Serenidad de una mente que se despide

Una de las grandes fascinaciones que ejercen los escritores es precisamente el buscar disociarlos de la voz que nos habla desde la letra impresa, e imaginar a la persona detrás de dicha voz.
Oliver Sacks, cronista imparcial y cálido.
Oliver Sacks, cronista imparcial y cálido. (Especial)

México

Hace unas semanas Oliver Sacks publicó una carta donde se despide del mundo como figura pública, pues anuncia que tiene un cáncer terminal de hígado. Una de las grandes fascinaciones que ejercen los escritores es precisamente el buscar disociarlos de la voz que nos habla desde la letra impresa, e imaginar a la persona detrás de dicha voz. En el caso de Sacks, como escritor ha dedicado miles de páginas a ser un cronista tan imparcial como cálido de una asombrosa gama de trastornos neurológicos, que producen en aquellos que los padecen los síntomas más variados. Entonces, es casi natural preguntarse cómo afrontaría Oliver Sacks su propia extinción. La respuesta es una mezcla de serenidad, inteligencia, realismo, buen humor e, increíblemente, incluso el particular tipo de esperanza que ha marcado sus escritos. No se trata de la esperanza sentimentalista que apela al milagro, ni tampoco a la resignación frente al sufrimiento, sino que nos encontramos frente a la esperanza propia de la pérdida: una constante en los libros de Sacks es que, incluso cuando el paciente sufre alguna pérdida irreparable, como la vista, la capacidad de ver colores, o cuando experimentan alucinaciones terroríficas o migrañas insoportables, siempre encuentra que el cerebro responde generando alguna ganancia secundaria, que a menudo incluso hace que los pacientes terminen por agradecer su nueva condición. Colocando ahora su propia vida bajo el microscopio, la certeza de la próxima muerte le produce a Oliver Sacks un estado de tranquilidad satisfecha, de distancia respecto a un mundo que pronto ya no será suyo (“No se trata de indiferencia sino de desapego; aún me importa mucho la situación en Medio Oriente, el cambio climático, la creciente desigualdad, pero ya no son asunto mío; pertenecen al futuro.), pero aún así no solo mira con satisfacción lo que ha sido su vida, sino que incluso encuentra la fortaleza para afirmar y disfrutar lo que le queda por hacer en los meses restantes.

En su libro Alucinaciones, Sacks cita un pasaje de William James en donde éste habla de una forma de conciencia que asemeja a la trascendencia mística, cuya “característica principal es siempre una reconciliación”. Con su infatigable mente secular, científica, literaria, mundana, Oliver Sacks ha llegado por su propia vía a un estado similar: “No puedo pretender que no tengo miedo. Pero mi sentimiento predominante es de gratitud. He amado y sido amado; he recibido mucho y dado algo a cambio; he leído y viajado y pensado y escrito. He tenido una relación íntima con el mundo, la relación íntima particular a los escritores y lectores”. Se va el pensador pero quedan sus libros, para que los lectores sigamos realizando un viaje antropológico a través de una de las mentes más fascinantes y originales de nuestros tiempos.