Terence Blanchard: la música como comentario social

“Mi deseo es que el mundo se vuelva un mejor lugar gracias a la experiencia del arte en general, no solo de la música”, dice el trompetista.
El arte reacciona a un ambiente, a una cultura, a cierta ideología, asegura el músico de Nueva Orleans.
El arte reacciona a un ambiente, a una cultura, a cierta ideología, asegura el músico de Nueva Orleans. (Especial)

México

Alguna vez se pensó en el trompetista Terence Blanchard (Nueva Orleans, 1962) como una especie de clon de Wynton Marsalis, pues además de compartir un origen común y ser parte de la banda de los Jazz Messengers de Art Blakey en su juventud —después de Wynton—, apareció en escena durante la época del llamado movimiento de los jóvenes leones.

Si durante varios años el movimiento causó polémica por su espíritu conservador, con el tiempo la propuesta de Blanchard, como la de algunos otros músicos, tomó su propio rumbo. A sus dotes de jazzista, hay que agregar su talento como compositor de música para películas, obras de teatro, programas de televisión y hasta una ópera Champion, dedicada al polémico boxeador Emile Griffith.

El trompetista que el 21 de marzo se presentará con su grupo en el Festival Centro Histórico México en la intimidad del Zinco Jazz Club, recuerda haber vivido su infancia en “un ambiente musical vital. La música es parte de la vida diaria: la escuchas cuando vas a dormirte, cuando vas a funerales o a diferentes tipos de celebraciones. La música forma parte muy importante de todo lo que hacemos. Tenemos bandas de diferentes tipos tocando por toda la ciudad, desde que empieza el día, hasta que acaba. Es una parte natural de lo que somos”.

Sin embargo, en 2005, el huracán Katrina causó numerosos estragos en Nueva Orleans, sobre todo resultado de la incompetencia de las autoridades para prevenir el desastre, algo que registra el cineasta Spike Lee en el documental Whenthe Levees Broke, musicalizado por Terence Blanchard. Catorce años después, afirma el músico, “buena parte de la ciudad ha sido reconstruida y lo que se siente es que la gente está luchando. Pero una de las cosas de las que se dio cuenta la gente es que no se puede confiar en el gobierno. Ante la adversidad la gente se unió. Yo recuerdo momentos muy hermosos de la gente luchando junta para sobrevivir”.

¿Qué recuerda de su paso por los Jazz Messengers de Art Blakey?

Recuerdo que nos decía: nunca te pongas ni por encima ni por debajo del público, simplemente toca lo que sale directo de tu corazón. Esos eran conceptos para él muy importantes y que todavía tomo en cuenta, porque son trascendentes no solo en la música, sino en la vida en general. De Blakey, la gente aprendía sobre la vida.

Mucho se habla de la voz personal en los jazzistas, pero llama la atención que, en una entrevista, proclamó que en sus grupos no debe buscarse “el sonido Blanchard”.

Bueno… cuando veo a las grandes bandas a las que adoro siempre hay un movimiento colectivo, compartido. Esto lo ves en las bandas de John Coltrane, Ornette Coleman, Miles Davis, Thelonious Monk, Clifford Brown y Max Roach. Todos esos grupos tenían músicos fuertes, todos en el mismo espacio,
así que para mí un grupo no tiene que ver con una persona, sino con un colectivo de músicos que buscan crear algo único.

Tanto en la música de sus grupos, como en la que realiza para cine, hay referencias a la cultura afroamericana e incluso críticas a fenómenos como el racismo y la intolerancia —especialmente en sus “soundtracks”—. ¿Cree en el poder de la música como crítica social?

Yo crecí con la idea de que el arte siempre debe hacer un comentario social de algún tipo, porque reacciona a un ambiente, a una cultura, a cierto tipo de ideología. Así que yo pienso que, cualquier artista consciente, tiene hacer un comentario sobre lo que sucede en su entorno. Mi deseo es que el mundo se vuelva un mejor lugar gracias a la experiencia del arte, no solo de la música, sino del arte en general, permitiendo que toque los corazones de la gente.

LARGA RELACIÓN CON EL CINEASTA SPIKE LEE

-Compositor con gran experiencia en el cine, que comenzó como trompetista al grabar las partes musicales que interpretaba el actor Denzel Washington en la película de Spike Lee Mo’ Better Blues en 1990, un año después escribió su primer soundtrack para Jungle Fever, también dirigida por Lee, relación que se enriquecería con muchas otras películas —además ha trabajado con otros directores en thrillers, comedias, miniseries y documentales—.

“Nunca había planeado ser compositor de música para cine —afirma el trompetista—. Simplemente ocurrió que en la película Mo’Better Blues me escuchó Spike Lee y me pidió algo de música, y así lo hice. Escribir para sus películas ha sido una experiencia muy gratificante, una gran experiencia”.

El compositor que ha musicalizado la mayoría de las cintas del realizador afroamericano, como Clockers, El verano de Sam, Malcolm X y Miracle of St. Anna, asegura que en ellas no solo ha aprendido sobre escribir música para cine, “sino sobre su estilo para hacer cine. Me ha ayudado a definir un sonido para mí mismo en una cinta. Su acercamiento al material melódico es único, pues en la partitura establece el tono de todo lo que sucede en la pantalla. Y, por ser parte de ello, me siento muy orgulloso”.