ENTREVISTA | POR RAÚL SILVA

La versión al inglés de su novela 'La historia de mis dientes' fue celebrada por la crítica estadunidense, mientras que hace unos días recibió en Montreal el Premio Metrópolis Azul.

Valeria Luiselli: "Hace falta traducir a nuestros autores"

La autora con los organizadores del Premio, encabezados por Ginny Stikerman.
La autora con los organizadores del Premio, encabezados por Ginny Stikerman. (Metropolis Eleu)

México

The story of my teeth (Coffe House Press), la novela de Valeria Luiselli (1983) publicada en México en 2014 por Sexto Piso Editores como La historia de mis dientes, obtuvo el viernes 15 de abril el Premio Metrópolis Azul, que se otorga cada año en Canadá “a un autor de cualquier país o región por un trabajo de ficción escrito en español, inglés o francés, que explore aspectos de la cultura o la historia de la lengua española”. El reconocimiento patrocinado por Ginny Stikerman y consistente en cinco mil dólares fue entregado a la autora mexicana en una ceremonia en Montreal.

The story of my teeth

"En EU un escritor es un productor de bienes y servicios; en México es visto de forma más romántica"

fue además incluida en 2015 entre las cinco novelas nominadas por críticos y reseñistas estadunidenses al premio del National Book Critics Circle, siendo la primera narradora mexicana en llegar a esta instancia en Nueva York, donde reside desde hace siete años. La crítica literaria anglosajona celebró la aparición de este libro, Jim Krusoe, por ejemplo, lo reseñó así en The New York Times: “Luiselli es una escritora fascinante que no debemos perder de vista, no solo por este libro sino también por el enfoque original con el que encara la ficción, invitando a la participación y a la reacción, e incluso al escepticismo”. A su vez, Heller McAlpin escribió: “Entre los talentos de Luiselli se encuentran su habilidad para combinar la complejidad con la claridad y la solemnidad con la hilaridad”. El aprecio por este libro se expresó también en las reseñas de Los Angeles Times, Granta, The Times Literary Suplement, NPR y Kirkus.

En cambio, las críticas a la novela en español no corrieron por la misma ruta celebratoria. Por ejemplo, en la revista Criticismo, Frida Conn escribió: “Valeria Luiselli posee ingenio y humor, lo ha demostrado, pero La historia de mis dientes, su chiste más reciente, se le salió de las manos”. Roberto Pliego, en MILENIO, es tajante: “El acto de narrar queda así reducido al acto de parlotear sobre las peripecias dentales de algunos escritores coleccionables, da igual si se trata de Platón o de Montaigne que de Borges o Vila Mata”. En Página 12 de Argentina, Violeta Serrano reseña: “A decir verdad, más que de banal, de lo que se podría tildar a esta obra es de erudita en exceso: al estar plagada de dobles sentidos, un lector que carezca de una excelsa cultura puede quedarse fuera del texto más de una vez y no rozar ni de lejos las carcajadas que ciertos fragmentos pretenden”. En El País, Francisco Solano dictaminó: “Todo en esta novela está desacoplado; no hay contexto previo, con excepción del dudoso relato de una vida que remeda el género picaresco”.

A sabiendas de que la crítica literaria suele manifestarse en direcciones opuestas, sobre todo en estos tiempos tan adulterados por la mercadotecnia, resulta ilustrador el análisis que hace Jorge Téllez en Letras Libres, dónde precisamente contrasta el entusiasmo con el que el mundo anglosajón recibió The story of my teeth y la severidad con la cual se reseñó La historia de mis dientes en el mundo hispanoamericano. “Se trata de dos libros diferentes —escribe Téllez—, y no solo por la obviedad que implica el proceso de traducción, sino porque The story of my teeth

La versión en inglés contiene variantes e incluso agrega un capítulo a la versión original

contiene variantes que modifican la versión original e incluso le agregan un nuevo capítulo, que contrasta la vida del personaje principal con hechos históricos y anecdóticos del siglo XX mexicano”. Téllez va más allá, argumentando que el aprecio anglosajón y el desdén hispanoamericano son consecuencia de que uno y otro libro tienen lectores moldeados por percepciones diferentes: el lector promedio estadunidense está “acostumbrado a ver al escritor como un productor de bienes o servicios”, mientras que en México la costumbre es “ver a los artistas mediante el tamiz romántico que permite y fomenta el mecenazgo del Estado, y la relación entre el arte y lo mercantil es tema tabú”.

¿Cómo valoras tu nominación al premio del National Book Critics Circle?

Estoy contenta y muy agradecida. Me parece que es signo de una comunidad literaria sana y generosa. El hecho de que un libro en traducción haya sido considerado para este premio tan importante habla de una comunidad literaria cada vez menos insular y cada vez más abierta al mundo, que se percibe a sí misma como global. En la lista de los novelistas que han ganado el premio solo hay dos que no escribieron en inglés: W. G. Sebald y Roberto Bolaño. La gran mayoría son estadunidenses, aunque también han premiado a la inglesa Helen Fitzgerald y a la nigeriana Chimamanda Nguzi, pero ambas escriben en inglés. Es buena señal que en tiempos recientes se den más nominaciones de escritores no solo extranjeros sino traducidos de una lengua extranjera.

Háblanos de tu libro.

La historia de mis dientes nació a partir de un proyecto muy peculiar y específico, a través de un intercambio con 12 trabajadores en la fábrica de jugos Jumex. Yo no sabía que estaba escribiendo un libro porque básicamente me concentré en ese intercambio con los trabajadores y no sabía que eventualmente haría una novela con ese material. Fue un libro que escribí con una inmensa libertad y desparpajo, con una inmensa alegría y gozo por contar historias y también en un vaivén muy interesante con quienes a fin de cuentas fueron los primeros lectores. Estos trabajadores de Jumex son de algún modo coautores, porque fueron sus ideas, sus voces, sus comentarios, críticas e inquietudes las que fueron dirigiendo la pauta del libro.

¿Cómo viviste la creación de‘La historia de mis dientes’ con gente que en apariencia no tiene una conexión con la literatura?

Fue fascinante y tuve también que despojarme de muchas mañas y muchos prejuicios. Por ejemplo, antes del primer intercambio con los obreros yo asumí que todos iban a ser hombres, pensé que todos eran señores y me los imaginaba a todos como de cierta edad. Entonces construí el personaje narrador Gustavo Sánchez Sánchez, Carretera, pensando en alguien que pudiera tener una cercanía en edad, género y profesión con los obreros de la fábrica. Luego ellos leyeron esta primera entrega y grabaron su lectura en voz alta, con sus comentarios y críticas, como hicieron cada semana después de eso. Cuando me mandaron esa primera grabación me di cuenta de que la mayoría de las personas en el grupo eran mujeres, y desde ahí empezó mi propio enfrentamiento con las ideas que uno se forma de los lectores y que luego resulta que no son como uno creyó que eran. Lo que más me impresionaba de esos intercambios era la frescura y la capacidad crítica que había en ese grupo, porque finalmente tenían interés y se entregaron a la disciplina de reunirse una vez por semana para leer y discutir. Sus comentarios críticos eran tremendos, recibí varios palazos interesantes que me ayudaron a despojarme de muchas mañas.

Además, en mis entregas yo tenía que ser capaz de ofrecer cierto entretenimiento a un grupo de gente que había pasado todo el día trabajando en la fábrica y que, además, se reunía en la noche a leer estas entregas, entonces no podía yo escribir un texto muy soporífero porque se me hubiesen dormido y tenía que mantener un ritmo. El ritmo de la novela es veloz, no es una obra meditativa, se mueve con la lógica de las novelas de panfleto del siglo XIX, en entregas cortas, rápidas, episódicas, con cierto humor satírico.

La novela trata de reflexionar sobre los procedimientos que dentro del arte contemporáneo generan valor agregado a los objetos artísticos. Entonces, por ejemplo, pensaba en el “name-dropping” (recurrir a nombres famosos), en la construcción del artista como un personaje público, en la presencia del artista en su obra, en la importancia del tejido narrativo en torno a una obra, que le da un sentido que quizás no tenga sin ese discurso que la envuelve. Todas esas cosas las iba yo pensando en este diálogo con los obreros, porque además teníamos que reflexionar sobre la exposición que en ese momento se estaba montando en la galería Jumex. Por eso, uno de los mecanismos que incorporé a la novela, traído del mundo de las artes, fue el desplazar nombres de escritores de su contexto habitual, es decir despojarlos de sus referentes usuales y usarlos solo como nombres vacíos, dotados de una identidad distinta y lanzados sobre el texto para ver qué pasaba cuando usas un nombre como Julio Cortázar o Jorge Luis Borges en una historia donde aparecen sin su propia identidad, convertidos en conductores de un camión o farmaceutas o lo que sea. A mí me interesaba el peso de los nombres desplazados de su contexto habitual y puestos en otro contexto, sacar a un hombre del panteón literario y echarlo en la cotidianidad de un modo distinto.

¿‘La historia de mis dientes’ es un libro distinto a ‘The story of my teeth’?

En cierta manera sí. No solo por lo que representa el paso de un idioma a otro, sino también porque en esa labor surgieron cosas inesperadas. Cuando mi traductora, Christina MacSweeney, se dio cuenta que la novela tenía mucho que ver con recurrir a nombres famosos ubicados en otro contexto, para realizar su trabajo hizo una especie de mapa de nombres y bajo cada uno de ellos escribió una pequeña biografía rara. Eso me pareció genial y lo integré a la novela, es una especie de glosario que sobre todo registra a escritores mexicanos asociados con un determinado contexto de la historia de México.

¿Mencionabas a Roberto Bolaño, ¿qué percepción tienes tú de su importancia más allá de la mercadotecnia?

Bolaño no fue parte de mi formación, como lo fueron los escritores del Boom o los Contemporáneos, digamos dentro de la tradición hispana. Yo llegué a Bolaño en mis veintes entrados y me voló la cabeza con Los detectives salvajes, me fascinó, y después también 2666, pero tampoco creo que sea un parteaguas de la literatura hispana. Creo que seguramente es de los mejores y de los más emocionantes, pero visto desde fuera parecería que Bolaño es el único, como un astro solitario, y eso es un problema de mercado, de falta de tradición en cuanto a la traducción de muchos autores valiosos, aunque creo que ahora se traduce más a mi generación, al inglés, al italiano, al alemán, pero sigue existiendo una laguna. Sergio Pitol, por ejemplo, no estaba traducido al inglés hasta hace unos meses, ¿Cómo puede ser eso posible? Lo que esperaría, a partir de ese boom Bolaño en Estados Unidos, es que se genere una cultura de traducción más profunda y cubra nuestra tradición más cabalmente.