La crítica: Teatro: 30 Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz /Y II

La imaginación del futuro es, como enuncia el propio grupo, una "ficción libre y desfachatada" que se mete con la izquierda igual que con la derecha
'La imaginación del futuro'.
'La imaginación del futuro'. (Especial)

México

Resultó una potente programación la del Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz en este 2015, y no dudo que algunas de las obras llegarán a verse en nuestros escenarios. He querido dejar para lo último —en este recuento— el terremoto mayor del FIT... Lo que nos dejó con el culo pa'rriba y puso en unas cuantas réplicas, además, a México en el mapa en cuanto discurso, aún más que los propios mexicanos. No para bien pero es lo que nos hemos ganado con los gobiernos que hemos tenido. La percepción en el extranjero de nuestra vida pública violenta, por mucho que se maquille, no puede ser buena.

Me refiero al trabajo chileno La imaginación del futuro, del grupo La Re-Sentida, que re-visita el pasado chileno pasando a cuchillo todo, incluida la impoluta y deificada figura de Salvador Allende. Y si esta puesta es perturbadora a más no poder para quienes crecimos todavía en el borde de las utopías posibles y el imaginario romántico de las revoluciones humanistas y justas en Latinoamérica, para el público en Chile resulta brutal y no han sido pocas las polémicas e incluso agresiones que ha recibido esta agrupación teatral. Meterse con Allende pone a muchos mal (me incluyo), pero en esta ficción libre el tiempo es una cosa elástica y sin forma. Me explico para el lector: la obra imagina a unos "súper" asesores presidenciales completamente actuales (de pensamiento neoliberal y tecnologizados) intentando salvar a Chile de 17 años de dictadura por las decisiones "dudosas" de Allende. Intentan "salvar a Salvador" de su propia catástrofe metiéndolo en una especie de talk show que revierta la situación de alguna manera.

La imaginación del futuro es, como enuncia el propio grupo, una "ficción libre y desfachatada" que se mete con la izquierda igual que con la derecha, y pone todo en cuestión: habla de la barbarie deshumanizante, somete a juicio también a José María Aznar, a Enrique Peña Nieto y a varios gobernantes más. Este rabioso reclamo, que curiosamente nunca menciona a Pinochet (y puede que ni falta haga), es imposible que deje al espectador indiferente. Revuelve tripas, corazón y cabeza: indigna-fascina-revienta. Bajo la dirección de Marco Layera y una dramaturgia de grupo, el formato de esta exploración escénica es digno de estudiarse y jugarse en muchos otros contextos iberoamericanos porque es potente y revulsivo.

Muchas cosas quedan en el tintero dignas de mencionar de esta edición 30 del Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz, una "gozada" escénica que madura muy juvenilmente.