Teatro: Dramaturgia Chilena /I

Puesta en escena: Aliocha de la Sotta.
Puesta en escena: Aliocha de la Sotta. (Elio Frugone)

No es un secreto que la circulación de obras teatrales entre los países hispanoparlantes sigue siendo una utopía, salpimentada de pequeños-grandes esfuerzos que difícilmente hablan de una articulación de políticas culturales entre países. Incluso cuando están involucrados dineros públicos, si algunas cosas comienzan a marchar bien en ese precario ir y venir de estéticas y artistas, suele deberse a la tenacidad de personas específicas. El programa Iberescena, por ejemplo, ha sido un buen peldaño para los intercambios teatrales y dancísticos entre nuestros países pero nunca habrá dinero que alcance. Y, sin embargo, gracias a ese peldaño que lleva ya casi una década, hoy la circulación de teatristas es más intensa (con o sin apoyos) que antes de que existiera. Es decir, Iberescena sí ha contribuido a ese flujo aunque sea discontinuo.

En el territorio de la circulación de los textos para la escena, entre los países que comparten mismo código lingüístico, seguimos siendo grandes desconocidos en términos generales. Del teatro chileno los nombres de Jorge Díaz, Ramón Griffero, Benjamín Galemiri y Juan Radrigán han llegado a México como ecos exóticos. Marco Antonio de la Parra ha sido hasta hora el más difundido y vinculado a nuestro país por sus constantes visitas. Y de las nuevas generaciones menos se conoce aún, salvo el nombre de Guillermo Calderón, que tiene su particular boom internacional. A una potente y rica camada de escritores de teatro posdictadura como Benito Escobar, Ana Harcha, Lucía de la Maza, Coca Duarte, Juan Claudio Burgos, Cristian Figueroa, Andrés Kalawski, Luis Barrales, Manuela Infante, Mauricio Barría y Alexis Moreno, se ha sumado una nueva que pisa fuerte en los escenarios chilenos compuesta por autores como Bosco Cayo, Eduardo Pavez, Gerardo Oettinger, Emilia Noguera y Elisa Zulueta, entre otros.

Para la estudiosa Amalà Saint-Pierre, “la Generación 2000 se encuentra saliendo de la transición democrática y entrando en una era de grandes cambios sociales. Es multifacética y de horizontes teatrales diversos; no escriben sobre los mismos temas ni buscan los mismos formatos”. Y explica que sus creaciones van en cuatro líneas que ella identifica como “la experimentación posmoderna, la manifestación de lo grotesco, la manifestación de lo alegórico y la manifestación de lo real”. También, desde otro acercamiento, nos habla de dos ejes: el de “la contingencia y actualidad hiperreal” y el de “dramaturgia de la memoria” que aborda el pasado dictatorial con procedimientos contemporáneos.