"Seguimos detrás de lo diferente": Daniel Divinsky

El fundador de Ediciones de la Flor considera que se está diluyendo la figura del editor porque está sometido a la tiranía del mercado.
Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de la Flor
Daniel Divinsky, fundador de Ediciones de la Flor (Cortesía)

Cartagena, Colombia

De entre los pocos editores legendarios que nos quedan en América Latina, sobresale en Argentina el nombre de Daniel Divinsky. Si bien a él le incomodaría esta presentación —en su modestia diría que solo ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido—, lo cierto es que su desempeño refleja mucho de lo que se ha perdido en el campo de la edición: curiosidad, elección libre y buen juicio.

Fue con estos valores, en parte, como pudo fundar en 1967 Ediciones de la Flor, un proyecto que Pirí Lugones, nieta del poeta Leopoldo Lugones, describiría inicialmente como "una flor de editorial. Y eso fue lo que crearon primero Daniel y poco más tarde su pareja, Ana María Kuki Miller: un sello reconocido dentro y fuera de Argentina por haber dado a conocer a Mafalda, Fontanarrosa y Maitena, entre otros humoristas gráficos, pero también a un escritor fundamental: Rodolfo Walsh.

Así, a sus más de 70 años, Divinsky es uno de los más entusiastas participantes de ferias y encuentros como el Hay Festival de Cartagena, donde MILENIO tuvo oportunidad de conversar con él.

¿De qué modo defines tu ejercicio como editor?

En varias vertientes, pero la fundamental es que seguimos detrás de lo diferente; el día que perdamos esa inquietud tendremos que dejar la editorial. Yo la empecé cuando era muy joven, pero sigo teniendo curiosidad y, en mi caso, mi curiosidad siempre superaba a mi profundidad. Y es así como ahora, por ejemplo, encontramos humoristas gráficos que están en las redes sociales y que no publican en ningún otro medio, pero que tienen ya miles de seguidores...

¿Estamos ante un fenómeno nuevo?

Inmensamente nuevo. En el colmo de la innovación estamos por publicar un libro con base en un Twitter muy exitoso, El topo erudito, que es un filósofo que publica aforismos en castellano y en inglés, y que tiene un número de seguidores impresionante. Así que mientras sigamos curioseando, ten la seguridad de que podremos subsistir.

Pero no siempre todo es publicable...

Claro que no, ahí está la decisión editorial: transportar de ese mercado abierto y libre, como son las redes, a un producto que puede ser un impreso en papel o un libro digital, exige de la decisión del editor, que invierte en ese proceso de selección.

¿Las grandes editoriales no ven en esto una forma más fácil, digamos apetecible, para realizar sus negocios?

Hay estructuras muy formalizadas que se mantienen en los grandes grupos. Pero la innovación yo la veo posible sobre todo en las editoriales pequeñas o chicas, donde el dueño decide y no tiene que consultar con una junta directiva o los accionistas. Ahí es más fácil experimentar.

¿Se está diluyendo la figura del editor?

Sí, porque está sometido a la tiranía del mercado. Por más ilustrado e ingenioso que sea un director literario, no puede proponer en un grupo editorial grande obras de difícil venta. Está obligado a jugar a lo seguro y eso lo limita muchísimo. Es un empleado.


¿Qué significa Mafalda para ti 50 años después?

Es el secreto de la supervivencia de Ediciones de la Flor: que una editorial independiente, con capital acotado, haya sobrevivido 47 años, con un periodo intermedio en el que sus dueños estuvieron presos más de cuatro meses durante la dictadura militar, y luego seis años de exilio, manejando la editorial por carta —porque no había ya no digamos correo electrónico sino ni siquiera fax— o llamando por teléfono durante horas de espera, no hubiera sido posible sin la fidelidad de Quino, que permaneció publicando en la editorial.
Y aquí hay que recordar que nosotros no dimos con Mafalda, fue al revés: los primeros volúmenes ya los había publicado Jorge Álvarez, cuya editorial empezó a tener serias dificultades financieras. Al dejar de pagar sus derechos a Quino, y como yo era abogado, Quino nos buscó para que lo asesoráramos; pero como también teníamos una relación afectiva con Álvarez, lo derivamos a otro abogado. Al final hubo un acuerdo, pero fue entonces que Quino nos planteó que Ediciones de la Flor publicara Mafalda. Fue de él la idea, nos tenía mucha confianza. Después se probó que tomó una decisión acertada.

¿Entrarán a la corriente del libro digital?

No nos gusta demasiado, pero no podemos decir "ese animal no existe". Por eso estamos considerando dos propuestas, una de Amazon y otra de Baja Libros, que nos ofrecen buenas condiciones. Vamos a empezar en el curso de este año, sin gran entusiasmo, pero tampoco negando la realidad.

¿Qué otro reto ves para tu editorial en el futuro?

Pues plantea un problema biológico: los dueños ya somos grandes y solo tenemos un hijo en común, que es músico y que no se interesa en absoluto por la actividad editorial, con lo que el problema de la sucesión se plantea más fuerte que en algunas monarquías.