Tamaulipas, un ejemplo de lo que podría ser el país: Solares

A sus 17 años el escritor y editor salió de su estado natal, al que volvió para proporcionar una mirada literaria a lo que allí sucede.
Relata historias “que no están contando los boletines de gobierno”.
Relata historias “que no están contando los boletines de gobierno”. (Nelly Salas)

México

A los 17 años de edad Martín Solares dejó Tamaulipas, pero tiene familia en la entidad e, incluso, sus padres se mantuvieron allí hasta que, en 2006, su madre dejó el estado por la violencia que se vivía. Hoy, el escritor y editor vuelve a posar su mirada literaria alrededor de la región que lo vio nacer con la novela No manden flores (Literatura Random House, 2015), que no apuesta por ser un reflejo de lo que sucede en el lugar, pero termina por ser una advertencia de lo que le podría ocurrir a todo el país.

"No necesito más que preguntarle a cualquiera de mis conocidos, parientes o amigos: '¿Cómo estás?'... para que me cuenten una historia donde la impunidad es el tema principal. Dejé Tamaulipas desde los 17 años, pero mis papás siguieron viviendo allí hasta que murió mi padre y mi mamá decidió vender la casa para irse a vivir a otro estado de la República. He ido a Nuevo Laredo en los últimos años, pero no demasiado, porque no pretendo investigar, la idea solo fue escribir una serie de historias imaginarias".

El gran problema, reconoció el escritor en entrevista con MILENIO, es que esa imaginación termina por ser un reflejo de lo que sucede en la vida real. Así, tres motores impulsaron la escritura de la novela: la sorpresa de que cosas tan atroces ocurran en el noroeste del país; una enorme indignación por cómo es posible que hubiésemos dejado que las cosas llegaran a este extremo, y un gran desencanto hacia lo que viene en los siguientes años.

"No soy un investigador; lo que hice fue escuchar historias y tratar de transformarlas a la prosa de ficción, que tiene sus propias leyes. Ahora me propuse recorrer todo el estado, que la novela ocurriera parcialmente en el desierto, en la costa, en las carreteras y, sobre todo, en las ciudades fantasma".

No manden flores tiene dos reglas secretas: no se usaron dos palabras, "justicia" y "narco", en ninguna de sus variantes, porque al final la primera suele estar ausente de la vida cotidiana de los habitantes de muchas regiones del país.

Visión radical

Para Solares, también autor de Los minutos negros, ciudades como Tampico, Nuevo Laredo o Ciudad Mier demuestran lo que puede ser el futuro de todo el país si se permite que prevalezca la cultura de la corrupción y la injusticia: "La violencia contemporánea es la flor de la impunidad y la violencia", dice el también editor.

"Son historias que no están contando ni las noticias ni los boletines de gobierno, ni siquiera las narcomantas y todas las cosas que los delincuentes usan para tratar de explicar la realidad. Entre las explicaciones oficiales de la violencia en México y la realidad hay una brecha enorme y mi novela trata de hablar de esa brecha desde el punto de vista de la imaginación".

No manden flores cuenta la historia de un ex policía obligado a investigar la desaparición de una rica heredera, para lo cual vuelve a enfrentar a un jefe de la policía que decide cómo se imparte la justicia en la región. Esa rivalidad es un reflejo de lo que sucede en diferentes regiones de la República.

"Lo que se vive en ciudades como Tamaulipas me parece un ejemplo de lo que podría llegar a ser el resto del país si dejamos que continúe esa cultura de la corrupción y la impunidad", a decir del escritor, para quien lo más importante es ofrecer al lector un mundo completamente distinto a lo que encuentra todos los días en los periódicos.

"Me doy cuenta de que No manden flores es una novela más negra que Los minutos negros: aquí difícilmente habrá un personaje que descubra la ironía de algunos personajes que viven. Es más bien el lector el que descubre esa ironía y de vez en cuando podrá reírse o no", porque al final se trata de la visión más radical del México que estamos viviendo, concluye Solares.