Terreno de libertad

Hablar ahora del toreo, lo confirma como un arte que vuelve a la palestra planetaria con morbosa periodicidad, es decir, cada vez que el drama se materializa en el ruedo a partir de la muerte ...
José Tomás, Diálogo con Navegante, APP, México, 2014, 152 pp.
José Tomás, Diálogo con Navegante, APP, México, 2014, 152 pp. (Especial)

México

Visible un momento, invisible una eternidad. Así lo identificó el pensador español José Bergamín. Avecindado durante años en este México, aquí publicó sus primeras obras y encabezó empresas editoriales, Bergamín observó al toreo como un arte (como la danza y la música) transparente, efímero, silencioso, espiritual, dramático, ritual, amoroso y de permanencia. Burlesco, también, como lo define el título de su ópera prima dedicada a la maravillosa experiencia, El arte de birlibirloque, por cierto objeción a El toreo, arte católico, de su coterráneo José Alameda.

Hablar ahora del toreo, lo confirma como un arte que vuelve a la palestra planetaria con morbosa periodicidad, es decir, cada vez que el drama se materializa en el ruedo a partir de la muerte del hombre, o cuando surgen los llamados “toreros de época”. Eventos, confluentes o no, pero que nos enseñan (y muestran) “por qué y hasta cuándo estamos aquí; lo perecedera que es la vida y cómo, gracias a que es finita y limitada por la muerte, ella no es una rutina aburrida y catatónica, sino una aventura tan intensa y prodigiosa como fugaz”, expresa Mario Vargas Llosa.

La tarde del 24 de abril de 2010, José Tomás (1975) sufrió una gravísima cornada en la plaza de Aguascalientes que lo puso al borde de la muerte. Navegante, el astado que se la ocasionó, cobró el tributo de la educación taurina del torero, según lo advirtió precisamente el diestro español, en diálogo con el marcado con el número 87 y de 473 kilos de peso. “En esos momentos en los que no estaba claro el futuro de la pierna —le dice a la bestia— lo único que podía era agradeceros todo lo que me habías dado…

“Fue más hermoso que nunca reencontrarme con las sensaciones de siempre, coger una muleta, torear de salón, hacer un tentadero, ponerme el traje de luces, llegar a una plaza de toros, y liarme el capote de paseo para volver a pisar el terreno de la libertad. La libertad que se siente en el ruedo poniendo la vida en juego, aunque, eso sí, a cambio de más vida todavía, la que nos regaláis con la posibilidad de templar vuestras embestidas despacito, muy despacito”.

Este diálogo y nueve textos más (Vargas Llosa, Luis Abril, Paco Aguado, Araceli Guillaume-Alonso, Agustín Morales Padilla, Natalia Radetich Filinich, Zabala de la Serna, Carlos Loret de Mola y François  Zumbiehl) se reproducen ahora en Diálogo con Navegante. Prueba de la vitalidad de un rito antiguo, “paradoja de la condición humana en el que la vida es inseparable de la muerte” (Vargas Llosa) y “latente amenaza al pensamiento único de estos tiempos revueltos de mercados virtuales y despachos corrompidos” (Aguado).