Susana Iglesias: “Yo veo belleza en la decadencia”

Sobre su poemario, la autora comenta a MILENIO que le gusta “escribir de mi realidad inmediata”, de las calles de esta ciudad.
“Yo escribo de lo que conozco y de lo que vivo”.
“Yo escribo de lo que conozco y de lo que vivo”. (Raúl Campos)

México

Garibaldi, el Eje Central y otras avenidas nocturnas del Centro Histórico, lugares donde los desahuciados son acechados por el alcohol, las drogas y las piernas de alguna chica de la vida galante, aquellos donde los perdidos en el trago y el vicio no viven sino sobreviven, son los temas principales de Un hombre no patea perros heridos, poemario en el que Susana Iglesias (Ciudad de México, 1978) hace de la ciudad un personaje decadente pero hermoso.

Coeditado por Conaculta y por la editorial Los Bastardos de la Uva, el libro es un homenaje a todos aquellos hombres que han caído y han sido apaleados por mujeres, siempre victimizadas como seres frágiles, “lo cual no es así, pues a ninguna mujer la engaña un hombre: ellas siempre saben con qué clase de tipo están”.

“El poema que da título al libro habla precisamente sobre esos hombres destrozados por mujeres insatisfechas. Cuando dicen que el hombre es cazador a mí me da risa porque no es cierto: es la mujer la que lanza el anzuelo, tú solo eres su objeto de deseo, y pobre de ti si te agarra una hija de la chingada porque estás muerto. Por eso se llama así, Un hombre no patea perros heridos: difícilmente he visto a un hombre pisar en el suelo a alguien que ya está vencido, pero sí a las mujeres. Ellas no son solidarias, y si pueden hundirte más lo van a hacer, no se van a conformar con verte solo medio hundido”, afirmó Iglesias en entrevista con MILENIO.

La poeta, quien ha hecho residencias en las colonias de escritores Ucross, Wyoming; Ledig House, Nueva York, y Santa Maddalena, la Toscana, Italia, explicó que la poesía, a diferencia de una novela o un ensayo, es más libre para la expresión de emociones y sentires, puesto que es más lírica y salvaje. Agrega que, a diferencia de la escrita por otras mujeres, generalmente relacionada con tópicos referentes a la femineidad, la delicadeza, el amor romántico y su propio sexo, los textos que conforman su poemario se definen como “escritos urbanos sobre la decadencia de la ciudad”.

“Son poemas sarnosos que hablan mucho de la ciudad, esa vorágine en la que se encuentran todas las pasiones y la decadencia del alma humana, que de pronto no van a gustar a muchos poetas que están buscando la belleza de las flores y del amor, pues a mí toda esa chatarra me da una pereza tremenda. No encuentro belleza en esos poemas a la mujer y al hombre amado. Me parecen ridículos”, añadió la literata, quien fue becaria del Programa Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en 2011, y quien publicó su novela Señorita Vodka en 2013.

Asimismo, comentó que algunos de los escritos están basados en experiencias personales, como aquel dedicado a todos los vagos del parque 2 de octubre, que “para mí fue como un hogar muy cálido en una noche en la que ya no tenía nada”. Pero, explicó, se debe ser precavido porque un texto literario, a pesar de ser una vivencia, al momento de trasladarla al papel se convierte en una ficción.

La escritora, quien ganó el premio Aura Estrada en 2009, prosiguió: “Yo escribo de lo que conozco y de lo que vivo, y difícilmente podría hacerlo de vampiros y esas jaladas. Me gusta escribir de mi realidad inmediata. No es que no pueda escribir de Polonia o de San Petersburgo, pero no me interesa. Yo veo belleza en la decadencia: donde uno ve un teporocho con una botella pidiendo diez varos acompañado de un perro callejero, yo veo a un Orfeo que está buscando a Eurídice o que está bajando al Hades. Me gustan estas calles, esta ciudad violenta y decadente, y voy a escribir de ella hasta que me harte, aunque no veo el momento de que eso pase”.