“Memín es el loco que los mexicanos llevamos dentro”

El biógrafo de Sixto Valencia, Luis Gantus, recuerda la vida y obra del recién fallecido historietista mexicano, creador artístico de Memín Pinguín.
Sixto Valencia al recibir el premio La Catrina en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara
Sixto Valencia al recibir el premio La Catrina en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara

México

“Sixto fue uno de los más grandes maestros, un artista que definió la historieta mexicana. Con otros historietistas -como Antonio Gutiérrez o Ángel Mora- llenó de imaginería al pueblo de México. Su generosidad y su sentido del humor fueron un ejemplo de cómo debe ser un artista, un autor”.

Las palabras son de Luis Gantus, amigo cercano y biógrafo del caricaturista Sixto Valencia Burgos, quien falleció este jueves en la madrugada a causa de un infarto.

Como muchos mexicanos de su generación, Gantus creció con Memín Pinguín, el personaje que Valencia comenzó a dibujar en 1963 y por el que fue más reconocido. “Yo aprendí a leer con Memín antes de entrar a la escuela”, cuenta Gantus en entrevista con MILENIO. Fue la primera revista cómica que conoció el estudioso de la historieta.

Para Gantus, los creadores de Memín hicieron una mancuerna maravillosa: “Yolanda Vargas Dulché (1926-1999) tenía un gran ritmo narrativo y Sixto un gran sentido del humor; eso le dio mucha vida al personaje”.

Eso explica, en parte, el enorme éxito que tuvo la revista, de la que se llegaron a vender un millón y medio de ejemplares por semana. El hecho de que Memín  fuera un niño negro lo distinguió de otros personajes, y los mexicanos se identificaron con él por sus rasgos de carácter.

“Memín es el elemento discordante, el loco que todos los mexicanos llevamos dentro”, dice Gantus. “Era cínico, desvergonzado, divertido, honesto y simpático. Nada lo detenía. Representaba muy bien el espíritu real del mexicano: aventurero, emocional, muy pegado a su madre”.

Memín fue “como un  hijo más” para Valencia. “Él estaba muy consciente de que la gente lo reconocía y lo estimaba por este personaje”, cuenta su biógrafo. “Lo traía para todos lados, no lo dejaba. Siempre vio la forma que su negrito lo acompañara a todos lados”.

La vida entre viñetas

La admiración de Gantus por el dibujante creció cuando lo conoció personalmente, hace 25 años. Entonces comenzó una estrecha colaboración que se fue convirtiendo en una sólida amistad.

Junto a la gestora italiana Melina Gatto, Gantus comenzó a sumergirse en el acervo de Valencia para realizar exposiciones diversas de su trabajo. “Revisamos su obra, su historia, sus apuntes, y empezamos a hilar esta historia tan grande que Sixto tenía que contar”.

En 2013, Valencia recibió la Medalla al Mérito Artístico de parte de las autoridades de Hidalgo –su estado natal- y fue entonces cuando surgió la propuesta de hacer una biografía del maestro. Fue él mismo quien solicitó que Gantus y Gatto se encargaran de una tarea que ya habían comenzado.

Así surgió el libro Sixto Valencia. Una vida entre viñetas, publicado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo y presentado en la Feria de Libro de Minería, en febrero pasado, con la presencia del ilustrador.

Sobre el periodo de ocho meses dedicados a escribir la biografía, Gantus recuerda: “Fue un proceso muy divertido. Teníamos todo el material de Sixto en la oficina y lo revisábamos una y otra vez. Él me contaba sus anécdotas y yo las iba escribiendo en la computadora. Cuando pensábamos que habíamos terminado un capítulo, llegaba siempre con algo nuevo. Platicamos muchas horas”.

Además de muchas anécdotas divertidas, a Gantus le impresionó el compromiso de Valencia por defender sus derechos como autor y los de sus compañeros. “Siempre luchó por defender a los historietistas y los editores, una ocupación que en México no era muy valorada”.

Otro aspecto que llama la atención de la vida del historietista son las condiciones adversas en las que transcurrió su infancia, en Villa de Tezontepec, Hidalgo. Nació en una familia de 12 hijos que no tenía los recursos ni los materiales para que se practicara el dibujo. Aún así, Sixto dibujaba en adobes con púas de maguey o en los sobrantes de madera de la carpintería de su hermano.

Las historietas las conoció gracias a una señora del pueblo que recibía revistas cada semana y las rentaba para que los niños las leyeran. “Cuando no tenía dinero, Sixto se sentaba con otro chamaco. Ahí conoció a Los Supersabios y comenzó a copiar a los personajes”, cuenta el biógrafo.

“Espero se me recuerde como un dibujante que brindó su arte para el sano entretenimiento de las familias y que dejó un legado cultural a México”, dijo a la prensa Sixto Valencia en diciembre pasado, después de que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le rindiera un homenaje con la entrega del Premio “La Catrina”.