Serna cuestiona vicios de las élites culturales

Fue un rastreo de cómo se gestó este tipo de prepotencia desde la época de las castas divinas y de las religiones antiguas, hasta nuestros días.
“La soberbia intelectual dificulta la difusión cultural y obstaculiza la difusión de las ideas”.
“La soberbia intelectual dificulta la difusión cultural y obstaculiza la difusión de las ideas”. (Javier García)

México

Interesado por el universo de los intelectuales desde el thriller satírico El miedo a los animales, en el interior de Enrique Serna había interés por indagar en los orígenes de las actitudes de ese grupo de la sociedad frente a los demás, lo que dio origen al volumen Genealogía de la soberbia intelectual (Taurus, 2013), lo que define como un recorrido hasta las raíces del “poder cultural autoritario”.

“La soberbia es uno de los siete pecados capitales y, por lo tanto, se da entre gente de todos los oficios y de todas la profesiones, pero la soberbia intelectual tiene una peculiaridad: dificulta la difusión cultural y obstaculiza la difusión de las ideas, porque se supone que todos los hombres de letras deseamos acercarnos al hombre común para transmitirle ideas o emociones, pero cuando un escritor o un intelectual está obsesionado con reafirmar su superioridad ante el vulgo, entonces se produce un divorcio entre las élites y el público, que agranda el abismo entre la cultura popular y la alta cultura”.

A partir de ello, Serna se propuso rastrear cómo se gestó la soberbia intelectual desde la época de las castas divinas y de las religiones antiguas, hasta nuestros días, bajo el entendido de que una de las características de la soberbia intelectual es su astucia para disfrazarse. “Quise desnudar esos disfraces haciendo analogías entre épocas a veces muy remotas de la historia de la cultura con la manera de ser de los intelectuales contemporáneos”.

La indagación de Enrique Serna partió de otra pregunta: ¿por qué ese afán de excluir a las “castas inferiores” si se les considera que son prácticamente como animales?, pues nadie temería que un perro que estuviera detrás del intelectual se pusiera a hojear su libro, “en cambio estas castas que afirman su superioridad, al mismo tiempo quieren mantener a la gente fuera de sus cotos de poder espiritual o de poder cultural, porque en el fondo lo que temen es que los intrusos les arrebaten esos tesoros de conocimiento y la cultura se democratice”.

EL PODER CULTURAL

Ese sentimiento prevalece hasta la fecha. Ahora ya no hay estas castas sacerdotales que utilizan el argumento de autoridad para imponer sus dogmas, pero sí gente que emplea jerigonzas académicas impenetrables, lenguajes cifrados para ser traducidos por un pequeño grupo de iniciados, donde muchas veces se trasluce la falta de ideas.

“Me parece que lo que busca la soberbia intelectual es impedir que la gente común pueda fiscalizar si de verdad están aportando algo en sus áreas de conocimiento o si son charlatanes. La soberbia intelectual siempre existirá, porque siempre hay gente que quiere reafirmar su superioridad ante los demás y la única superioridad verdadera es la de quien ha sabido ganarse el respeto del público como maestro, porque le ha aportado algo”, enfatiza Enrique Serna, autor de libros como El seductor de la patria o Ternura caníbal.

Sin embargo, el escritor reconoce que tampoco se puede generalizar: en México no existe ni más ni menos soberbia que en otras partes del mundo; además, hay quienes nada más somos vanidosos: “Los vanidosos necesitamos la aprobación de los demás para saber si hemos acertado o hemos fallado con una obra, el soberbio ya está por encima de los demás, porque se califica a sí mismo: es autosuficiente.”

“En algunos casos, el poder cultural ha tenido una influencia benéfica sobre la sociedad. Pensemos en los enciclopedistas franceses, que creían que lo mejor de las ciencias, las humanidades y la literatura de su época podían llegar al hombre común; pero hay otro poder,  el del intelectual que a base de intrigas y grillas se acerca al poder político y económico, para tener una posición de supremacía.”

Y no sólo están los que buscan el poder, asegura Serna, porque también existen quienes conforman grupos para “solapar su mediocridad y buscar cotos de poder”, lo que considera se refleja en nuestro tiempo, cuando la burocracia cultural mexicana se guía por “las mismas marrullerías políticas que se practican en otros ámbitos de la burocracia, como el tráfico de favores, usar a los demás como trampolín y formar sociedades de elogios mutuos”.

“INTELIGENCIAS ENDIOSADAS”

-Cuando se refiere al intelectual, Enrique Serna no sólo habla del mundo de la cultura, sino también del académico, y pone como ejemplo la manera en que a partir de la Edad Media los profesores universitarios se rodearon de un boato que buscaba imitar al de la aristocracia, donde se origina la presencia de la toga y el birrete, incluso se ponían guantes de armiño.

“Desde esos muy remotos tiempos, los intelectuales han querido acercarse al poder político y económico, porque buscan mantener su posición de supremacía, pero cuando lo que busca de verdad es tener influencia mayor sobre la opinión pública o sobre la sociedad entonces se crea un espacio autónomo para de ese modo influir en la sociedad y asume una tarea educativa, consistente en disolver rebaños, en transformar a los borregos en individuos, el ideal educativo que tenía la paideia griega”.

Por eso, en Genealogía de la soberbia intelectual, Enrique Serna se ocupa de la filosofía, la ciencia política, la historia de las religiones y hasta la psicología para construir el tinglado de esas “inteligencias endiosadas”.


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Adelanto del libro "Genealogía de la soberbia intelectual" by MILENIODiario