que Puebla asistió como invitado especial este año, unas 300 botellas surtidas de licores gourmet de sabores nuez, piñón, café almendrado, pasita, cacao con avellana, nuez con cajeta, cereza, frambuesa y piña colada, así como vinos de Zacatlán y amaretto.

El más solicitado fue el vino digestivo “Catorce tortillas” y en materia de comida fue el mole poblano, del cual se comercializaron 250 kilos. “Tortitas de Santa Clara” se compraron cerca de 500; la nuez y las galletas cubiertas de chocolate de Macadamia, los garapiñados y la enchilada, fueron de los dulces más comercializados.

La microfibra de nopal hecha a base de avena, el nopal y su harina, las botanas surtidas, la chía en semilla y el merengue de café también fueron muy solicitados por los compradores, entre quienes también despertó particular interés el café, del cual se adquirieron 30 kilos en bolsas de 250 gramos.

En el restaurante poblano se vendió en el mismo lapso pollo en mole, siendo éste el platillo más solicitado, con 25 platos diarios en promedio; las chalupas, con diez órdenes diarias promedio; los tlatloyos, con diez órdenes diarias promedio; las cemitas de pata y milaneza de pollo, diez diarias; tacos árabes, 15 diarios en promedio; pipián verde y rojo, siete órdenes diarias en promedio y refresco de manzana de Zacatlán, unas 20 botellas diarias.

Especial mención merecen los chiles en nogada, que en promedio fueron vendidos diez por día.

[h2]Todas las Pueblas muestran su cultura[/h2]

Quien mejor definió los alcances y las limitaciones que puede tener una presentación de la cultura poblana en tierra ajena, fue el editor del Colegio de Puebla, Miguel Ángel Andrade, recién desempacado de Nueva York: no hay una sola, sino varias Pueblas; están, puso por ejemplo, las de las sierras Norte, Negra, Mixteca, las cuales, cabe aclarar en esta edición del FIC tuvieron representación en las artesanías (sobre todo en las esferas), en la dulcería y un poco en la comida.

En los espectáculos no se vio a un trío de música huasteca, a los grupos que fueron presentados, por ejemplo, en el festival Sonidos de la Tierra y sólo la Mixteca estuvo, de algún modo, representada en los músicos que participan en el Cecamba, el conjunto de músicos de aliento, cuya mayor formación la hacen niños y jóvenes de la capital del estado y de algunas poblaciones mixtecas donde existe la tradición de las bandas de viento.

Esmeralda Guillén, corista del grupo de rock para niños Pata de Perro, consideró en entrevista que el mayor reto para ella y sus compañeros del grupo La ciudad Delira, con quienes tocó, era convencer a un público que no es el habitual de sus presentaciones en Puebla, que no eran ni sus familiares ni amigos, menos aún asistentes incondicionales dispuestos a aplaudirles todo.

La postura de Esmeralda Guillén, quien también canta con una banda de blues, se extendió al resto de los participantes poblanos: los que han recibido premios y distinciones locales, tuvieron que probarse a sí mismos que son lo que vale. Quienes tienen largas trayectorias y sustento en su trabajo, no se preocuparon más que del clima o de las condiciones técnicas del lugar donde se presentaron.

Ejemplo de lo anterior fueron Moisés Cabrera, director de Pipuppets, quien afirmó estar seguro de su trabajo y por tanto no tener mayor preocupación por la respuesta ante su propuesta, o la Compañía de Danza Antoinette, que ofreció una versión del México mestizo en danza neoclásica que, por ejemplo, ya había sido visto en el encuentro de la ITI Unesco en Colima.

En algunos otros grupos se vio improvisación, conjuntos o escuelas que son invitados y, sin tener algo preparado, aceptan y montan o ponen en poco tiempo un espectáculo a modo para cumplir.

Incluso una agrupación tan prestigiada como Rodará, que inició los encuentros internacionales de artes circenses en México, especialmente en Puebla, que ha formado gente y cuyos fundadores tienen ya prestigio, fueron duramente criticados al considerar algunos que el espectáculo que presentaron en el escenario de Pastitos en el FIC no estuvo a la altura del festival. 

En otros casos, en Casa Puebla, el público no se interesó en las actividades, por lo horarios, la distancia, el día o la oferta misma, como en el caso de las presentaciones literarias que, ahora se ve, deberían haberse coorganizado con la Universidad de Guanajuato (además del FIC) en La Valenciana, donde está la escuela de Filosofía, los estudiantes de humanidades y especialmente de letras, y era de esperarse que hubiera una mayor asistencia de personas realmente interesadas.      

En el caso de las artes plásticas el público que llega al FIC está más interesado en los espectáculos, en las artes escénicas que en las plásticas, por ello era común en estos 19 días de festival no ver mucha gente (o no hallar casi a nadie) en las salas de exposiciones que, cabe aclarar se extienden por varias cuadras de la calle Pocitos, desde donde está la iglesia de La Compañía hasta donde se encuentra el Museo de la Alhóndiga de Granaditas de INAH.

En el caso poblano, en ese último recuento, donde en tres salas se expuso arte popular poblano o artesanías, el interés fue notable por parte del público, y los cuatro expositores en la Casa Museo Diego Rivera, desde hace poco con salas de exposiciones temporales, fueron un excelente escaparate para Lazcarro, Ramos Brito, Haddad y Patricia Fabre; por su parte, Raymundo Sesma y la misma Haddad con Fernanda Pedroche, supieron adecuarse a Casa Puebla e intervinieron y expusieron mostrando su obra como parte del conjunto arquitectónico.

[h2]Primer estado en llevar a casi mil artistas[/h2]

Esta ciudad de túneles y callejones, de antiguas minas que empresas canadienses se niegan a que mueran; esta urbe, como París, era una fiesta: desde un día antes de la inauguración del Festival Internacional Cervantino (FIC) el miércoles 9 de este mes, hasta el último fin de semana de octubre fueron motivo de festejo, de búsqueda desesperada por un boleto para funciones imperdibles, hasta largas colas en la Alhóndiga de Granaditas para ver a Goran Bregovic.

Puebla fue el primer estado en la historia del FIC en traer una delegación de 950 artistas, en alquilar una casa (que remodeló en tres semanas), en arriesgarse a salir del epicentro del festival y poner un restaurante, una tienda de artesanías, librería y dos escenarios como no lo habían hecho otros en 40 años de Cervantino.

Moisés Rosas Silva, secretario técnico del CECA, reveló que fueron cerca de 35 mil los visitantes a Casa Puebla hasta antes de que concluyera sus actividades (faltaban las cuentas del último fin de semana), con un promedio de mil por día, entre semana.

Personal del propio organismo estima que los fines de semana fueron entre dos mil y dos mil 500 los visitantes. Lo que más se vendió de lo que ofertó el estado, fueron las esferas de Chignahuapan y el mole poblano, en pasta y en el restaurante.

Pero es obvio que la cantidad no necesariamente implica calidad: los solistas, dúos, grupos, orquestas, compañías, ballets, coros, trovadores, bandas de rock, conjuntos académicos y escritores que llegaron a Casa Puebla, pero también quienes no vinieron, por las circunstancias que hayan sido, mostraron el nivel en el que se encuentra la entidad, especialmente la capital del estado en materia de espectáculos, arte y cultura, y al no estar antes sus públicos habituales, tuvieron su prueba de fuego y, ya lejos de la fiesta y el entusiasmo, deberán hacer cuentas claras para saber a qué vinieron, en qué nivel están verdaderamente y cuáles son y, si continúan, cuáles serán sus alcances.

Con una bolsa de hielo en la cabeza, todos los que vinieron a la fiesta en Guanajuato deberán reflexionar y recordar que cantidad no es calidad, que vinieron a uno de los escenarios del encuentro internacional y no fueron los públicos especializados o los más exigentes quienes se midieron con ellos.