Queremos tanto a los Ramones

El grupo se fue diezmando por muerte o deserción, pero retornó con diversas encarnaciones.
Johnny Ramone (1948-2004).
Johnny Ramone (1948-2004). (Especial)

México

En 1992, en lo que Unomásuno describió como "un pabellón herrumbroso y con goteras habilitado como auditorio", el ex Balneario Olímpico de Pantitlán, se presentaron por primera vez en México The Ramones. Para los punketos nacionales fue el paraíso, el terreno fértil para demostrar que en México se quiere mucho a Los Ramones (quitémosle la palabra The y no digamos ramouns, sino ramones).

En su autobiografía Commando (Malpaso Ediciones, 2014), el guitarrista Johnny Ramone (nacido John Cummings) recuerda que en esos días empezaron a tocar mucho en Latinoamérica. "Era fantástico, convocábamos mayores multitudes allí que en ninguna otra parte". Dice que llamó a su esposa para decirle "¡Es increíble, aquí somos como los Beatles!", aunque luego tenía que esconderse porque los fans casi lo destazaban.

El grupo se fue diezmando por muerte o deserción, pero retornó con diversas encarnaciones. Hoy se ven playeras en adolescentes que los siguen con veneración y otros que no saben de qué se trata, haciendo eco de las palabras del guitarrista fallecido en 2004: "Tal vez todos empiecen a quererte después de muerto".

Las canciones del grupo, considera Johnny, eran "rock puro. Como venían del espacio puro del rock, tenían que ser simples, estábamos forzados a que lo fueran debido a nuestras limitadas aptitudes musicales". ¿Pero quién quiere virtuosos cuando la adrenalina se apellida Ramone?

La del guitarrista es como una historia de Cenicienta: gamberro, aspirante a militar y obrero, se volvió uno de los reyes del punk. Su vida, contada de manera directa en Commando, va de su niñez a sus últimos días —aquejado por un cáncer de próstata fulminante—, pasando por sus experiencias como héroe de la clase trabajadora, sus altibajos en la música, su experiencia en las drogas y su fidelidad a un estilo. "Nunca compuse nada parecido a una canción de éxito solo por tener un éxito si no encajaba en nuestro estilo", afirma.

El libro es tan divertido como ejemplar para quien quiera formar una banda en serio, delirante como sus conciertos, conmovedor cuando habla de su enfermedad e ilustrativo en cuanto a la necesidad de ser originales. "Fui afortunado —reflexiona Johnny Ramone en las últimas páginas de Commando—. Cuando leas este libro es posible que ya no esté, pero he tenido una vida, independientemente de cómo se haya torcido ahora. Creo que cuando me quedé sin trabajo en 1974 estaba Dios cuidándome: al poco me metí en una banda y tuve éxito. He sido muy afortunado en la vida y todo lo que tengo se lo debo a mi público".