Teatro y neurociencias, el camino de Salvador Esparza en el MIT

El alumno atribuye gran parte de sus logros al apoyo de sus papás, quienes abandonaron la educación media superior y migraron a Estados Unidos.
En su primer año de universidad el estudiante se unió a una organización hispana.
En su primer año de universidad el estudiante se unió a una organización hispana. (Allegra Boverman/MIT)

México

Cuando Salvador Esparza, estudiante del Massachusetts Institute of Technology (MIT),  camine en junio por el escenario del Killian Court de esa prestigiada universidad y reciba su título en ciencias cognitivas y cerebrales (con especialización en artes teatrales), él habrá ganado algo más que un diploma, será el primero en su familia en terminar los estudios superiores.

En entrevista con MILENIO, el joven de 21 años comentó que piensa continuar con su preparación hasta lograr la especialización en psiquiatría, pero además aseguró que no quiere dejar de actuar. “Los profesores me han dicho que para qué continúo haciendo teatro si quiero ser un médico, pero yo me siento más completo cuando estoy haciendo las dos cosas”, señaló.

“Lo que es muy fascinante es que, como estoy estudiando neurociencia, para trabajar en teatro y tener que actuar es muy importante entender la psicología de los personajes y me ha dado mucho beneficio combinar los dos caminos”, afirmó Esparza.

Aunque ha participado en varias obras de teatro, principalmente de Shakespeare, según el estudiante la puesta en escena que más le ha servido en su carrera fue la de Tío Vania, de Antón Chéjov.

“En la visión de la obra de la directora todos los personajes tenían un problema mental, yo hice al Tío Vania (el personaje principal), y ella quería que el personaje fuera esquizofrénico, entonces tuve que investigar mucho sobre los síntomas que experimentan los que tienen esa enfermedad, fue una experiencia muy importante para mí”, detalló.

Esparza encontró en el MIT el espacio para sus dos pasiones: la psiquiatría y el teatro, pero también halló a un grupo de mexicanos con los que además hizo equipo para estudiar, ayudar a las minorías y aprender más sobre sus orígenes; sin embargo, el camino para llegar hasta ese punto no fue fácil.

Sin límites

Sal, como lo llaman sus compañeros, atribuye gran parte de lo que ha logrado a sus padres, oriundos de Huejúcar, Jalisco.

“En la secundaria es cuando sacaron a mi papá de la escuela, mi abuelo quería que se quedara a laborar en el rancho... Mi mamá empezó su primer año de prepa, pero también la dejó”, explicó.

Dos años antes del nacimiento de Salvador, sus papás emigraron a Estados Unidos, pero “los primeros siete años de mi vida era solo español lo que hablaba en la casa”.

Por ello tuvo que inscribirse en primaria a los cursos especiales de English Second Language (ESL), “solo éramos yo y otra estudiante mexicana que no hablábamos inglés…”, recordó.

Una vez que aprendió el idioma comenzó a sobresalir en sus clases, por lo que fue seleccionado para un programa en la Academia de Matemáticas y Ciencias de Illinois, una preparatoria residencial.

“Las escuelas en mi ciudad (Berwyn, Illinois) no son muy buenas. Yo me acuerdo que cuando me aceptaron en esa prepa mis maestros me dijeron que me tenía que ir, que no tenía futuro donde estábamos.

“Cuando me aceptaron en esa prepa mis papás me dijeron que era mi decisión. Ellos han hecho muchos sacrificios, porque eso costó más dinero, además del esfuerzo de apoyarme desde la distancia, llevo siete años sin vivir en casa”, comentó.

Actualmente vive a mil millas de sus padres, “pero siempre han apoyado mis estudios y mi pasión por el arte, en noviembre mi mamá voló desde Chicago nada más para verme actuar en Hamlet, ellos han sido lo mejor”, reiteró.

Lucha en el instituto

Ingresar al MIT “ha sido un sueño. Yo no quería aplicar porque pensé que no calificaba o que era algo que no merecía, pero tuve mucho apoyo de mis maestros de la prepa”.

En esa universidad Esparza encontró más apoyo al unirse a La Unión Chicana por Aztlán (LUChA), una organización mexico-estadunidense en el MIT.

“Me encanta esa comunidad, porque en Chicago mi influencia mexicana era solo entre mi familia; en el MIT esta organización se dedica a hablar sobre nuestra historia y participar en cosas políticas”, explicó.

“Me acuerdo que mi primer año estábamos ayudando a impulsar el Dream Act (iniciativa gubernamental de apoyo a migrantes), haciendo llamadas a políticos y haciendo mucho trabajo”, dijo.

Los miembros de LUChA son de varios países, pero hay entre 25 y 30 mexicanos activos que celebran efemérides como el 5 de Mayo o el Día de Muertos. “Siempre tenemos eventos que son una oportunidad para poder convivir con más gente que también tiene estas tradiciones”, dijo.

Ahora Esparza fundó una organización con una amiga africana para ayudar a alumnos de grupos minoritarios que quieren ser doctores. “Estamos ayudando a los aspirantes para darles información y conexiones que necesitan”.

Aunque le faltan ocho años para recibirse como psiquiatra (cuatro de medicina, tres de residencia y otro de especialización), dice que “ya pasó lo más difícil, ya me siento más preparado”.

No obstante, durante un año trabajará en una compañía que diseña software para hospitales. “Quiero más experiencia en la práctica médica, y la medicina cada vez está siendo más dependiente de la tecnología”, concluyó.

Claves

Intercambios

- The Association of Boarding Schools, organización de escuelas privadas internacionales con modalidad de internado, informó que de 2010 y a la fecha México es el tercer país con mayor número de estudiantes en Estados Unidos y Canadá.

- Los datos de la asociación en el año escolar 2010-2011 reportan que había 865 mexicanos, de 2011 a 2012 se reportaron mil 169. Actualmente cuentan con el registro de mil 99 estudiantes.

- Según un informe presentado por esa asociación, en primer lugar se encuentran lo estudiantes de China, seguidos por los de Corea del Sur. Después de los mexicanos están los procedentes de Taiwán, Japón, Vietnam, Rusia y España.