"Titanic": las historias del naufragio

“De alguna manera todos somos sobrevivientes y náufragos a bordo del "Titanic"; la exposición busca crear esa empatía”, dice Göran Wetterholm.

Guanajuato

Cada una de las más de 260 piezas originales del naufragio del Titanic que se mostrarán en el Parque Guanajuato Bicentenario a partir de mañana encierra historias increíbles, tanto como era la posibilidad de que el famoso buque británico de pasajeros se hundiera en su primer viaje.

Entre las piezas, la que más llama la atención del historiador sueco Claes Göran Wetterholm, quien ha participado en cuatro expediciones de rescate de objetos del  buque, es un anillo doble que tardaron 30 años en integrar a la exposición, tras una búsqueda, casi obsesiva, por encontrarlo.

Es el anillo que luce Gerda Lindell al lado de su marido Edvard, en una foto de gran formato de principios del siglo pasado, mientras posa tomando entre sus manos un álbum fotográfico.

El anillo quedó en el fondo de un bote salvavidas durante varios días antes de ser recuperado por otro buque de la naviera White Star Line, propietaria del Titanic.

Göran Wetterholm señala que el concepto de la muestra, que estará en Guanajuato del 25 de octubre al 30 de abril de 2015, es que los asistentes se identifiquen con los pasajeros del buque, porque tienen historias que no son tan distintas a nosotros.

“De alguna manera todos somos sobrevivientes y todos somos náufragos a bordo del Titanic. La exposición  busca crear esa empatía, esa identificación porque al fin y al cabo es una historia humana”, indica.

El curador español Luis Ferreiro es quien nos ha presentado a este personaje de mediana estatura, delgado, de tez y pelos blancos, de ojos inquietos y profundos, que se vuelven brillantes cuando ve el anillo detrás de su vasija de vidrio apenas iluminado.

“El propósito no solo es recuperar los objetos que tienen diversos orígenes, sino asimilarlos a la experiencia para comprender lo que es el Titanic, para poderlo rescatar y contar su historia”, dice mientras frota una pequeña burbuja que encierra un barco con la inscripción del barco y una llaves.

Luce un mandil amarrado con un cordón de cortina como si fuera un mecate y encima un chaleco de finas líneas amarillas y blancas en vertical.

Cada uno de los objetos tiene su voz propia; sin embargo, cada uno cuenta dramas distintos que sucumbieron en un solo evento.

En este caso del anillo doble, era una pareja de esposos suecos, pasajeros de tercera clase, que en medio de la desgracia no encontraron el camino a un bote salvavidas, por lo cual saltaron al agua y nadaron hacia uno de ellos.

El bote ya estaba ocupado, con 11 hombres y una mujer. Ambos intentaron subirse, él lo logró primero y comprobó que también estaba inundado, con el agua helada casi a las rodillas. La hipotermia hizo que pronto dejara de tratar de subir a su esposa, mientras que los brazos de la mujer luchaban por aferrarse de algo, pero solo consiguió que su anillo se deprendiera y se fuera al fondo del bote.

Otra barca desplegable se acercó para recuperar a los sobrevivientes; una vez rescatados el bote se alejó de la zona en medio de la noche del Atlántico Norte.

Un mes después, el 13 de mayo de 1912, con la instrucción de permanecer alertas los  tripulantes de los buques de la White Star Line que pasaban por la ruta,  miraban al océano por si encontraban restos o cuerpos de los pasajeros del naufragio.

Uno descubrió el bote a la deriva y lo rescató. Ya en cubierta fue inspeccionado meticulosamente y descubrieron en el fondo ese  misterioso anillo, que no sabían a quién podría pertenecer.

La joya fue enviada a las oficinas de la naviera con sede en Nueva York, pero tampoco sabían nada. El anillo tenía inscrito un nombre: “Gerda”, por lo que intentaron buscar en la lista de pasajeros al dueño.

Al descubrir que se trataba de un nombre sueco lo que decidieron en la empresa fue enviar el anillo al consulado de Suecia en Estados Unidos, solo con la descripción del rescate y lo dejaron a su responsabilidad.

Como  tampoco sabían qué hacer con la pieza,  el anillo fue enviado al Ministerio de Asuntos Exteriores en Estocolmo, Suecia. Allá se les ocurrió publicar los detalles del anillo en los periódicos, con la información de que era una pieza recuperada del naufragio y que los familiares podrían recogerlo con las autoridades.

Göran Wetterholm comenzó la búsqueda del anillo y encontró información de la época en los archivos del consulado sueco y hasta los anuncios que se publicaron acerca del anillo, pero nadie sabía dónde estaba.

Pasó el tiempo, y cuando estaban montando una exposición a finales de los años ochenta, precisamente en ese país, uno de los miembros de la compañía fue a una fiesta, y de pronto uno de los asistentes soltó que tenía algo que podría interesarle porque tenía familiares que murieron en el naufragio.

Sin embargo, no se concretó algún encuentro posterior, pero cuando se abrió la exposición llegó una señora que le dijo que tenía un objeto que había pertenecido a una de sus hermanas, y lo tenía su madre.

La señora Lindell usaba el anillo en lugar de su argolla de compromiso, pero lo entregó para que formara parte de la colección y se supiera la historia de su hija.

Esa y otras historias se tejen en la colección que quedará abierta al público  a partir de este viernes, cuando se intente revivir “la última cena en el Titanic”.

Claves

El más grande

- En su época el Titanic fue el mayor transatlántico del mundo.

- Partió de Southampton el 10 de abril de 1912. Era su primer viaje.

- Tras chocar con un iceberg, se hundió la noche del 14 al 15 de abril del mismo año.

- En el naufragio murieron mil 514 personas.