La aventura mexicana de Juan Marsé

Al inicio de los años 60, el régimen de Francisco Franco impedía la publicación de cualquier libro sospechoso"; por ello, el escritor español envió su novela "Si te dicen que caí" a un concurso en ...
El escritor español Juan Marsé.
El escritor español Juan Marsé. (EFE)

Ciudad de México

En aquel ir y venir tuvo un encuentro aquí con Juan Rulfo, uno de sus escritores predilectos

En 1973, el escritor español Juan Marsé terminó una novela que tenía pocas posibilidades de publicarse en su país. En España gobernaba entonces, como desde 1939, el general Francisco Franco y su dictadura incluía un bien equipado departamento de censura, autodenominado, con descaro "Consulta Voluntaria", que revisaba, intervenía, censuraba o prohibía, cualquier obra artística que pretendiera exhibirse, interpretarse o publicarse. En el cine, por ejemplo, además de los recortes que se hacían de las escenas que, según el criterio del censor, comprometían al régimen, se aplicaba el doblaje al español de todas las películas, lo cual generó una boyante industria de dobladores, pero también dio pie a una censura más sutil, que consistía en alterar los parlamentos de los actores, por ejemplo Bogart o Mangano, para que dijeran en español frases que convenían al régimen y que, por supuesto, no estaban en el guión original.

Tantos años de censura en las películas, de 1939 a 1975, hicieron de España un país en el que la mayoría de la gente no entiende absolutamente nada de inglés, un país donde hasta hoy, gracias a la efectiva desertización cultural que aplicó el dictador, las películas subtituladas son una escasa excepción, incluso las que transmiten por la tele, entre el tumulto de películas dobladas. Es más, plataformas de películas como Apple TV o Netflix (a punto de aparecer en España) ofrecen las películas en otras lenguas, dobladas al español. La gente que quiere escapar de esa desertización, tiene que hacer la maniobra de inscribirse a la plataforma en Estados Unidos, con una tarjeta de crédito de aquel país y la dirección de un primo en, digamos, Ohio. Solo así se puede, 40 años después de la muerte del dictador, escapar al fantasma que dejó aquel siniestro departamento de censura.

Las novelas en 1973 sufrían un destino similar, tenían que pasar por la censura y si el editor quería publicarlas debía aplicar las modificaciones y los recortes que el censor imponía. Juan Marsé escribió aquella novela, que terminó titulándose Si te dicen que caí, con la conciencia de que iba a ser difícil que pasara la censura, pues se trata de una historia que hurga, con una deslumbrante lucidez, en las miserias de la España de la posguerra, y que critica, y se mofa, de las instituciones que el régimen franquista tenía en muy alta estima, como la Guardia Civil o la simbología de la Falange Española, el yugo y las flechas que eran objeto de veneración y al que Marsé se refiere en la novela como "la araña negra". El mismo título de la novela, Si te dicen que caí, es uno de los versos de "Cara al sol", el himno falangista, un título de gran sonoridad que no ayudó a la hora de someter el libro a la censura.

Hace unos años, en una mesa de amigos en la que estaba Juan Marsé, a la hora del café y los whiskys comenzamos a elogiar grandes títulos de novela, títulos de gran sonoridad, de diseño fonético perfecto, inolvidables; en medio de la lista espontánea de nombres que íbamos tirando encima del mantel, propuse Si te dicen que caí. Mi propuesta no tenía que ver con la presencia del autor en la mesa, es un título que me ha gustado siempre, desde que era un niño y veía, en el librero de mi padre, la edición mexicana de esa novela. En cuanto propuse ese título que era suyo, Juan se me quedó mirando con mucha socarronería y me dijo que el título original de esa novela había sido Adiós muchachos (cosa que me dejó en una especie de off side), pero que su amigo el poeta Jaime Gil de Biedma lo convenció de la sonoridad, y del desafió que contenía la frase "Si te dicen que caí". Otra noche, después de otra cena, mientras caminábamos ciudad arriba, cada uno rumbo a su casa, me contó del primer viaje que hizo a México, en 1973, de la gente que conoció y de una entrevista que le habían hecho en un foro enorme de Televisa. Esa noche llegué a mi casa pensando que tenía que contar esa historia en un artículo, pero al día siguiente el proyecto se había diluido, era demasiado anecdótico y tenía la inevitable degradación de la cosa que cuentas que otro te contó.

Pero resulta que hace unas semanas me encontré con una extensa biografía de Juan Marsé (Mientras llega la felicidad, Josep Maria Cuenca, Anagrama, 2015) en la que el biógrafo registra, con todo el rigor que exige su papel, aquel viaje a México que me contó el escritor mientras subíamos por las calles de Barcelona. Así que, a partir de esa fuente autorizada, cuento ahora el viaje de Juan Marsé a nuestro país.

Marsé terminó su novela, Si te dicen que caí, convencido de que la censura se la iba a destripar, o de plano a prohibir, y mientras decidía qué hacer se enteró de que había un importante premio literario en México, que ofrecía 10 mil dólares a una novela inédita en español, que debía enviarse a la Asociación de Escritores de México que estaba en Filomeno Mátala (así decía textualmente el anuncio publicado en España) número 8. En el jurado del premio estaban Mario Vargas Llosa, Ángel María de Lera, Miguel Otero Silva y José Revueltas, y se iba a hacer cargo de la edición la Editorial Novaro. Marsé, un poco escéptico pero animado por sus amigos, envió la novela y, unos meses más tarde se enteró, en un artículo que publicó el diario La Vanguardia, que había ganado el "Premio internacional de novela México". El artículo era un cable de la agencia EFE que empezaba así: "Si te dicen que caí, del español Juan Marcet, ganó hoy....". De alguna forma tienen que estar relacionados el Marcét que le endilgaron a Marsé, y el Mátala de Filomeno Mata.

El premio, además de los 10 mil dólares que, según su biógrafo, sacaron a Marsé de una crisis económica, incluía un viaje a México para que el ganador asistiera a la ceremonia de entrega. Marsé nunca había estado en México, era un país que le atraía, entre otras cosas porque Carlos Barral, su editor y amigo, era un entusiasta del país y además, dentro del terreno estrictamente editorial, varios españoles, en esos años de censura, habían optado por editar sus libros en México, en la legendaria Joaquín Mortíz que dirigía otro español, Joaquín Diez-Canedo, que había llegado a México con los exiliados de la Guerra Civil.

En septiembre de 1973 Juan Marsé y Joaquina, su mujer, volaron a México pero, antes, hicieron una escala de varios días en París para visitar a algunos amigos que había hecho el escritor durante el periodo que vivió en aquella ciudad. En un pequeño cine del Quartier Latin, Juan Marsé, que es por cierto un experto cinéfilo, vio El discreto encanto de la burguesía, del director Luis Buñuel, que acababa de estrenarse en Francia. Los Marsé llegaron a México el 17 de septiembre e inmediatamente iniciaron un tour de force social que los llevó durante varios días, muy a la mexicana, de un sitio a otro hasta que, en cierto punto del tour, Marsé coincidió con Luis Buñuel, en el estreno de un documental sobre la vida y obra del pintor Alberto Gironella. "La verdad es que el documental era vergonzoso", cuenta Juan Marsé, y luego añade que por decirle algo a Buñuel, cosa que le hacía ilusión, le contó que acababa de ver el estreno de El discreto encanto de la burguesía, en París. "De inmediato me preguntó", cuenta Marsé, "¿Y había mucha gente?". Y yo le dije: "Sí, pero ya sabe usted como son esos cines pequeños del Quartier Latin". Y él me decía: "Sí, sí, pero ¿estaba lleno?". Luego dice Marsé que a los pocos minutos de empezar el documental, que estaba dedicado, precisamente, al director aragonés, Buñuel se quejó de un dolor súbito de barriga y abandonó la sala. "Y yo pensé, este tío es un sabio. ¡Fantástico! Nunca más lo volví a ver...", remata Marsé.

Como la novela se había publicado del otro lado del mar, Marsé no había podido revisar las galeras y al llegar a México se encontró con el libro ya impreso, en una edición de 20 mil ejemplares, que circulaba con un Goya en la portada, el famoso Saturno devorando a sus hijos, una imagen que, para los lectores mexicanos de Marsé, quedó asociada para siempre con la novela.

En aquel ir y venir por México Juan Marsé tuvo un encuentro con Juan Rulfo, uno de sus escritores predilectos y, para su sorpresa, Rulfo apareció con un ejemplar de Últimas tardes con Teresa para que Marsé se lo dedicara; como se trataba de un encuentro entre dos escritores más bien lacónicos, hubo poca conversación; sin embargo, años después, en una visita que hizo Rulfo a España, habló en varias ocasiones del encuentro que había tenido con Juan Marsé en México.

Una vez hecho el rumboso lanzamiento en México, la editorial Novaro envió cinco mil ejemplares de la novela a España, confiando en que, al tratarse de una novela premiada y ya impresa, la censura permitiría su circulación; pero la edición completa del libro fue a parar a una bodega. Un año después de su publicación en México, Si te dicen que caí era rechazada por la censura franquista, con un informe que decía, categóricamente: "Consideramos esta novela, sencillamente imposible de autorizar" y luego mencionaba una lista de agravios contra la Falange y la Guardia Civil, y una serie de escenas políticas inconvenientes, de "irreverencias" y de episodios obscenos y pornográficos.

"Pero después de quitado todo esto", informa el censor, "la novela sigue siendo una pura porquería. Es la historia de unos chicos que en la postguerra viven de mala manera, terminan en rojos pistoleros atracadores, van muriendo... todo ello mezclado con putas, maricones, gente de mala vida... Puede que muy realista pero que da una imagen muy deformada, casi calumniosa de la España de la postguerra". Así se expresaba el censor en turno de Si te dicen que caí, una novela impagable de ese enorme escritor que es Juan Marsé.

Pasado un tiempo la editorial Novaro aceptó su derrota frente a la censura española, sacó los cinco mil ejemplares de la novela que seguían en la bodega y los exportó a países de Latinoamérica. Ya muerto el dictador, en 1976, la editorial Seix Barral compró los derechos de la novela y, después de una revisión mínima que, al fin, hizo el propio Juan Marsé, se imprimió la primera edición española de Si te dicen que caí, aparecida en librerías de la Península ibérica a principios de marzo de 1977, tres años y medio después de su rumboso lanzamiento en México.