En el Taller del Cocodrilo

El hilo conductor de estas páginas es el timbre de voz reflexiva y juguetona, propositiva y transgresora.
"Transa poética". Antología personal. Efraín Huerta. ERA. México, 2014.
"Transa poética". Antología personal. Efraín Huerta. ERA. México, 2014. (Especial)

México

Para celebrar el centenario de Efraín Huerta (1914-1982) circulan varias publicaciones y reediciones de su obra. Si bien la faceta de Huerta como poeta es admirable (perteneció a la generación de la revista Taller junto con Octavio Paz), también lo es la etapa de su vida que dedicó al periodismo durante los años treinta. Como apunta Guillermo Sheridan, la perspectiva de sus crónicas “es la de un joven poeta que vive intensamente esas tensiones y las vive como las narra: con pasión y frescura descaradas. Participa de la convicción colectiva de vivir en la alborada de la verdadera historia, de que la ‘liberación’ es inminente, que la lucha contra el fascismo y la democracia burguesa es el último obstáculo hacia el mundo perfecto de la dictadura del proletariado, que los amores no sólo son más amorosos que antes, sino un éxtasis perpetuo”. 

Lo que Sheridan observa en los artículos periodísticos de Huerta, el trabajo de ese joven articulista que redacta con arrojo y con una fuerza casi irrefrenable, acompaña también a su poesía rebelde, irónica, lúcida, antisolemne.

En esta antología se encuentran los poemas que el autor consideró esenciales. El hilo conductor de estas páginas es el timbre de voz reflexiva y juguetona, propositiva y transgresora. La travesía que propone pasa por distintos sitios emblemáticos de la Ciudad de México: San Ángel, Garibaldi, avenida Juárez, Cinco de Mayo y otras calles importantes del Centro Histórico. La ciudad le provoca un sentimiento dividido, acaso asimilar a la relación de amor/odio que Borges tenía con Buenos Aires. Huerta conjuga su interés por el amor, la vida y la muerte, con el sentido del humor, la sátira y el arriesgarse a abordar libremente aspectos de la sexualidad. Se atreve a llamarle a las partes del cuerpo por su nombre, sin disimulos, con una efervescencia por descubrir la belleza y, al mismo tiempo, la orfandad que le genera la metrópoli.

Aquí no aparecen los famosos poemínimos, ejercicios que el autor define como “una mariposa, loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza”, y sí los versos más entrañables para el escritor, aquéllos que ya están lejos de la precisión y cercanos a la condición humana de revelar las ideas a priori. Hay homenajes a figuras literarias como Woolf, Kafka y Joyce. En el retrato del paisaje urbano se presenta en primer plano un poema a la Diana Cazadora, “y así/ así susexyvamente”, como escribe el poeta.

A Huerta habrá que recordarlo con el desenfado que él quería, como un sobreviviente de varias batallas “en que no estuve” y de otras batallas, para él campos de plumas, “en que sí creo haber estado”.