'Timoteo', una ironización de la sociedad actual

Rodrigo de la Sierra expone 27 esculturas de su personaje en Casa del Risco; “No me parece que lo comercial y lo, llamémoslo cultural, estén contrapuestos”, afirma.

Ciudad de México

El camino, sin duda, lo pavimentó Andy Warhol hace ya medio siglo: la fusión, inseparable ya, entre arte y mercado, la puesta en cuestión del paradigma del arte reservado, enclaustrado, platónico, cara al academicismo y al purismo estético; al cabo, las lecciones prácticas de Warhol sobre arte y mercado, y sobre el arte como mercado, fueron lo preponderante en la estética occidental. Hoy, ya nadie con seriedad podría realizar una crítica moral de dicho paradigma estético. Que el arte sea comercial, y siga siendo arte, es parte de la axiomática cultural de nuestra era posmoderna. Lo único que no ha cambiado al cabo del tiempo es la medición de la calidad de las obras de arte. Forma, pericia técnica, densidad significativa, hoy como ayer, representan el carácter valorativo básico de la creación artística.

Justo bajo este parámetro se evalúa la obra escultórica del artista mexicano Rodrigo de la Sierra. Con base en el personaje central de Timoteo, lograda caricatura de las actitudes humanas que, en palabras del artista, “se vuelve un espejo de quien lo mira” y que “tiene como base la dinámica de la acción”, ha generado un universo plástico que combina con precisión el gancho estético comercial con la lograda ironía crítica, común al arte de valía cultural.

En conversación con MILENIO, de la Sierra expresó que “todo comenzó como una autocrítica; Timoteo en su inicio fue mi álter ego, que se transformó en un personaje universal que sirve para realizar una ironización de la sociedad actual; con él he intentado reflejar la levedad del Ser”.

Arquitecto de profesión, tras más de una década de dedicarse a dicha actividad estético-pragmática, decidió hinchar las velas por el camino exclusivamente escultórico. En dicha empresa, ha sabido mezclar el sentido administrativo con el creativo; una acertada noción de lo comercial, sin perder la intencionalidad estética tradicional; al respecto, el escultor afirmó: “No me parece que lo comercial y lo, llamémoslo cultural, estén contrapuestos. Mi experiencia en el ámbito arquitectónico me ha dado la posibilidad de establecer un adecuado esquema de negocios, sin perder el sentido de lo que quiero decir con la escultura. Bienales y galerías, casas de cultura y exposiciones comerciales, no se contraponen”.

De esta manera, accedemos a la serie de 20 esculturas y una instalación con 7 más, todas con el personaje central de Timoteo, ser humano caricaturizado que transmite la épica absurda de nuestro tiempo (por cierto, el artista avanzó en la charla que posiblemente lo pueda expandir al mundo de la ilustración, la animación y la pintura).

Así, a través de un justificado didactismo, el autor trabaja en sus esculturas (todas ellas de bronce, aunque con una pátina especial que les da una visibilidad marmórea) una narrativa cercana a la historieta conceptual. Ejemplos de ello son las obras Happiness, en la que un grupo de Timoteos hacen fila, ven la hora, cuentan sus monedas y finalmente pasan frente a una máquina que levanta un espejo para prodigarse una sonrisa en el reflejo; acabado el momento, regresan a la grisura de lo cotidiano. O en Memento mori: un pelotón que se dirige entusiasmado al campo de batalla con la muerte impasible cuidando la retaguardia. Y, quizá la más contundente de todas: Escaleras eléctricas, en la que un grupo de hombres giran en banda potencialmente al infinito. Dependencia inexorable del ser humano y su máquinas, sin sentido de la vida moderna; o, por mejor decir, sentido interno sin resolución, ensimismado e imparable.

Exposición escultórica Todos somos Timoteo de Rodrigo de la Sierra, en exhibición en el Centro Cultural Isidro Fabela-Museo Casa del Risco, Plaza de San Jacinto nº 5, San Ángel, abierta al público hasta el 9 de agosto.