Suficientemente noche

Los aforismos de Kafka (reeditado en los Breviarios del FCE), que no hablan de otras cuestiones sino de Dios, el origen del alma humana, la vida, el tiempo, la eternidad, resume el ensayista.
Werner Hoffmann, "Los aforismos de Kafka", FCE, México, 2014, 168 pp.
Werner Hoffmann, "Los aforismos de Kafka", FCE, México, 2014, 168 pp. (Especial)

México

Escribir, le susurró a su adorada Felice, es revelarse a uno mismo hasta el exceso. Para él, nacido en el centro de Praga un tres de julio de 1883, toda manifestación literaria surgía —cuando bien parida— de una autorrevelación llevada al punto máximo. Cuando el ser humano, al involucrarse con los otros, logra sentir que se pierde a sí mismo. Intentando, permítaseme el gerundio, evitar si estamos en nuestro sano juicio.

Así latía Kafka —muerto un 11 de junio de 1924 en la misma ciudad checa donde nació—, quien al momento de definir la literatura, siempre de cara a su amada, desdeñó la “nacida de la superficie de la existencia”. Ésta, enfatizó, “no es nada, y se derrumba en el momento en que una emoción más auténtica sacude esa superficie”.

Por todo esto, abundó, “nunca se puede estar bastante solo cuando se escribe, nunca puede haber tanto silencio alrededor cuando se escribe, por eso ni siquiera la noche es suficientemente noche”.

De todo ello da cuenta su ajustada obra. Reproducida y leída en el tiempo, si bien sean La metamorfosis y El proceso las siempre citadas. También en sus aforismos, de nuevo recuperados por Werner Hoffmann en un sobrio libro, Los aforismos de Kafka (reeditado en los Breviarios del FCE), que no hablan de otras cuestiones sino de Dios, el origen del alma humana, la vida, el tiempo, la eternidad, resume el ensayista.

Recuperados en su tiempo por Max Brod, ejemplo del amigo eterno, los aforismos kafkianos son un total de cien. Provienen de una copia en limpio realizada a tinta por el mismo Kafka en distintas hojas y numerados. En ellos encontramos: “A partir de determinado punto ya no hay regreso. Es preciso alcanzar este punto”. O: “Uno de los medios de seducción más efectivos que tiene el mal es invitar a la lucha”. Y: “Es como la lucha con las mujeres, que termina en la cama”.

Atraído por “otro mundo”, Kafka apuesta por el que le tocó vivir y, particularmente, por el edificado a partir de su relación amorosa con Felice. “Si no estamos juntos pronto, el amor hacia ti, que no admite en mí ningún otro pensamiento junto a sí, se orientará hacia una idea, hacia un espíritu, hacia algo totalmente inalcanzable y de lo cual, además en verdad se puede prescindir en absoluto; y eso estaría además en verdad en condiciones de arrancarme de este mundo”.

Con la edición de Hoffmann, que data de los años setenta en versión al alemán, nos reencontramos con un Kafka místico e intimista en extremo, sempiterno extremo; el portentoso —desgarrado— autor de cualquier tiempo. “Si estoy condenado, entonces no estoy solo condenado al fin, sino también condenado a defenderme hasta el fin”.