'Creímos que Cuba sería libre; mi obra demostró que aún no'

La artista Tania Bruguera enfrenta un proceso judicial en La Habana por convocar a los cubanos a un 'performance' en defensa de la libertad de expresión.
Tania Bruguera durante un 'performance' en la Bienal de Venecia, 2009.
Tania Bruguera durante un 'performance' en la Bienal de Venecia, 2009.

México

Tania Bruguera nunca se imaginó que su viaje decembrino a Cuba la llevaría a pisar la cárcel tres veces en una misma semana. La artista, que vive entre Nueva York, París y La Habana, iba a pasar las fiestas con su familia, pero los acontecimientos políticos cambiaron sus planes.

Bruguera se encontraba en Italia el 17 de diciembre, cuando Obama y Raúl Castro anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. Acorde con su trayectoria como artista política, Bruguera escribió una carta abierta a los mandatarios en la que exigía, también, el restablecimiento de ciertos derechos de los cubanos. En especial de la libertad de expresión.

La carta inspiró el surgimiento de la plataforma Yo también exijoconformada por personas diversas que pidieron a la artista convertirse en su vocera. El grupo abrió perfiles en las redes sociales y desde ahí convocó a los cubanos a asistir a un performance de Bruguera en la simbólica Plaza de la Revolución.

La obra El susurro de Tatlin #6, que la artista había realizado en otros sitios en ocasiones anteriores, consiste en pasar un micrófono entre los asistentes para que cada quien exprese sus reivindicaciones durante un minuto. En este caso, el tema sería el futuro de la isla.

La cita era el martes 30 de diciembre a las 15:00 horas, pero Bruguera no logró llegar: la Seguridad de Estado de Cuba la detuvo ese día, igual que a otros 20 artistas y activistas que se dirigían o esperaban en el sitio. Entre ellos, el periodista Reinaldo Escobar, esposo de la bloguera Yoani Sánchez.

Hoy Bruguera se encuentra en libertad, después de haber sido arrestada y liberada tres veces en la misma semana. Pero aún debe enfrentar un proceso judicial. Se le imputan los cargos de incitación al desorden público, resistencia a la policía e incitación a delinquir. Desde La Habana, Bruguera respondió a esta entrevista telefónica con MILENIO.  

¿Cómo te encuentras, personal y emocionalmente después de lo sucedido en lo últimos días?

Físicamente estoy muy bien, he recibido el apoyo de mucha gente. Pero es un momento difícil en el que he tenido que tomar decisiones como devolver la Distinción al Ministerio de Cultura y renunciar a mi membresía de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. En momentos como este te das cuenta de lo que pueden traer consigo ciertas decisiones. Digamos que me quedé fuera del circuito de protección oficial de los artistas.

¿Obtuviste respuesta del gobierno cubano ante esa renuncia?

La respuesta está clara: las personas que están cerca de los círculos de poder de la cultura me han condenado como artista. Han puesto a mi performance como escándalo en lugar de como obra. Sobre la renuncia conversé con la instructora de la Seguridad de Estado. Intentó convencerme de cambiar de idea y me siguió interrogando sobre otros aspectos del proyecto. Me preguntó si tenía alguna relación con agencias del gobierno norteamericano: la misma hipótesis gastada de siempre. No se dan cuenta de que convocamos a esta acción movidos por un nivel de entusiasmo y creatividad. Que no tiene que ver con las motivaciones que ellos siempre asumen que tienen las actividades de la crítica

¿Qué sucedió en las ocasiones anteriores en que realizaste el performance El Susurro de Tatlin #6?

La primera vez fue en un museo de España, el IVAM. Y no me sentí complacida porque me di cuenta de que sólo se puede hacer en momentos en los que la libertad de expresión está restringida. De hecho, cuando el Guggenheim compró esta obra el año pasado, se incluyó una cláusula que dice que sólo es para momentos y lugares en los que el arte sea el único medio de expresión. En 2009 lo hice en La Habana, pero dentro de una institución de arte. Se pudo hacer, pero después se me restringió la posibilidad de exponer en instituciones cubanas. Gasté mi capital de confiabilidad con esta obra. La de la Plaza de la Revolución era la tercera vez.

¿La intervención del Estado, en este caso, puede entenderse como parte de la obra?

Se convirtió en otro performance. Yo quería tentar el espacio público como un espacio de tolerancia y respeto de opiniones diferentes, pero la obra demostró que ese espacio no existe. Ni siquiera legalmente. Estuve averiguando sobre los permisos para hacer este tipo de manifestaciones, que los hay en todos los países, pero aquí no los he encontrado. He preguntado a cinco abogados y me han dicho que no existen. Quiero leer el código penal para comprobarlo.

¿A pesar de todo, consideras que la acción artística fue exitosa?

Sí, porque se han desenmascarado los mecanismos que están detrás de la censura. Y también por el hecho de que se haya creado la plataforma Yo también exijo. Se ha trabajado de manera muy profesional, se ha levantado mucha presión, hay mucha gente que nos está siguiendo y la gran mayoría son cubanos.

¿Qué te animó a escribir la carta abierta a Obama y Raúl Castro después del anuncio del 17 de diciembre?

Me animó el hecho de que he vivido cincuenta y tantos años con un enemigo que de pronto ya no lo es. Y me parece fantástico, pero creo que se nos debe un proceso para explicarnos. Que no sólo se nos diga que la economía va a ser mejor y que ya viene el dinero y los negocios. Hay muchas personas que sacrificaron su vida, que dejaron a su familia cuando se fueron a Estados Unidos; millones de cosas sucedieron a partir de esa política y ahora el gobierno tiene que ayudarnos a entender un proceso tan emotivo. Hay muchas preguntas que deben responder; por respeto a las personas que crecimos con esta ideología.

Por lo que has visto en estos días en la isla, ¿cómo fue recibido el anuncio entre los cubanos?

No quiero hablar en nombre de nadie. Pero pienso que ha habido mucha desilusión, porque muchas personas pensamos que esto cambiaría las cosas. En este momento hay un espacio para negociar: no sólo de dónde vendrá la carne sino cómo vamos a pensar. Porque la proyección simbólica que tiene Estados Unidos es que es el lugar de los derechos, de la libertad. Como toda propaganda no es así, pero el restablecimiento de las relaciones nos llevó imaginar que Cuba iba a ser más libre. Esta obra responde que todavía no.