Se mantienen bellas a pesar del cáncer

María del Carmen Gómez, consultora de imagen, ayudó en el último año a una veintena de mujeres con tumores mamarios a mejorar su apariencia física después de la quimioterapia.

México

Bellas a pesar de la enfermedad. Este es el enfoque humano que, como consultora de imagen, María del Carmen Gómez aportó a su trabajo con pacientes diagnosticadas con cáncer de mama.

"Es la imagen aplicada a necesidades especiales para hacerlas sentir más cómodas, porque estas mujeres sufren cambios en el cabello, color de piel, resequedad y afectaciones en sus uñas", explicó Gómez a MILENIO.

No es una idea superflua ni vana. Es solo una propuesta que, en el último año, aplicó a una veintena de mujeres en tal circunstancia, con resultados satisfactorios; y no son las únicas, pues también como voluntaria impartió esta información en algunos talleres en el Centro Médico siglo XXI.

"Lo que pasa es que los médicos se enfocan a la salud y para ellos tal vez la imagen no es tan importante. Aunque hay estudios que demuestran que las mujeres que se sienten bien y se ven satisfechas con su imagen responden mejor a los cambios y tratamientos médicos", argumenta.

MUJERES EJEMPLARES

Margarita Rivera y Claudia Badillo son prueba de ello, pues pese a las quimioterapias y radiaciones a las que se someten en este momento, lucen maquilladas y arregladas; cada una a su estilo particular, con un elevado estado anímico y actitud positiva ante lo que venga.

"Yo he manifestado que soy más agresiva que el cáncer", declara sin tapujos Margarita, quien cumplió 41 años y recién el 15 de mayo pasado le detectaron la enfermedad oportunamente; su madre (una simpática mujer de más de 60) es su principal apoyo en todos estos meses en los que aprendieron a convivir con el vómito, la diarrea y el cansancio natural que genera el tratamiento.

Si por razones de trabajo ella estaba lejos, todas las mañanas llamaba para hacer una pregunta básica. "¡Hija! ¿Cómo amaneciste hoy? Mándame una foto de cómo estás ¿Ya te pintaste?".

Margarita ha pasado por cinco quimioterapias y tres cortes de pelo con los que renunció por voluntad propia a su larga cabellera, antes de que ésta cayera por si sola a consecuencia del tratamiento.

"Tuve una operación conservadora, pues no es lo mismo observar solo un seno o ninguno, que a Chana y a Juana juntas", dice refiriéndose a sus mamas a las que nombró así. "Ahora tengo una Chanita y una Juana", confiesa abiertamente, sonriendo y sin auto compadecerse.

"No salgo a la calle sin pintarme los labios", advierte. "Y siempre me ha gustado resaltar mis ojos aunque ya no hay pestañas ¡Pero no importa! Existen las postizas mientras llegan las nuevas".

Margarita desprende una energía especial porque —afirma— siempre ha pensado que lo primero es estar linda para sí, y después para los demás. "Es que el corazón es el único órgano que no se contagia de cáncer. Para salir adelante hay que ser fuerte, agresiva y bella", sostuvo.

DEPRESIÓN, PEOR QUE EL TUMOR

"Es verdad", sentencia la consultora y enlista ejemplos. "Para muchas pacientes la caída del cabello es peor que la propia enfermedad o que el perder una mano o pierna. Y cuando llega el momento en que duele mucho el cuero cabelludo o hay mucha comezón, es necesario raparse".

Por eso Gómez enseña a estas mujeres a producirse de acuerdo a sus nuevas características: aceites para la piel que contrarresten la resequedad, coloridos gloss de labios para evitar que luzcan partidos y escamosos.

Sombras color café para delinear cejas y ojos (aunque éstas luzcan incompletas por la caída de pestañas) y rubores que realcen la palidez del rostro. El toque final: una sonrisa sincera.

Con o sin peluca, los rostros de las pacientes cobran vida mediante pañoletas y mascadas que se transforman en moños, nudos, puntas torcidas y cruzados que hacen de una cabeza calva, una cabeza fashion.

"Muchas no compran estas cosas, sienten que ante el tratamientos y los medicamentos sería un gasto superfluo. Pero es increíble cómo unos lentes, collares y aretes grandes pueden levantar el ánimo al traer una mascada, como una forma de darle privacidad a su enfermedad y andar en la calle guapas sin recibir la lástima de nadie".

En el área de quimioterapia, Claudia Badillo (veracruzana de 46 años, paciente del Hospital General) anima a las demás con sus mejillas rosas y largas pestañas postizas.

"¡A mí no me duele nada! He tomado 16 quimios y 28 radiaciones. Cuando hace un año recibí la noticia del cáncer reaccioné tranquila, a lo mejor porque no sabía qué es. ¡Chingue su madre el diablo! La vida sigue y a mí esta enfermedad no me va a manejar", sentenció ante la posibilidad de sufrir una mastectomía.

¿Llorar? No está entre sus opciones. "Y si me quitan ésta y ésta (señala refiriéndose a sus mamas) no por eso voy a dejar de ser mujer ¡Porque soy mucha mujer!", resaltó.

Amorosa, comparte su mejor receta con las compañeras de pabellón. "¡Arréglense chicas! No se caigan ¡Hay que vernos hermosas! No piensen en que se van a morir sino en que tienen que vivir", les dice.

"Sí, puede haber quien diga: '¿Para qué me arreglo si lo que importa es la salud?'. Pero van de la mano porque la actitud es diferente si estoy arreglada, que sin arreglar. Yo lo que hago es quitarle el ego a la imagen, para ponerle corazón y autoestima", concluyó Gómez.