Teatro: Bardolatría WS /I

El especialista británico Giles Ramsey dice que sus “escritos no han sido tratados con la misma cortesía” al referirse a que hasta la fecha nadie ha perturbado la paz de los huesos físicos de ...
Un clásico para siempre.
Un clásico para siempre. (Especial)

México

A 450 años de su nacimiento (que se especula ocurrió un 23 de abril de 1564) y a 398 de su muerte (ocurrida otro 23 de abril pero de 1616), la “bardolatría” por William Shakespeare es más vibrante y extendida que nunca por efecto obvio de la globalidad. Y tal “bardolatría”, término acuñado por el también dramaturgo George Bernard Shaw, nos demuestra no solo las urgencias de estar a la moda con los aniversarios sino la absoluta vigencia y vitalidad que provoca la obra del autor isabelino. En el epitafio que él mismo escribió para su lápida se lee:

Buen amigo, por Jesús, abstente

de sacar los restos aquí enterrados.

Bendito aquel que estas piedras respete,

y maldito quien mis huesos remueva.

Si bien se piensa que tales palabras procuraban conjurar la posibilidad de que su huesos fueran removidos de su tumba y quemados tal como era la costumbre para “abrir espacio” a los nuevos muertos en los saturados cementerios ingleses, no puedo sino pensar en la ironía de que a William no han dejado de zarandearle los huesos a través de su obra desde tiempos muy tempranos después de su muerte. Y sigue sucediendo desde entonces pues no solo en los escenarios teatrales se le manosea o se le toma como detonador para cientos de otras obras —de originalidad de otras plumas— sino que se le ha pasado sin problema a otros formatos que van desde la ópera hasta el Twitter o el cómic. Y es que los huesos de Shakespeare lo resisten todo porque, aunque se les rompa, triture y muela o se vierta ácido sobre ellos, en el fondo se conserva el ADN.

El especialista británico Giles Ramsey dice que sus “escritos no han sido tratados con la misma cortesía” al referirse a que hasta la fecha nadie ha perturbado la paz de los huesos físicos de Shakespeare, y continúa diciendo que “no hay muchos escritores en la historia a cuyas obras se les haya metido mano de manera tan poco ceremoniosa”, y es porque desde los grandes teatristas hasta los estudiantes de bachillerato “sienten de algún modo que pueden clarificar, redefinir y en general mejorar sus obras”. Y este vicio urgente de meter las manos en los huesos literarios de Shakespeare, para el experto mexicano Alfredo Michel, se debe a que “siguen provocando cualquier cantidad de respuestas creativas de mayor o menor calidad” y “a su concomitante talento para detectar y recoger tramas y temas de gran peso a partir de diversas fuentes, y con todo ello escribir obras derivativas que, a su vez, han pasado a ser punto de partida para miles de otros derivados”.