No aplaudir a Tartufo

Semáforo
Semáforo
(Carl Hoff)

México

Trata de un santurrón que finge virtud y termina destruyendo una familia entera y despojándola de todo: dinero, bienes, prestigio. Sabemos que en 1664 se representó una versión en tres actos y que La Grange la consideró "perfecta". Pero esa no es la versión que tenemos nosotros. Se publica, como la conocemos, en 1669, después de una historia de censuras y persecución: prohibida para su exhibición pública, con gran éxito en lecturas privadas, aplaudida por Luis XIV y condenada por la Iglesia, bajo pena de excomunión a quien la representara, leyera o escuchara.

Molière puede siempre fascinarnos con personajes tontos, medianos, necios. Aristóteles dijo que la tragedia presenta a los hombres mejores de lo que son, mientras que la comedia debe presentarlos tal como son. Los héroes, con su sola presencia, aportan cosas profundas y mayores; la gente común, en cambio, resulta sosa, a menos que caiga en manos de un gran autor. Y Molière es enorme, pero el Tartufo lleva al espectador al borde de un abismo negro que conoce muy bien: un perverso que finge virtud suele ser indistinguible del verdadero virtuoso. El conflicto está en la última escena. Después de que Tartufo ha despojado a Orgón y su familia de todos sus bienes —tras haberlos incluso calumniado exitosamente frente a sus vecinos y hasta conseguido una orden de arresto contra Orgón, su protector—, se presenta con un gendarme que habría de cumplir la orden judicial y el acabose de quienes lo protegieron. Pero, sin justificación ninguna, el propio gendarme se da la vuelta y detiene a Tartufo por supuestas órdenes del rey. Es el final más inverosímil, torpe y lamentable en todo Molière. La obra de hecho acabó antes: con la destrucción del hombre sencillo; Molière simplemente añadió una trompetilla contra su público para acallar al coro de los hipócritas de la virtud.

Algo tan impostado, indigno de Molière, debe tener otra lectura: tiene que ser un insulto a la censura, tan ostentoso que transforma todo el desarrollo de la obra en una verdadera tragedia sin héroes: la de la gente simple, buena y boba, a merced de los hipócritas que se fingen guías virtuosos. Era una comedia, pero la censura dejó una obra invadida por el terror del hombre común, inerme ante la impostura de aquel a quien mantiene, enriquece, y encima, admira y convierte en su guía y líder.

Dijo Molière de su Tartufo: "Las personas que en ella aparecen satirizadas por mí eran más poderosas en Francia que todas aquellas con las que hice lo propio hasta hoy: los marqueses, las 'preciosas', los maridos cornudos y los médicos sufrieron con paciencia que los sacase a escena y fingieron divertirse como todo el mundo con el retrato que hice de ellos. Mas los hipócritas no entendieron de bromas y no tardaron en poner el grito en el cielo, pues no salían de su asombro ante mi osadía de retratar sus ademanes y denostar una práctica a la que hoy es dada tanta gente principal". Si no ha visto la obra, existen varias versiones en YouTube y ya sabe que no tiene que aplaudir. Pregúntese luego si va a votar, y por quién. Acuérdese que Tartufo no soporta ni risa ni sonrisa.