Tesoros quijotiles en México

Los museos Franz Mayer, en la Ciudad de México, e Iconográfico del Quijote, en Guanajuato, resguardan importantes y valiosas colecciones de libros y figuras inspiradas en el célebre personaje ...

México

El Quijote, según documentos hallados por el cervantista español Francisco Rodríguez Marín, viajó a América tiempo después de su publicación en España, en 1605. Los documentos encontrados a principios del siglo XX en el Archivo General de Indias, de Sevilla, señalan que algunos ejemplares, almacenados en cajas, viajaron en las embarcaciones que partían hacia el Nuevo Continente.

En el claustro alto del Museo Franz Mayer se encuentra la Biblioteca Rogerio Casas-Alatriste, hogar que contiene una "joya quijotil": una segunda edición de 1605 —de las seis ediciones que hubo entonces en toda la Península Ibérica— publicada en Valencia, "una edición sencilla, encuadernada en pergamino con su título en manuscrito, con su exlibris —marca de propiedad—, con notas de los propietarios y escrita en español antiguo. Lo rico de la edición es que viene con sus pies de páginas de manera manuscrita", explica en entrevista con MILENIO Miriam Velázquez, responsable del repositorio.

De los 22 mil volúmenes que tiene la biblioteca, Franz Mayer coleccionó 10 mil libros; entre éstos hay 739 ediciones en 13 idiomas de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, las que, con las donaciones posteriores, suman cerca de 800 ediciones en 19 idiomas.

En esa colección, además de la de 1605, tienen otra edición de gran relevancia: la primera traducción inglesa, una obra que, aunque no viene ilustrada, es muy importante porque solo se conocen tres ejemplares en el mundo.

Sobre la figura de don Quijote, Velázquez relata que los primeros grabados que adornaron las ediciones son anónimos: "Fue una edición holandesa de principios del siglo XVIII: son grabados sencillos hechos en madera —lo que se le conoce como xilografía—, en los que se trataba de ilustrar el Quijote. Cervantes describió al Quijote como un hombre delgado, con nariz aguileña, que estaba loco, lo que dio la pauta para representarlo así a lo largo del tiempo".

El grabado evolucionó: desde la anterior xilografía, después la primera edición de la Real Academia, la cual contrató a los artistas más importantes de la época para ser publicada en Madrid en 1780, hasta el primer Quijote hecho en México, editado en 1833, el cual también está ilustrado. Ambas ediciones están presentes en el Franz Mayer.

Pero la lista de ediciones valiosas que resguarda el recinto sigue: una versión de 1863, ilustrada por "el representante iconográfico más famoso del Quijote": Gustave Doré. El libro, cubierto por una pasta roja y letras doradas, reúne 120 grabados del también ilustrador de La Divina Comedia. Otra de las valiosas versiones grabadas es la de Salvador Dalí, con una técnica diferente y, con la singularidad de que las ilustraciones ya cuentan con color.

Pero también se han hecho ediciones de bolsillo, en formato pequeño y también en versiones para niños; hay una muy curiosa de 1963 que fue donada al museo: es un álbum de estampas que fue distribuido por una marca de chocolates.

La responsable de la biblioteca señala que las ediciones del Quijote son importantes por su antigüedad, su rareza o su contenido, así como por las intervenciones de otros autores, como la versión comentada por Carlos Pellicer, edición que también tienen en sus estantes.

Velázquez se refiere al atractivo y a la actualidad de la obra: una mofa de manera cómica, una crítica a la gubernatura española de esa época, las que, a través de datos chuscos y personajes ficticios, desliza muy bien Cervantes: "Recordemos que en esa época estaba la Inquisición, y entonces Cervantes se escudó muy bien en la locura del Quijote. Actualmente siguen las críticas a los gobiernos de distintos países, por lo que su contenido sigue y seguirá vigente", concluye.

La prueba de los 400 años

Además de Alcalá de Henares (Madrid), Montevideo (Uruguay) y Azul (Argentina), Guanajuato es ciudad cervantina. En el centro de la capital guanajuatense se encuentra el Museo Iconográfico del Quijote, recinto que alberga la Biblioteca Cervantina Eulalio Ferrer. Ésta posee una valiosa colección especializada en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El fondo inicial quedó constituido gracias a la donación del acervo bibliográfico que durante décadas reunió Eulalio Ferrer Rodríguez, quien coleccionó ediciones de la obra en español de diversos países y épocas: una de Madrid de 1624, otra mexicana de 1880 y otra de Buenos Aires de 1914, explicó en entrevista con MILENIO Onofre Sánchez, director general del museo.

Cerca de dos mil volúmenes sobre el Quijote resguarda la biblioteca: ediciones antiguas, normales, raras, curiosas o traducciones son resguardadas. "Tenemos una colección de 250 ediciones distintas en español del Quijote, además de 40 ediciones de otros idiomas como el tailandés, el mandarín, el japonés, el ruso, el checo y hasta una en quechua (Perú)". El resto de los libros son obras teóricas, críticas, monográficas, biográficas e históricas sobre Miguel de Cervantes y su obra.

La edición más antigua que el recinto atesora es un facsimilar de la primera edición de 1605, y otra de 1615, editadas e impresas en Madrid. En cuanto a la más actual, es un trabajo que el museo hizo con la Universidad Autónoma de Madrid, con el investigador y filólogo Lorenzo Sevilla: "Lo que hizo fue recuperar y extraer de las ediciones principales los manuscritos de aquella época —novelas, lo que escribió de teatro y hasta la poesía suelta de Cervantes—, lo que fue editado y publicado. El resultado de esa colaboración fue un libro que está a la venta y a disposición del público en la biblioteca".

Otro de los aportes cervantinos del museo es una adaptación del Quijote para un público infantil: una edición en otomí, lengua vernácula de Guanajuato. La intensión fue que llegara a las manos de niños guanajuatenses hablantes del otomí para que la lengua siga viva, expresó Sánchez. El autor de la versión y traductor fue José Luis Romo, un artista cuya obra está realizada sobre la penca de maguey.

El director del museo reflexionó que el éxito y el gusto por esa "gran obra" se debe a "que el Quijote ya pasó la prueba de los 400 años. En lo que es Occidente, la Biblia y el Quijote son los libros más vendidos de manera permanente. Es rara la casa en la que no haya esos dos libros". Agregó que por ser una novela maravillosa se sigue leyendo y no pierde su actualidad, además de que es una novela graciosa y con un gran sentido humano: "¡Cervantes era un genio!", remató.

Actividades

Los museos Iconográfico del Quijote y el Franz Mayer (que tiene una edición del falso Quijote) realizarán actividades para recordar los 400 años de la muerte de Cervantes. El primero, en coordinación con el Instituto Mexicano del Seguro Social, en el Centro Médico Nacional Siglo XXI de la Ciudad de México, realizará las Jornadas artísticas cervantinas, que inician el 22 de abril y en las que habrá una muestra con 70 obras, como pinturas y grabados del acervo del museo; el segundo celebrará el sábado 23 de abril el Día Mundial del Libro, de 12:00 a 14:00, en su claustro alto.


El falso 'Quijote'

En 1605 se publicó la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha; posteriormente, en 1613, apareció un Quijote apócrifo, publicado, como dijo Cervantes, por "un tal Avellaneda que quiere usurpar mi nombre". Debido al éxito de la obra original, Avellaneda trató de realizar la continuación de la primera parte, pero incluso se equivocó con algunos personajes. Cervantes la leyó y, dicen algunos especialistas, publicó su segunda parte a consecuencia de ese Quijote falso.

En un capítulo de esa segunda parte, Cervantes lo mencionó y se mofó de los errores que tuvo el falso autor. El escritor decidió concluir con la muerte de su personaje para que ya no hubiera continuidad.

Otra hipótesis de algunos estudiosos señala que el autor del apócrifo fue alguna persona con la que Cervantes tuvo rencillas literarias en la época. En 1615 se publicó la segunda parte del Quijote, y el 22 de abril de 1616 murió Cervantes, lo cual ya no le permitió disfrutar del éxito que tuvo su novela con las ediciones grabadas.