Teatro: Román, Premio Casa de las Américas

Si Alejandro Román ha sido encasillado por tratar los temas del narcotráfico, la migración y los feminicidios, con Blanco con sangre negra logra otros vuelos poéticos sin renunciar a un camino ...
Vuelos poéticos.
Vuelos poéticos. (Especial)

México

Si no recuerdo mal, el Premio Casa de las Américas de Cuba en el área de Dramaturgia solo ha sido ganado por dos mexicanos con anterioridad: Jorge Ibargüengoitia en 1962 por El atentado, y Otto Minera en 1983 por Siete pecados en la capital. El prestigioso galardón tiene, como el Tirso de Molina de España, una tradición grande y en su nómina de premiados se cuentan escritores importantísimos de Latinoamérica y el Caribe. La primera vez que se convocó fue en 1959, y la distinción para el género teatral tiene carácter bienal. La prensa mexicana no ha recogido aún la noticia de que Alejandro Román es el tercer mexicano en ganar el Premio Casa de las Américas en 2014 por su obra teatral Blanco con sangre negra. Hace ya dos meses se anunció el fallo que dieron los jurados Gustavo Ott (Venezuela), Ignacio Apolo (Argentina), Soledad Lagos (Chile), Osvaldo Cano (Cuba) y Javier Jurado (Colombia), a quienes el texto les pareció una “…propuesta de gran riesgo, que desafía con su lenguaje poético el canon existente; [fue premiada] por la potencia de sus imágenes; por tratarse de una literatura dramática de gran profundidad, que provoca a sus realizadores y, en su instancia final, al público; por entretejer un tema contemporáneo y político con una reflexión sobre el arte, dialogando con su época y desafiando las propuestas estéticas”.

En Blanco con sangre negra Alejandro Román hace un tramado contemporáneo de dos historias en torno a la barbarie: la de un inmigrante de Benin atrapado por la migración española en Tenerife después de haber huido del terror y la persecución en su país por ser un negro albino, y la del proceso de creación del cuadro del Guernica por Pablo Picasso durante la Guerra Civil española. Ante la mirada de Moszi en la oficina de detención de Tenerife, en la época actual, se halla un cartel con la reproducción del famoso cuadro de Picasso. Y para ese blanco con sangre negra la pintura plasma su tragedia personal, su agonía en la huida para no ser presa de rituales de su tribu en donde se desmembra a los negros albinos para crear amuletos mágicos de fortuna y poder. Su mirada atónita ante un cuadro que lo dice a él permite al dramaturgo desdoblar la estructura y el tiempo ficcional en la segunda historia, la de la crisis del pintor y su relación con la barbarie en boca de su amante Dora Maar.

Si Alejandro Román ha sido encasillado por tratar los temas del narcotráfico, la migración y los feminicidios, con Blanco con sangre negra logra otros vuelos poéticos sin renunciar a un camino formal que lleva años desarrollando. ¡Felicidades!