Sebastian, el decorador de espacios públicos

Para el escultor chihuahuense no es suficiente tener talento y técnica, sino que un artista de nuestro tiempo debe saber venderse.
Nació en Camargo, Chihuahua, en 1947, lugar de cuyo paisaje obtuvo inspiración.
Nació en Camargo, Chihuahua, en 1947, lugar de cuyo paisaje obtuvo inspiración. (Claudia Guadarrama)

México

“Sin temor a equivocarme, soy el escultor con el mayor número de obras en espacios públicos”, dice Enrique Carbajal, Sebastian, artista que ha colocado más de 200 esculturas monumentales en dichos espacios; una cuarta parte de ellas se encuentra majestuosamente erigida en 20 diferentes países.

Casi de las mismas dimensiones son las polémicas que despierta la obra de este artista; baste recordar la que aún protagoniza La cabeza de caballo, en el cruce de Reforma y Eje 1 Poniente. “Me acuerdo lo que sucedió con mi obra: se suscitó una polémica, con opiniones a favor y en contra. Todavía a muchos mexicanos no les gusta”, dice.

La cantidad y visibilidad de las obras es otra de las vertientes del dilema. Guillermo Sheridan escribió (“Lo mega es cultura”, Letras Libres, núm. 168, diciembre de 2012) que las esculturas monumentales que hay en el país representan “un monopolio del ojo patrio: 99% de los mexicanos mira al menos una escultura de Sebastian al día”.

Carbajal sonríe discretamente cuando se le pregunta acerca de estas críticas: “¿Cuánto es mucho?”. Y reflexiona: “Mi trabajo, como el de cualquier artista, es producir. No se le puede pedir a un artista que pare; eso es como matarlo y sería fascismo. Si el artista tiene la capacidad de conseguir el espacio urbano para que ponga su obra ahí, que haya más artistas y que México se llene de obra. Eso tiene sentido por nuestra tradición de grandes productores de arte. ¿Cómo que ya hay muchas? ¿Quién dijo que en Florencia hay muchos Donatellos?”.

Nacido en Camargo, Chihuahua, en 1947, los paisajes norteños, dice, inspiraron esa búsqueda de lo majestuoso: “Aquel paisaje muy emocional, su luz, su colorido, sus tormentas, sus vientos… Ahí todo es fuerte, grande.

“Pero, además, desde su origen el hombre ha tenido la necesidad de íconos y generalmente son monumentales. Tenemos obeliscos, arcos, puertas: están la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo de París, la Columna de Trajano. Todo corresponde a una necesidad humana de dejar un hito que se volverá ícono”.

En el libro Sebastian escultor, coordinado por Héctor Tajonar Loyola y presentado en 2011, Carlos Fuentes escribió: “Inventar, convocar y mostrar el lenguaje es, supremamente, la tarea del artista. Uno de los lenguajes posibles se llama geometría, que en primera instancia es algo invisible por el hecho de que es inexistente. Es el lenguaje de Sebastian, portador de toda la realidad de un tiempo y un espacio relativos”.

En otro sentido, Sebastian es un hombre de su tiempo: ha logrado comprender que no es suficiente con crear sino que es importante gestionar la venta y la difusión de su obra. La estrategia comenzó cuando adoptó el seudónimo Sebastian, en el que vio la palabra perfecta para una marca porque es armoniosa, comprensible en diferentes idiomas y contundente.

“Es —dice— fundamental para los artistas de nuestro tiempo ser verdaderamente de nuestra época, y venderse —en el buen sentido de la palabra— como casi todo en nuestra época. Estamos en un capitalismo cuyas condiciones son así. No podemos producir y dejar que todo se lo lleve uno más vivo; los artistas también somos profesionales y debemos cobrar como un ingeniero o cualquier profesionista.

“En la actualidad los artistas no solo deben contar con talento y técnica, sino que deben concebirse como profesionales, prepararse como tales y tener una estrategia para darse a conocer. Hay estrategias como cantidad de personas diferentes: hay quienes actúan ocultos, como Toledo, u otros como José Luis Cuevas, quien en su momento hacía muchas cosas para llamar la atención. Se trata de competir y alcanzar un nivel universal con dignidad”.

Como el mismo Sheridan planteó en su artículo mencionado, “Sebastian logró algo insólito: convirtió la escultura abstracta no solo en arte popular, sino en la expresión plástica mexicana por excelencia”.

Posiblemente haya de por medio otra conquista: que la clase política se interese en su escultura para embellecer los espacios públicos. “¿Esto es gracias a sus ligas políticas?”, se le cuestiona.

Nuevamente sonríe: “No hay una liga o relación más que una habilidad de buen negociador, porque no trabajo con un partido político, trabajo con todos; he hecho obras para el PAN, el PRI y el PRD. Pero también he hecho obra para Japón, ¿ahí qué relación política puedo tener?, ¿ahí cómo puedo gestionar y engañar a un país de primer mundo para que acepte y ponga mi obra? De todas maneras, si tuviera esa capacidad denme crédito de cierta genialidad, ¿no?”.

Obra para el mundo

Sebastian tiene una vocación constructiva que, alimentada por los principios del arte cinético, se expresó inicialmente en la creación de esculturas transformables o desdoblables.

Su obra monumental se encuentra en ciudades como Kingston, Buenos Aires, La  Habana, Montevideo y Río de Janeiro, Albuquerque, Denver, Englewood y Nueva York en Estados Unidos. En Europa, hay piezas suyas en Berna y en Islandia.

En el Oriente la escultura de Sebastian ha tenido una excepcional aceptación, y diversas ciudades japonesas, como Hakone, Nagoya y Osaka, poseen esculturas monumentales de su autoría.

El artista chihuahuense ha recibido premios como el Superior Prize, que le otorgó el Hakone Open Air Museum de Japón dentro del Concurso en Homenaje a Henry Moore; el de Bronce de la Ashi Broadcasting Corporation de Osaka; el del Jurado de la Trienal Internacional Gráfica de Noruega; el Gran Premio de Oro del concurso ORC-City, también de Osaka, y, en el ámbito de la pintura, el Mainichi de la Trienal de Pintura de la misma ciudad japonesa, entre otros.

El escultor también es miembro del World Arts Forum Council; también es investigador de tiempo completo de la UNAM, miembro del Consejo Consultivo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y beneficiario del Sistema Nacional de Creadores 1994-1996.

Además es miembro de número de las academias de artes de Holanda y de México, así como del Instituto Mexicano de Cultura. A lo largo de su carrera ha recibido el nombramiento de doctor honoris causa de 6 prestigiosas universidades.

Árbol de la vida

Más de 30 minutos ha invertido Sebastian en explicar las fuerzas que actúan al interior de una escultura monumental. Algo sucede con los seis colaboradores que se miran unos a otros y deliberan como un consejo masculino alrededor del fuego, aunque aquí es alrededor de la maqueta a escala de una escultura monumental.

La escena se desarrolla en el patio de la Fundación Sebastian, antes de que el artista conceda una entrevista a MILENIO, y representa una oportunidad para observar un proceso de creación, que no solo depende del talento del artista sino, como en este caso, del equipo que ejecuta la obra.

Pasado el tiempo, el artista recurre a una especie de actuación: extiende sus poderosos brazos que rematan en un par de manazas morenas. La base debe ser pesada, firme, de lo contrario terminará por pandearse y los costados se doblarán, trayéndose consigo la parte alta.

Es una sesión de trabajo en la que se proyecta un Árbol de la vida que, junto con La puerta de Metepec, son las esculturas que este municipio mexiquense ha solicitado a Enrique Carbajal para colocarlas en el Jardín Lineal, proyecto que correrá a lo largo del camellón de la avenida Pino Suárez y que será inaugurado en octubre próximo.

El Árbol de la vida tendrá 22 metros de altura; en el piso de arriba tendrá árboles reales con nutridos follajes, un piso con una tienda para vender artesanías, un piso con un museo y otro piso más para un mirador.

La puerta de Metepec será de 20 metros de altura por 17 de ancho, con un peso de 170 toneladas de acero, material que será acompañado de 32 obras de arte en barro, elaboradas por 16 maestros del arte popular.

El Jardín Líneal, proyecto de la presidenta municipal, Carolina Monroy del Mazo, es una obra de 3.3 kilómetros que tiene un enfoque medioambiental y cultural, cuya primera etapa de la obra civil costará 25 millones de pesos.



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