“Siempre he sido un lector voraz”: Martí Soler

El prestigiado editor recuerda que en su adolescencia, “como ayudante de mi padre, corregí pruebas de la gran obra de Pablo Neruda, Canto general”
Ha trabajado en el FCE, Siglo XXI y El Colegio de México.
Ha trabajado en el FCE, Siglo XXI y El Colegio de México. (Jesús Quintanar)

México

El primer encuentro del editor y poeta Martí Soler con los libros ocurrió en su natal Gavà, Barcelona, en la colección de libros de su padre, “biblioteca que se salvó de los salvajes de la Falange Española, quién sabe por qué circunstancias —dice en entrevista con MILENIO—. Desde los cuatro o cinco años me puse a leer. Aunque no recuerdo cuándo aprendí a leer, siempre he sido un lector voraz”.

Soler continúa rodeado de libros: en su oficina ubicada, providencial y estratégicamente, en la biblioteca del Fondo de Cultura Económica (FCE) trabaja en estos días en el catálogo histórico digital de la institución que, durante muchos años, con algunos años de vacaciones, ha sido prácticamente su segundo hogar. Mañana al mediodía será homenajeado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en ocasión de sus 80 años y de una vida entregada a la cultura pues, como afirma David Huerta, además de gran editor y poeta, es “maestro, conversador, músico, viajero, naturalista, hombre sabio, hombre de grandes conocimientos”.

De trato afable y no dado a alardear, como suelen ser los sabios, don Martí relata que se inició en el oficio de las letras a los 15 años como corrector de pruebas. “Como ayudante de mi padre, corregí pruebas de la gran obra de Pablo Neruda, Canto general, cuya primera edición se hizo en Talleres Gráficos de la Nación, donde mi padre trabajaba. Desde entonces he estado en los libros y, con el tiempo, uno se especializa en cosas. He trabajado mucho tiempo en el FCE, luego estuve 26 años en Siglo XXI Editores, en la Universidad de Guadalajara, El Colegio de México y de nuevo en el Fondo”.

Soler sostiene que, invariablemente, el punto de partida del diseño editorial “es el lector: ¿qué necesita para que su lectura sea agradable, que no le cause ninguna molestia? Eso también  tiene que ver con el tipo de fuentes que se asignan, el ancho de la caja, las interlíneas y todo eso… Eso para mí es lo principal: que se tengan todas las facilidades para leer sin cansarse. El texto… ¡ya se verá!”, dice riendo. Para ser buen editor, agrega, “lo principal es ser un buen lector y estar muy al tanto de lo que año con año se va publicando, ¿qué autores están en el candelero, por ejemplo?, o buscar aquellos jóvenes que realmente vale la pena publicar”.

Los lectores merecen respeto, pero abundan las ediciones horrendas…

Hay libros mal impresos, llenos de erratas, mal traducidos. Por desgracia todo eso lo encontramos en los libros y, desde luego, que eso es una falta de respeto para el lector. Sigue mereciendo el lector toda la atención que le pueda prestar un editor al libro, no simplemente meterlo en un taller y sacarlo.

De los libros que usted ha editado, ¿de cuáles se siente más orgulloso?

Para la UNAM colaboré en la edición de la mayoría de los tomos de las obras completas de Francisco Hernández. En Siglo XXI Editores, un libro fantástico: Nueva crónica y buen gobierno, de Felipe Guaman Poma de Ayala, que hicimos con los editores John Murray y Rubén Adorno. Colaboré en uno de los grandes esfuerzos editoriales del FCE con la edición del Códice Borgia.

¿Se siente catalán o mexicano?

Desde luego llevo muchos años en México y he trabajado mucho aquí, pero escribo en catalán y español la poesía, según me salga. Alguna vez me preguntaron si era poeta catalán o poeta español o qué, y yo dije: “Soy poeta catalán y poeta mexicano”. ¡Eso, ni hablar! Como poeta, desde luego hay muchos autores españoles o de lengua castellana que me interesan y los he leído, pero creo que en la poesía es donde más se demuestra que soy catalán… y que soy mexicano.

Problemas del libro digital

Al abordar el tema del creciente número de libros digitales en el mundo, Martí Soler asegura que en todas las épocas el libro se ha transformado, pero sigue siendo un “elemento indispensable en la vida social del hombre, en todos sus aspectos. No solo en la educación, sino en la manera de tener una determinada diversión, ya sea con la novela, la poesía, etcétera. Ya sea impreso en papel, sacándolo de una tableta o de donde sea, el libro jamás dejará de ser importante para la educación y la cultura en general de nuestra gente”.

Sin embargo, asegura que el libro digital tiene ciertos problemas, “sobre todo cuando se toma en cuenta que hay muchas formas de entrar a un libro digital. Puede uno entrar tal como en un libro impreso en papel, o puede simplemente tener un texto corriendo sin mayor diseño, lo cual a mí no me convence. Ya no se trata de un libro, sino de un texto que simplemente corre. Creo que es indispensable, y lo será siempre, que uno de los elementos del libro sea un diseño adecuado para la lectura”.