“Siempre podría haber dado más”: Víctor Manuel Amaral

El destacado músico jalisciense comparte algunas anécdotas a pocos días de recibir el homenaje Decanos Hoy y Siempre, organizado por un grupo de ex cantantes del Ballet Folclórico de la UdeG.
Víctor Manuel Amaral Ramírez, nació en 1933 en Unión de Tula, Jalisco
Víctor Manuel Amaral Ramírez, nació en 1933 en Unión de Tula, Jalisco (Cortesía)

Guadalajara

"No sé por qué me quieren", comenta con los ojos llorosos el músico y compositor jalisciense Víctor Manuel Amaral Ramírez, cuando se le pregunta acerca del homenaje Decanos Hoy y Siempre, que le realizarán algunos ex integrantes del Coro del Ballet Folclórico de la Universidad de Guadalajara (UdeG), que dirigió por más de cuatro decenios. "Es inmerecido", continúa ya un poco más calmado "no hice tanto (...) solo hacía lo que podía", dice.

Y es que su humildad, se percibe en cada respuesta que otorga, como si él mismo no fuera consciente de la grandeza de su trabajo. Y así, tal como lo dijo en una ocasión en el año 2001, mientras lo cuestionaban sobre un reconocimiento que le otorgara la UdeG, Amaral se mantiene firme: "es mi trabajo, y lo hago con gusto. No merezco nada".

Nacido en Unión de Tula en 1933, Amaral Ramírez inició sus estudios en la Escuela de Música Sacra de Guadalajara, a los doce años. Tiempo después, el entonces Cardenal, José Garibi Rivera, le otorgó una beca para estudiar en el Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma, en Italia, apoyo que recuerda agradecido y asegura "le cambió la vida".

Ya de regreso en Guadalajara, dirigió el Coro de la Escuela Superior Diocesana de Música Sagrada de Guadalajara, así como el Coro de la ScholaCantorum del Seminario Mayor; formó parte de diversos coros, como el de la misa que ofició Juan Pablo II en su visita a la ciudad; y fue profesor de música en algunas instituciones, tales como la entonces Escuela de Música de la UdeG, donde impartió clases durante 25 años. Además, en 1968, fue nombrado Director del Coro del Ballet Folclórico de dicha casa de estudios, puesto que mantuvo por más de 40 años, en los que además de la dirección, se dedicó a elaborar arreglos de cientos de piezas, según los requerimientos de la agrupación.

Al hablar sobre los logros a lo largo de su vida como músico, Amaral Ramírez afirma seguro estar orgulloso de todo, sin embargo, después de pensarlo por varios segundos, reconoce con melancolía que lo más bonito que le ha pasado en su carrera fue ser director del Ballet Folclórico de la UdeG, y se le iluminan los ojos: "me dio muchas satisfacciones", dice, y recuerda algunos de los viajes que hicieron, particularmente uno a Nueva Caledonia, para un festival, y otro a Estados Unidos, invitados por el entonces Presidente Richard Nixon, quien vio al ballet en una visita diplomática que hizo a México, en Puerto Vallarta, "nos fuimos en un avión del Ejército Mexicano, y los muchachos no tenían papeles estadunidenses, por orden de Nixon nos dejaron pasar".

Al hablar sobre su decisión de ser músico, Víctor rememora que lo hizo para ser como su papá "Él era músico, yo cantaba en la iglesia con él, lo quise imitar", y cuenta que desde niño, le enseñó a tocar algunos instrumentos, como el violín, piano y saxofón."Me daba clases cuando tenía tiempo", cuenta, mientras recuerda emocionado una anécdota: "Mi padre me compró un violín para estudiarlo, un día estaba practicando y llegó mi hermano a hacerme cosquillas, el violín cayó al suelo, y se acabaron las clases". Siguiendo su propio ejemplo, el músico acercó a sus tres hijos a la música, sin embargo de todos, solo el menor siguió sus pasos. Y es cuando habla de uno de ellos, Laura, quien presente en la entrevista , sonríe, mientras el músico cuenta que le compuso una canción cuando era chica.

Uno de los recuerdos más queridos del autor, fue cuando conoció a Rafael Zamarripa, bailarín que Dirigió el Ballet Folclórico de la UdeG de 1968 a 1979. Fue en Roma, cuando Amaral estudiaba allá; él caminaba por la Plaza Mayor, cuando vio al bailarín bajando las escaleras, entonces Amaral sabía de él, mas no recordaba su nombre, y le gritó "ese de México", allí comenzó su amistad. Años después trabajaron en conjunto cuando Zamarripa fue nombrado director del Ballet, mientras Amaral ya lo era del Coro.

Al preguntarle si hay algo que le hubiera gustado hacer como artista y profesor, Amaral baja la mirada y responde: " Siempre podría haber dado más", volviendo a reflejar su humildad característica y amor por la música.

Con información de Perla Gómez