La crítica: Teatro: 30 Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz /II

La diversidad de procedimientos estéticos y mundos desplegados en los 27 espectáculos participantes dan cuenta de las tendencias por las que transita el teatro en nuestra lengua.
'El loco y la camisa'.
'El loco y la camisa'. (Especial)

Amén de la presencia mexicana a través de Vaca 35 Teatro (que ya mencionamos la semana pasada), el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz contó este 2015 con producciones de Argentina, Bolivia-Ecuador, Chile, Cuba, España, Perú, Portugal y Uruguay. La diversidad de procedimientos estéticos y mundos desplegados en los 27 espectáculos participantes dan cuenta de las tendencias por las que transita el teatro en nuestra lengua y, salvo un par de ellos —desde mi perspectiva—, sostienen un nivel de calidad que demuestra por qué esta cita anual en tierra gaditana es tan cara a las aspiraciones de muchísimos teatristas de Latinoamérica.

Federico León es un teatrista argentino controversial y con un singular éxito que lo ha llevado por escenarios de Alemania, Estados Unidos y muchos otros países. Fue (si no recuerdo mal) asistente de dirección de Bob Wilson, y pertenece, junto con Lola Arias, a una línea de trabajo que busca explorar-romper-doblar los límites entre realidad-ficción-representación.

Con Las ideas, León propuso al público del FIT adentrarse de manera incluso bastante jocosa en el proceso de creación de un espectáculo como si se tratara de cajas chinas. Con la tecnología como un protagonista más de este trabajo autorreferencial, Las ideas se contrapone completamente a otra de las propuestas argentinas en el FIT que circula por la otra acera —de manera magnífica— y que suele dominar la escena porteña: un realismo puntual y con drama puro, increíblemente bien ejecutado por actores y director. Me refiero a El loco y la camisa, de Nelson Valente, trabajo que ha participado en muchos festivales internacionales y lleva cinco años en la cartelera de Buenos Aires. Es desde esos códigos insertos en la tradición que Valente nos vuele la cabeza con esta historia familiar, que con el componente de un "loco" dinamita la "normalidad" y pone en cuestión todos los parámetros de lo sano.

Curioso pero la obra de Marianella Moreno, de Uruguay, parece transitar entre los dos polos de las obras argentinas mencionadas: realismo (ficción pura) y puesta en cuestión de los límites de realidad en el teatro. Con No daré hijos. Daré versos, Moreno nos mete en la historia de la poeta Delmira Agustini, asesinada por su ex marido en 1914. La dramaturga-directora entra y sale de convenciones varias (ficción, metateatralidad, coralidad, musicalidad), jugando como se le pega la gana con sus recursos, en un trabajo memorable.