Sara Poot, una mirada binacional del español

La investigadora de la Universidad de California en Santa Bárbara ingresará mañana a la Academia Mexicana de la Lengua.
“Por una parte siento que debo responder a Yucatán y, por otra, estoy en una comunidad chicana”.
“Por una parte siento que debo responder a Yucatán y, por otra, estoy en una comunidad chicana”. (Sara Escobar)

México

La relación personal de Sara Poot Herrera con Yucatán es muy estrecha, pero al mismo tiempo desde hace varios años vive de una cercanía académica con Estados Unidos como catedrática e investigadora de la Universidad de California en Santa  Bárbara.

Son circunstancias que estarán reflejadas en sus acciones al interior de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), a la cual ingresará como miembro correspondiente de Yucatán, en una ceremonia a desarrollarse mañana en la Universidad del Claustro de Sor Juana.

La Academia Mexicana de la Lengua está integrada por 36 académicos de número y 36 correspondientes.

“Me siento muy contenta. He asistido a algunas reuniones de la academia, me gusta mucho lo que ahí se dice, el respeto que se tiene, las consultas que se atienden. Y me gusta mucho que haya diferentes perspectivas en cuanto al canon: en lo personal siento la responsabilidad, pero ya se me quitó el susto de cuando me nombraron”.

La especialista en literatura novohispana y mexicana contemporánea fue electa el pasado 23 de enero de 2014, a propuesta de los académicos Margo Glantz, Fernando Serrano Migallón y Javier Garciadiego, en reconocimiento a sus aportaciones al mundo de las letras y su trabajo permanente en la difusión de la cultura mexicana más allá de nuestras fronteras.

“Por una parte siento que debo responder a Yucatán y, por otra, estoy en una comunidad chicana, de espanglish, con algunos alumnos que ni siquiera tienen documentos. Entonces siento que puedo considerar las dos partes y tener la posibilidad de decir algo cuando venga a la academia”.

En entrevista con MILENIO, Poot Herrera reconoce que la experiencia universitaria ha sido fundamental en su perspectiva literaria: pertenece a un lugar donde cada quien puede decir lo que quiera, hay diferentes ideologías, aunque domina una conciencia democrática: “Tiene ya la etiqueta de servicios a una comunidad hispánica y, al mismo tiempo, hay siete premios Nobel entre los académicos. “Las diferentes perspectivas nos llevan a acomodarnos de otra manera. Tengo alumnos que trabajan de noche limpiando pisos, en la mañana atienden la cafetería y en la tarde todos estudian. Eso, sin duda, debe ser  compartido a ambos lados de la frontera”.

Lengua de ida y vuelta

Considerada una de las especialistas más reconocidas de la vida y la obra de sor Juana Inés de la Cruz, esta figura no podía estar ausente de su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua. Es un ejemplo
de que, más allá de los problemas que pueda enfrentar una sociedad, siempre hay otras cosas que se pueden contar de ella.

“Sor Juana vivió en su tiempo la violencia, pero lo que trasciende de ella no es la violencia sino su genio. Entonces se trata de entrar con un discurso distinto, buscando, por ejemplo, que en Esados Unidos no solo se piense que México es la violencia, la muerte y las drogas, sino que hay una parte de cultura muy importante. Si no creyéramos en eso no estaríamos en la universidad, en el periodismo, en la academia, con los estudiantes”, asegura.

Durante la charla, la investigadora recuerda un artículo de Elena Poniatowska titulado “Puentes de ida y vuelta”, una idea que la refleja a ella misma, porque resulta muy cómodo estar fuera de México, pero al mismo tiempo estar  cerca del país, en especial de Yucatán, y de una de sus figuras emblemáticas, como lo es sor Juana, una personalidad que será parte de sus trabajos al interior de la institución.

“Escribió en sus ratos libres, pero llevó la economía del convento, y fue prestamista, lo que nos permitiría saber cómo era la economía de la época, cómo funcionaban los banqueros. Su personalidad va más allá de haber sido escritora. Es una voz muy importante”, explica Poot Herrera.

Mover una institución canónica

La investigadora pasa gran parte de su tiempo en el campus universitario en Santa Bárbara, California, pero viene muy seguido a Yucatán, de ahí que se le haya invitado como miembro correspondiente de la academia en aquella entidad.

“Hay una reunión cada 15 días, en la que se ofrecen asesorías, y uno pertenece a comisiones. Aparecen proyectos y uno se anota en ellos, no solo desde la lengua sino desde la cultura. Busco seguir haciendo lo mismo, pero pensando que tengo un compromiso más, dentro de una institución canónica que se tiene que mover”, dice Sara Poot Herrera, quien reconoce, sin embargo, que la Academia Mexicana de la Lengua se mueve distinto en los últimos años, gracias a tanta gente que ha entrado con ideas innovadoras.

“Es una academia que se abre, en la que se discute. Es una academia que se tiene que mover y escuchar la lengua de la calle, y considerar lo popular y lo oficial, considerar al otro, la civilidad del respeto al otro”.