Torear es ponerse en el sitio donde queman los pies

Palabras del español José Tomás al presentar el libro 'Diálogo con Navegante', en Aguascalientes.
A cuatro años de la cornada, el torero José Tomás, decidió contar sus reflexiones tras el incidente
A cuatro años de la cornada, el torero José Tomás decidió contar sus reflexiones. (Juan Carlos Bautista)

Ciudad de México

El día después de mi presentación como novillero en la Plaza de San Marcos, me levanté temprano, no había podido dormir muy bien, bajé al café del Hotel Francia, me senté en un mesa y pedí un café agarré un periódico y en la portada había una foto de un natural mío bajo el título: "Cautiva por su quietud, valor y elegancia el Ibero José Tomás".

Mientras leía escuché una voz que me saludaba, era Andrés García, viejo aficionado que acudía con asiduidad a las clásicas tertulias de aquel café.

- ¿Cómo te encuentras? -me preguntó.

- Yo dije que bien, envuelto por todas las emociones vividas en la tarde de ayer. Le tengo que confesar que ha sido el día que me han puesto en evidencia que esto es a lo que voy a dedicar mi vida: ¡Quiero ser torero!

Él me preguntó que si estaba seguro. ¡Completamente!, contesté.

Bien, entonces te diré varias cosas que no debes olvidar.

Siempre que te pongas el traje de luces y te ates los machos, hazlo con la intención de ponerte en el sitio donde queman los pies.

- ¿Cómo? -le dije yo.

- Mi chamaco, un día tras otro el toro te exigirá la entrega necesaria para meterte en ese sitio y poder entenderlo. El torero tiene que bucear en sus embestidas para sacar a flote todas las cualidades, sabiendo que el riesgo es condición inseparable del acuerdo con el arte. Sé siempre fiel a tus sentimientos a tus principios, a tus principios en el ruedo y fuera de él.

Surgirán momentos de grandes dudas, no decaigas cuando sientas que no eres capaz de entrar en ese lugar, sigue adelante, ten en cuenta, que tienes que moverte en la dirección opuesta a la que manda tu instinto.        

Enseña y convence a tu cuerpo que ese sitio puede llegar a ser el más placentero del mundo, incluso podrás llegar a sentirte fuera del tiempo allí dentro.

No busques el aplauso ni el olé, eso te llevaría a salirte de tu forma de ser e interpretar el toreo, haz lo que te nazca en cada momento, con naturalidad, sin poses.

Torear de verdad es lo que trasciende a la emoción de la gente que se sienta en el tendido, lo que hace que acudan a la plaza de toros.

A ese magnífico animal que ha significado tanto para el ser humano a lo largo de la historia, respétalo siempre, por encima de todo, sois impredecibles el uno para el otro, sin uno el otro no existiría.

Trátalo con mimo, te lo agradecerá, la violencia que genera su raza brava parecerá desaparecer por momentos, envuelto y guiado por las telas, logrando transformar la embestida enemiga, en suavidad y cadencia aliada.

Por último, no te dejes llevar por los poderes que manejen el mundo del toro (en muchas ocasiones no han sido lo mejor para el buen devenir de la fiesta brava). Lucha por tu libertad y por los valores que representan lo que sucede entre el toro y el torero.

Aquella tarde del 24 de abril de 2010, don Andrés García ya no se encontraba en el tendido de la Monumental, pero cuando iba camino de la enfermería sentí que estaba a mi lado susurrándome al oído: ¡Tranquilo!, esto es de toreros. Tú sabes desde hace mucho tiempo, que esto puede pasar y así lo tienes asumido.

Estás en muy buenas manos y espero que la Virgen de Guadalupe te proteja. Después vino el despertar y las 'Conversaciones con Navegante', que sirvieron de punto de partida para la creación de este libro que hoy se presenta en México.

El libro que nos habla de diferentes reflexiones con gran profundidad de lo que sucede entre el toro y el hombre, entre el hombre y la vida.

Quiero agradecer una vez más a todos los autores en nombre de la Fundación, su desinteresada colaboración, a Carlos Loret de Mola, por haber hecho el prólogo de esta edición y a Pancho, por haberlo puesto en marcha en México.

Es un honor presentar este libro aquí en Aguascalientes, lugar en el que siento estar en casa y en México, donde me hice torero.