La nueva cara del cine

El autor demuestra que puede hacerse buen cine con muy pocos recursos; rodarla, grabarla o "iphonearla" con una tecnología que está al alcance de todos.
Buen cine con muy pocos recursos.
Buen cine con muy pocos recursos. (Especial)

México

En el cine norteamericano independiente, por lo regular, hay una propuesta digna de tomarse en cuenta no solo por su forma y contenido –historias que suceden exclusivamente en exteriores y abordan problemáticas humanas–, sino porque demuestran que para hacer una película ya no son necesarios los presupuestos millonarios de una industria que se ahoga en sí misma.   

Es el caso de Tangerine, que puede funcionar como la nueva cara del cine: libertad de realización y búsqueda formal de la mano con los recursos de producción, un iPhone 5s con aditamentos especiales, pero aquí lo importante no son los efectos —se ve que hay mucho trabajo de postproducción, tanto en imagen como en audio, el resultado es tan elocuente que puede afirmarse es mejor que varias obras que compitieron por el Oscar—, sino los seres humanos, los marginados que navegan perdidos en el piélago urbano, aferrados a la época de Navidad como último recurso, no para conseguir dinero, sino un poco de comprensión que parece fuera del mundo.

De principio a fin vemos una realización dinámica que logra un ritmo vertiginoso, otorgándole vitalidad a los acontecimientos y a los personajes para que la narración se vuelva una agradable comedia fársica.

Cuando Sin-Dee, un transexual, se entera a los cinco minutos de empezada la película que Chester, su novio, lo estuvo engañando con una mujer de verdad mientras estuvo en la cárcel, se enciende y decide buscarlo para ajustar cuentas —la actuación es de primera, vemos que el personaje se transforma en una energúmena—  la historia se convierte en un viaje obsesivo que se desarrolla en las calles de una zona marginada.

La fotografía es un portento, acentúa la saturación para obtener una imagen  ardiente y lograr  —incluyendo en las secuencias nocturnas— la intensidad de los sentimientos, buenos o malos, que viven los personajes.

El autor demuestra que puede hacerse buen cine con muy pocos recursos; primero debe tener en cuenta la historia que quiere contar, que sea de bajo presupuesto para después rodarla, grabarla o iphonearla con una tecnología que está al alcance de todos. Eso sí, el autor no puede olvidar que la pieza fundamental del futuro éxito, es el guión, que debe estar bien urdido e ideado, porque si no, lo anterior no sirve de nada. 

Es una propuesta seria que deberíamos considerar seriamente para el cine mexicano, y así lavarnos la cara para dejar atrás la inmundicia que arrastramos y ponernos a contar nuestras historias con el afán de obtener mejor cine.

 

Tangerine”, (Estados Unidos, 2015) Dirigida por Sean Baker. Con: Kitana Rodríguez y Mya Taylor.