Tareas del teatro

La gente de teatro tiene para este 2015 muchas tareas que pasan por el repensar su rol social y sus necesidades discursivas.
El arte escénico ayuda a sanar heridas.
El arte escénico ayuda a sanar heridas. (Especial)

México

La situación que vive el país con la acumulación de cadáveres y desaparecidos vía la violencia, pone a la gente de la cultura ante enormes retos. Y en el concepto incluyo tanto a las instituciones como a las agrupaciones civiles y a los creadores en general. El caso Iguala terminó por desbordar el descontento e indignación de la ciudadanía, y cientos de acciones artísticas se han desarrollado desde ese momento en todo el país e incluso el mundo. Me parece que la gente de teatro tiene para este 2015 muchas tareas que pasan por el repensar su rol social y sus necesidades discursivas; también, si las zonas de confort por las que se pelea con un canibalismo singular realmente son los escenarios a conquistar cuando cerca del 90 por ciento de la población nunca ha entrado a un teatro.

Hace unos días leía en estas páginas una nota de Jesús Alejo sobre el Programa Cultura para la Armonía y sus avances en la plaza pionera que es Michoacán. Es evidente que los logros en la divulgación del cine y lo que genera en tanto espacios de convivencia y de reencuentro social están comenzando a rendir frutos. Yo había sido muy crítico respecto a la escasa incorporación de los artistas michoacanos del teatro al Programa, pero ahora llega información de su implementación. Evidentemente se requiere de un plan maestro que no es fácil de armar, pero que el llevarlo a cabo no debe desperdiciar recursos en la generación de burocracias sino en la inversión en la tarea sustantiva: producción, corredores y pago de artistas. Si eso se logra será una gran cosa.

Y hacer la legua y generar grupos artísticos comunitarios perfectamente puede conseguir un “mediano” y “largo plazo” que hoy solo se antoja “corto”. En esta misma columna se han mencionado muchas experiencias en nuestro país que han valido y valen la pena, generalmente vinculadas con iniciativas civiles más que institucionales. En Colombia, por ejemplo, el “teatro comunitario” sirvió durante la guerra sucia como gesto identitario y como elemento de cohesión social en regiones que incluso eran disputadas simultáneamente por la guerrilla, los paramilitares y el ejército. Así, el teatro, además, preservó memoria y ayudó a sanar heridas. Y lo sigue haciendo de la misma manera que Teatro X La Identidad, en Argentina, continúa contribuyendo a encontrar nietos de las Abuelas de la Plaza de Mayo.

Sinceramente, aunque las tareas (por no decir exigencias) parecen monumentales, creo que entre sociedad civil, artistas e instituciones relacionadas con la cultura es impostergable construir un plan de acción en este 2015.