Solistas Ensamble recorrerá tres siglos de música brasileña

El conjunto hará dos presentaciones: hoy en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y el viernes en el Museo de Antropología.
Interpretarán canciones de la época colonial a la actualidad.
Interpretarán canciones de la época colonial a la actualidad. (Xavier Quirarte )

México

Mientras los cantantes se sumergen en el canto profundo de “Xangó”, una de las canciones de Heitor Villa-Lobos que aparece entre las partituras de esta semana del grupo Solistas Ensamble del INBA, uno recuerda las palabras del autor nacido en Río de Janeiro, pero nacionalizado ciudadano del mundo: “Mi música es natural como una catarata”.

Una catarata de voces en portugués, más una cauda de gritos guturales en una de las piezas, refrescan el ensayo. Bajo la dirección de Linus Lerner, el coro interpretará música brasileña hoy en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y el viernes en el Museo Nacional de Antropología (ambas presentaciones a las siete de la noche). El ensayo es una fiesta donde no hay percusiones, pero son sustituidas por los gestos de Lerner, sus pasos de baile y las manos vigorosas que parecen moldear las voces de los cantantes para que se acoplen a la rítmica brasileña.

Con una trayectoria de dos décadas en la música coral —ha trabajado en Estados Unidos, Bulgaria, China, México, España, Turquía y otros países—, Lerner dice que “el canto es el lenguaje universal, hecho con un instrumento al cual vienen acoplados el alma y el corazón. A cualquier país que vaya, cantar sigue siendo la expresión máxima de la música. No hay expresión más pura que el canto. Un coro es la expresión máxima de democracia. Ahí aprendemos a
vivir en comunidad, a entender a los otros y a aceptarlos”.

Este sistema democrático se advierte en un repertorio ecléctico con canciones que van de la época colonial hasta nuestros días, dice el director. “Brasil siempre fue un país muy coral, pero con influencias de todo: tenemos la influencia africana, europea, indígena... Por eso es un país muy colorido, tal vez es el país donde la música tiene menos fronteras: no podemos entender la música brasileña sin comprender las culturas populares. ¿Qué es clásico, qué es popular en Brasil? Todo está mezclado”.

Además de Villa-Lobos, los conciertos incluirán obras de José Barbosa Da Silva Sinhô, Dorival Caymmi, Antônio Carlos Jobim, Vinícius de Moraes, Caetano Veloso, Edu Lobo, Chico Buarque y otros, canciones que inyectan un espíritu festivo. Esto lo atribuye Lerner al hecho de que “Brasil es un país muy feliz, porque mientras hablas de tristeza lo haces con un ritmo muy alegre. ¿Cómo vas a estar triste si estás bailando? La tristeza no llega porque hasta su tristeza la vuelve samba, le pone ritmo”.

Uno de los momentos culminantes será la interpretación de “Motet en re menor”, con texto de Decio Pignatara y música de Gilberto Mendes, una crítica a la sociedad de consumo. En la canción, explica el director coral, “la Coca-Cola es la porquería que nos venden, que nos están imponiendo cosas, para terminar con ¡cloaca, cloaca!, que es la basura, la cultura internacional que nos imponen y que no es la nuestra. La idea es oponerse a la cultura que viene de fuera. La pieza es fantástica por sus disonancias y es difícil de interpretar, pues incluye eructos, lo que provoca carcajadas”.

Entrañable será la interpretación de “Passarim”, de Tom Jobim, movimiento que, afirma Lerner, fue creado “contra la música europea en 1959, cuando estaba muriendo Villa-Lobos. Jobim estudió a Chopin, pero llegó el momento en qué pensó: ‘Esto no es nuestra música; vamos a hacer la nuestra’. Entonces creó la bossa nova, donde la melodía, la armonía y el ritmo tienen el mismo valor, ninguno puede ser más que el otro. Eso es muy difícil hacer con un coro que no es brasileño, y Solistas Ensamble lo está haciendo muy bien. Jobim es la expresión máxima de la música brasileña, justamente por inventar la bossa nova”.