Tlaqná, una sala de conciertos de primer mundo

Tiene una capacidad para más de mil 300 personas y ya ha sido utilizada para varias presentaciones de la Orquesta Sinfónica de Xalapa.
En materia de acústica se cuenta con el apoyo del especialista Lawrence Kirkegaard, cuya empresa está en Chicago.
En materia de acústica se cuenta con el apoyo del especialista Lawrence Kirkegaard, cuya empresa está en Chicago. (Daniel Cruz)

México

La Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) funciona desde hace 85 años: se considera la agrupación más antigua de México sin detener sus temporadas, pero no tenía una casa propia, y a lo largo de su historia se presentaba en auditorios, cines, teatros e incluso gimnasios, hasta que en 2006 se empezó a construir su hogar, dentro del Campus para la Cultura, las Artes y el Deporte de la Universidad Veracruzana (UV): Tlaqná, Centro Cultural.

Un hecho que no resultaría tan novedoso de no ser por el esfuerzo que llevan a cabo para convertir la sala de conciertos principal en la más importante de América Latina y una de las más reconocidas en el mundo; de ahí que durante los más de siete años que llevan en su construcción, el objetivo primordial sea garantizar la acústica de sus dos espacios para conciertos, con énfasis en el que tiene una capacidad para más de mil 300 personas y que, incluso, ya alberga presentaciones de la agrupación, según cuenta la arquitecta Emilia Rodiles, directora de Proyectos, Construcciones y Mantenimiento de la UV.

“Para finales de los noventa se plantea como terreno este espacio, predio La Alameda, pero en 2005 se consolida la idea, se unen diferentes esfuerzos, a través del gobierno del estado, y se inicia el proyecto: tenemos nueve años con la obra, cuyo diseño estuvo a cargo del arquitecto Enrique Murillo, y pertenece a un tipo de arquitectura muy propia de la región, en su mezcla de estructura y de acabados, pero en la conceptualización de la obra como tal, todo va dirigido al trabajo de la acústica”.

Para ello cuentan con el apoyo del especialista acustólogo estadunidense Lawrence Kirkegaard, cuya empresa se encuentra en Chicago, encargado de analizar cada uno de los aspectos de la arquitectura, siempre en relación con la acústica.

Todo por la acústica

Tlaqná proviene de una palabra totonaca que significa en español “el que interpreta”, un poco con el propósito de lograr que la frase se convierta en una invitación para los músicos, pero también para los espectadores: que ellos mismos apuesten por darle una interpretación diferente a los sonidos.

La empresa estadunidense es quien toma en consideración el volumen de cada material o sus características físicas para calcular cada uno de los rebotes de las líneas del sonido: no se puede determinar un material si no está autorizado por la cuestión acústica y todo va a medida, mediante un sistema computarizado que utilizan para medir todos los rebotes de un material a otro.

“Tenemos material muy específico, como la madera, que es encino, de importación de Estados Unidos, que tiene una densidad específica para el comportamiento del sonido. Es la única sala de conciertos, de la que tenemos conocimiento, que tiene un lucernario en toda su longitud, por lo tanto tenemos una luz cenital natural y a ello responde la estructura del canopi, una concha acústica que trabaja en cuatro plataformas diferentes y cuando esté terminada la acústica de la sala, moverá de acuerdo con las necesidades del director de la orquesta”.

“A escala mundial es una de las obras más importantes que se están construyendo en cuanto a salas para orquestas de música clásica. A nivel nacional es la más importante, al igual que a nivel latinoamericano”, a decir de la arquitecta Emilia Rodiles, directora de Proyectos, Construcciones y Mantenimiento de la UV.

Esa luz natural se complementa con un mural que parece recubrir a la sala: más de mil 300 bloques blancos diseñados por el artista japonés Hiroyuki Okumura, que representa al bosque de niebla que caracteriza a la región, a través de relieves que representan lo mismo a las nubes que a los árboles, el cual también tuvo que someterse al estudio del acustólogo, al grado que cada uno fue numerado antes de su colocación.

Sobre las razones por las que aún no terminan la construcción de todo el complejo cultural, aún hace falta la sala de conciertos anexa, las oficinas administrativas y acondicionar los lugares en los que estarán una galería, un restaurante–cafetería y una librería, la funcionaria universitaria aseguró que más allá de los recursos, en cuya consecución participan diferentes entidades, es el respeto al proyecto acústico lo que llega a detener el avance.

“En la climatización, por ejemplo, nos tienen que ir valorando los ductos, lo que obliga a enviar el proyecto a Chicago, donde los validan o hacen cambios y teniendo todo definido entonces se instala: hasta las lámparas están calculadas, por lo que no podemos poner un foco cualquiera, tiene que ser una lámpara específica, con ciertas características”.

El Sonido OSX

La Orquesta Sinfónica de Xalapa tuvo la necesidad de trasladarse al conjunto aún en obra, hace 10 meses, y a la fecha ha tenido más de 40 mil espectadores, por lo que el cálculo inicial para cuando esté terminado todo el conjunto cultural y educativo es de más de 50 mil espectadores al año.

De acuerdo con Enrique Vázquez, secretario técnico de la OSX, tener una casa propia después de 84 años de existencia ya es importante: una agrupación errante que tuvo una serie de sedes inapropiadas en cines, teatros o gimnasios, por lo que encontrarse en un lugar como este es un regalo: “La orquesta más antigua de México se merecía la mejor sala de México y estamos en la búsqueda de ese sonido que caracterice a la Orquesta de Xalapa: así como se habla del Sonido Filadelfia, quiero que se hable del Sonido Xalapa”.